Educación del niño

Niños asertivos que piensan lo que dicen, no dicen lo que piensan

Si queremos que nuestros hijos e hijas sean asertivos entre ellos, tenemos que favorecer su inteligencia emocional.

La inteligencia emocional la podemos definir de forma sencilla como la capacidad de reconocer, aceptar y gestionar nuestra propia dimensión emocional para ponerla a nuestro servicio y conseguir al mismo tiempo nuestros objetivos pudiendo construir relaciones saludables con los demás.

Niños asertivos
Foto: Istock

Si queremos que nuestros hijos e hijas sean asertivos entre ellos, tenemos que favorecer su inteligencia emocional y cómo no, la nuestra también, porque desde esta inteligencia no se puede no ser asertivo.

En los últimos años hemos observado que los niños en general se tratan de forma despectiva, el problema no es que unos insulten a otros sino que se insultan como algo normalizado, es su forma de hablarse, se llamarse, quizás por la influencia de algunos youtuber que siguen (no los señalo como los culpables sino valoro posibles causas), quizás porque los padres tampoco les damos un buen ejemplo cuando vamos en el coche y se nos cruza alguien, quizás porque muchos adultos se permiten hablar todo lo mal que nos les permitieron hablar de niños y otras posibles causas.

La asertividad no es sólo expresar lo que pensamos, defender un derecho, argumentar una idea o aportar una opinión sin faltar al respeto, también es que nos importe cómo le va a sentar a la otra persona nuestro mensaje porque el amor y la empatía tienen que acompañar nuestra asertividad y sobre todo las palabras tienen que estar cubiertas de amabilidad. No es fácil, pero se aprende, si como adultos muchas veces dudamos, “le digo o no le digo, se lo digo ahora o después”, etc. Imagina lo difícil que es para los niños cuidar sus palabras, ser conscientes del impacto que tienen en los demás o entender que hay algunas opiniones que hay que guardar o decidir no dar en algunos espacios.

Los niños dicen lo que piensan y no piensan lo que dicen, puedes estar en una comida familiar y escuchar como un niño dice “qué asco de comida, no me gusta la pinta que tiene…” por ejemplo. En ese momento vemos claramente una falta de asertividad, quizás podría decir “no me apetece comer ese pescado” y guardar para sí mismo el comentario “no me gusta su pinta”. Pero claro, los niños son espontáneos, no tienen filtro, no quieren ofender simplemente son transparentes y es genial que así sea, aún así alguien les tendrá que decir que puede expresar lo mismo de otra manera más asertiva.

Asertividad en niños
Foto: Istock

Aquí es donde muchas veces perdemos la oportunidad de influir positivamente en ellos, porque se ponen en marcha nuestros juicios, interpretamos la conducta como inadecuada y si somos los padres puede que nos sintamos cuestionados por el “qué dirán” y actuemos desde un enfado no regulado reaccionando de mala manera, porque las habilidades sociales no se pueden enseñar desde la rabia.

¿Hay que corregir? Sí, siempre, hacerlo es una responsabilidad, ¿hay que violentar a través de la corrección? Nunca, siempre se tienen que generar experiencias positivas, aquí os pongo unos ejemplos de cómo hacerlo con humor, respeto y amor:

  • Hijo, me ha quedado claro que la comida de hoy no es de tu gusto, es cierto que su olor es fuerte, pero tiene buen sabor, ¿quieres probar?
  • Hija, es posible que no tenga muy buena pinta, pero el arroz negro tiene este color y quizás si lo pruebas descubras tu plato favorito.
  • Hijo, hoy parece que no es tu día, la comida no te apetece, no hay la bebida que te gusta y encima pensabas que venía tu primo y al final no viene.

Mi recomendación siempre es que aproveches momentos del día a día para influir positivamente en tus hijos, nadie piensa que eres un mal padre y si lo piensa es libre de pensarlo, pero lo importante es que tú no lo creas. Educar es tener un plan de acción, saber a dónde quieres llegar y por qué camino quieres hacerlo, es decir, que tus hijos maduren pero que para lograrlo no lastimemos su autoestima.

No pierdas la esperanza, no pierdas la oportunidad de dar ejemplo, no desaproveches las oportunidades que te ofrece la convivencia para enseñar, corregir, disciplinar, motivar, influir y transmitir que crees en ellos y que nada de lo que hacen mientras se desarrollan es tan grave como para justificar la pérdida de nuestro cariño.

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