Miedo en niños

El miedo es beneficioso para el desarrollo del niño: ¿cómo hacerle frente?

‘A los cinco años, el cerebro del niño no es capaz de distinguir si lo que hay en su imaginación es real del todo o no y, claro, aparece el miedo’. ¿Cómo ayudarle a superar el miedo por etapas?

Alegría, tristeza, enfado, asco y miedo. Todos estamos familiarizados con las emociones básicas. Películas, cuentos, muñecos… cada día hay más oportunidades para que los niños y niñas conozcan y comprendan cuáles son las emociones, cómo les hacen sentir y cómo manejarlas.

el miedo es necesario en el desarrollo infantil
Fuente: iStock

Pero cuando es el adulto el que tiene que ayudar a la niña o niño a gestionarlas, no resulta tan sencillo. Ojalá pudiéramos calmar sus emociones con un simple: “Recuerda qué hace la tortuguita del libro cuando se enfada”.

Como ya sabemos, ni existe un manual de instrucciones sobre la infancia, ni los adultos a veces somos capaces de descifrar el lenguaje infantil. Con frecuencia parece que hablamos en idiomas diferentes. Afortunadamente, cada vez tenemos a nuestro alcance más información sobre como acompañarlos en el enfado o la tristeza, lo cual sin duda hace que la gestión de estas emociones sea más llevadera.

¿Qué ocurre cuando nuestros hijos o hijas tienen miedo?

Pongámonos en situación: son las 12 de la noche, nuestro hijo o hija de cinco años duerme en su habitación. Nosotros nos disponemos a irnos a la cama después de un día que parecía que no iba a terminar nunca. Cuando estamos a punto de dejarnos llevar por el sueño, escuchamos una vocecilla al otro lado de la puerta: “tengo miedo… no puedo dormir…”.

¡Millones de ideas se pasan por nuestra cabeza!: Pero si ya estaba dormido… ¿no podría haberlo dicho antes?, ¿me está tomando el pelo?, justo hoy, que estoy agotado de todo el día. ¿Cómo va a tener miedo? Si tiene a su peluche y la luz de noche encendida. ¿Miedo? ¿Miedo a qué? Lo que quiere es dormir conmigo, ya está manipulándome

Si nos dejamos llevar por todos estos pensamientos, lo más probable es que terminemos mandándolo de vuelta a la cama, y diciéndole que no hay nada que temer. “Mira, en tu armario no hay nada, ¡ya sabes que los monstruos no existen!, vamos a dormir que estamos (estoy) muy cansados, no hay más que hablar”.

Rebobinemos un momento, hagamos una pausa para comprender qué ocurre en la mente del cerebro de 5 años cuando tiene miedo por la noche.

Cualquier niño o niña de esa edad, sabe acerca de las emociones básicas, las reconoce y tiene, como decíamos, a su alcance muchos recursos para familiarizarse con ellas. De acuerdo, la teoría la conoce. Sabe que los monstruos existen en las películas o los cuentos, no debajo de su cama. En cambio, cuando llega la noche, su capacidad de razonamiento parece ser inundada por un “y si… ¿y si esto que no veo está plagado de monstruos?”.

Parémonos a pensar. Que levante la mano aquel adulto que al llegar a la cama no ha pasado más de una noche en vela pensando en preocupaciones relacionadas con el trabajo, la economía familiar o los conflictos con personas cercanas. De acuerdo, si, quizás una o dos personas en la sala tienen la capacidad de cerrar los ojos y caer profundamente dormidas. ¿Pero, no os sentís identificados con esta viñeta? La noche pone de manifiesto nuestros temores, las preocupaciones que dejamos de lado durante el día emergen de la oscuridad, como ese monstruo que nuestra hija cree que habita bajo su cama.

El miedo es un proceso evolutivo necesario en los niños

¿Cuál es la diferencia? Que, a los cinco años, el cerebro infantil no es capaz de diferenciar si lo que hay en su imaginación es real del todo o no. Si el Ratón Pérez existe, aunque no lo haya visto nunca, ¿cómo es posible que el monstruo que verdaderamente siento bajo mi cama no sea real?

Sumémosle otro factor decisivo en el desarrollo en la infancia: los miedos evolutivos. El miedo conforma un sistema de alarma, que ayuda al ser humano ante potenciales situaciones peligrosas. Por tanto, si nuestros hijos tienen miedos, podemos quedarnos tranquilos, esto forma parte del desarrollo infantil. Cuando existe un temor, se activa el mecanismo cerebral de alarma, y este pone en marcha los recursos que conoce: llamar a mamá o papá.

Pero… ¿justo ahora? ¿es que no se da cuenta de lo cansado que estoy? Siento decirte que no, un cerebro de 5 años asustado no es capaz de anteponer tu descanso al pánico que siente por el monstruo bajo su cama. Es más, necesita de una figura de seguridad (mamá o papá), para calmarse.

Pregúntate por un momento, qué prefieres: que tu hijo o hija crezca con la certeza de que si está preocupado o temeroso, tendrá que apañárselas por sí mismo, o que sin duda, puede confiar en otro, porque merece ser cuidado y protegido. Ahora son los monstruos bajo la cama, pero a los 7 será el miedo a que a algún ser querido enferme, a los 14 serán los amigos, y a los 17 las dudas hacia el futuro. Como responsables del cuidado emocional de los niños y niñas, nos encontraremos por diferentes etapas durante las que, si en los años más tempranos estamos disponibles, nuestros hijos contarán con nosotros para acompañarles.

La única vía para que los miedos en la infancia se resuelvan es dándoles espacio, acompañándolos y ofreciendo un espacio de seguridad. A fin de cuentas, monstruos, en la vida, hay muchos, pero tener la certeza de que podemos enfrentarlos de la mano de otro nos hará más valientes que si creemos que sólo nos tenemos a nosotros mismos.

 

Artículo elaborado por Blanca Santos, psicoterapeuta infantojuvenil y familiar de Psicólogos Pozuelo y profesora en la la Universidad CEU San Pablo

Continúa leyendo