Cómo solucionarlo

Niños adictos al móvil: ¿qué estamos haciendo mal?

No es fácil detectar que un adolescente está enganchado al teléfono o que lo usa de forma abusiva, pero se pueden aplicar estrategias preventivas para que no se dé un problema como este.

Si eres laxo con respecto a las recomendaciones de los expertos con respecto al uso de dispositivos electrónicos por parte de los menores y dejas que tus hijos los usen con relativa frecuencia, no es fácil saber dónde está el límite. ¿En qué momento se cruza el límite en el que se pueden considerar adictivas las pantallas?

Llegar a este punto es complicado en la infancia porque los niños tienen más restricciones a la hora de acceder a la tecnología. De hecho, es el teléfono móvil el que genera más dependencia y, en general, no suelen disponer de uno propio los niños pequeños, si bien la edad media en la que se tiene el primer móvil cada vez es más baja. 

Más allá de que este último indicador no hable demasiado bien de cómo estamos ejerciendo la paternidad en relación a la educación digital de nuestros hijos, el problema se agrava en la adolescencia, cuando ya sí tienen los menores acceso a un móvil propio. Hay encuestas que estiman que la mitad de los adolescentes norteamericanos son adictos al móvil, y casi el 80% del total reconoce consultarlo al menos una vez cada hora. 

Estos datos son perfectamente extrapolables a la población adolescente de cualquier país occidental, como es el caso de España. No hace falta más que darse un paseo por un parque y ver cómo se relacionan ahora los jóvenes: siguen juntándose, pero no es de extrañar ver a un grupo amplio todos consultando sus teléfonos al mismo tiempo en vez de interactuando entre ellos sin tecnología de por medio. 

Marcar los límites

No hay duda, y hasta muchos expertos lo reconocen, en la utilidad positiva de los smartphones durante la adolescencia. De la tecnología en general. Ellos la usan para relacionarse y hay momentos en los que tiene un impacto superpositivo. La pandemia ha sido un buen ejemplo en este sentido. Sin embargo, todo tiene un límite, y hay un porcentaje elevado de jóvenes que es incapaz de autorregular el uso del teléfono móvil. Por eso es necesaria la ayuda de los adultos de la casa. 

No es fácil conseguir que un adolescente se desenganche del móvil. No vamos a engañar a nadie porque sabiendo de antemano la magnitud de un reto es más eficaz la forma de afrontarlo. 

Es ideal, por supuesto, crear hábitos familiares saludables desde la infancia porque será más sencillo mantenerlos durante la adolescencia. Pero siempre se pueden construir de cero, por mucho esfuerzo que conlleve. Y es que resulta imprescindible fomentar rutinas en familia de calidad, en las que los móviles queden a un lado. También los de los adultos, por supuesto. 

Dar ejemplo, de hecho, es otra manera eficaz de ayudar a tu hijo a que se separe un poco de su móvil. No se aceptan igual los consejos de alguien que demuestra aquello que recomienda con su actitud que los de alguien que pretende imponer algo con lo que él o ella mismo no cumplen. Esta ley no escrita sirve en cualquier etapa del crecimiento de un hijo. 

También es recomendable fomentar los intereses culturales y deportivos en los adolescentes para que, por gusto y no por obligación, tengan intereses que les alejen de las pantallas durante al menos un par de horas cada tarde. Las extraescolares, unido al horario escolar, en el que apenas se usan los móviles en los recreos, garantizan que entre semana el adolescente dispondrá de un tiempo limitado de acceso a su smartphone. 

¿Cuándo se considera adicción?

No es sencillo, de todos modos, saber si un menor está haciendo uso abusivo del móvil. Sí en lo que a la cantidad se refiere porque se nota a simple vista si le dedica demasiadas horas al aparato en cuestión. Pero no en la forma en la que lo utiliza. 

Para ello, es importante prestar atención a los cambios de comportamiento brusco, a síntomas como la ansiedad y la irritabilidad, a cómo se relaciona y si el uso del móvil puede haber reducido dicha actividad social, o a si está afectando a sus tareas rutinarias, como el sueño. Incluso si descuida su higiene puede ser un indicativo de adicción al móvil según los expertos en la materia. Otro síntoma preocupante pero muy eficaz para detectar el problema es apreciar si el adolescente se esconde a menudo para usar el teléfono o si recurre a no decir la verdad con asiduidad al ser consultado sobre ello. 

En cualquier caso, tanto si el problema es una realidad como si tu hijo sí hace un uso responsable y controlado del móvil -puede que mañana cambie la situación-, es imprescindible dar ejemplo y limitar el uso mediante algunas normas familiares que siempre serán mucho más efectivas si se aplican para todos los miembros de la casa. 

Y, sobre todo, es imprescindible recurrir a la comunicación fluida y a la paciencia para intentar revertir la situación a través de la palabra, sin necesidad de ser autoritario ni aplicar castigos. A veces es más importante entender por qué ocurre el problema que no intentar cortar por lo sano sin bajar a la raíz de la cuestión. 

Continúa leyendo