Consejos para el día a día

Niños habladores: cómo ayudarles a gestionar su energía

¿Sientes que tu hijo "habla mucho" y tiene muchísima energía? Evidentemente, no es malo, y al contrario de lo que piensas, probablemente no hable mucho. Mejor dicho, es un niño inquieto al que le encanta expresarse hablando, y lo ideal es saber cómo gestionar y afrontar tanta energía.

Si solías hablar mucho en clase, ya sea cuando eras pequeño/a en el colegio o cuando estabas en el instituto, es bastante probable que recuerdes esa situación en la que te mandaban a callar en medio de una explicación del maestro, dejándote con la palabra en la boca. Y dependiendo de cómo te lo pidieran, tal vez te causara un poco de vergüenza…

También puede ocurrir que, ahora, sea tu hijo/a el que habla “demasiado”, y vuelva a casa con notas de la escuela sobre su charla incesante. Quizá le encante socializar tanto que se apresure a acabar su trabajo de clase pronto para charlar inmediatamente con sus amigos, y la maestra o maestro acabe sentándolo junto a ella, o darle proyectos adicionales para evitar interrupciones.

Lo cierto es que, como opinan muchos expertos, en realidad los niños habladores -o que tienen mucho que decir, en definitiva-, a menudo tienden a tener grandes cualidades. No solo suelen ser muy amigables, sino que también son brillantes, inteligentes y extrovertidos

Sin embargo, en ocasiones, esa charla incesante puede convertirse en un problema, especialmente cuando pueden tener dificultades para estar callados, escuchar, o son propensos a interrumpir a los demás. 

Sea como fuere, los niños habladores suelen tener también muchísimo energía. Por lo que, en muchos momentos, no solo debemos lidiar con el balbuceo constante, sino con su intranquilidad y tremendas ganas de hacer muchísimas cosas (incluyendo en clases).

Los niños nunca son demasiado habladores

El instante en el que el pequeño comienza a decir sus primeras palabras, algo que suele ocurrir en torno al año, se convierte en un momento emocionante para muchos padres. 

Poco a poco, a medida que van pasando los años, el desarrollo del lenguaje comienza a ir cada vez más rápido, y los niños empiezan a ser capaces de comprender lo que dicen, hasta el momento en el que la maduración del habla les ofrece la posibilidad de comunicarse libremente no solo con sus padres, sino también con sus pequeños amigos.

Sin embargo, entre los 4 o 5 años, el niño ya suele tener el lenguaje más dominado, por lo que puede ocurrir que se vuelva un auténtico e incansable hablador. Quizá pienses que el niño está empezando a hablar demasiado, porque te pregunta constantemente cosas o porque simplemente no para de hablar, pero lejos de pensarlo, debes tener en cuenta algo fundamental: los niños, tengan la edad que tenga, nunca son demasiado habladores

Al contrario, los padres deben convertirse en sus mejores oyentes. Y aunque podamos vivir momentos de estrés o ansiedad fruto de los quehaceres diarios, que nos haga no tener tiempo apenas para nada, siempre debemos escuchar lo que nuestro hijo tiene que decirnos, ya que desea comunicarse con nosotros y expresarnos sus ideas. De lo contrario, le estaremos cohibiendo.

Algunos consejos útiles si el niño habla en momentos inapropiados

Es posible que el niño tenga una energía desbordante y sientas que no para de hablar. Tanto si es así, como si el pequeño habla en momentos que en realidad son inapropiados, es interesante tener algunas cuestiones en cuenta, especialmente antes de apresurarnos a mandarlo a callar:

  • No le riñas. Es bastante probable que el niño, sobre todo si es aún pequeño, no sepa que en ese instante no debe hablar, de manera que no sabe que es un momento poco apropiado. Si esto ocurre, en lugar de enfadarnos con él o reñirle, lo más adecuado es indicarle que lo hablarán más tarde, en el momento en que sí sea posible.
  • Explicación. Una vez ha llegado el momento de hablar, especialmente si le hemos dicho al pequeño que en esos instantes no era apropiado hacerlo, es ideal explicarle por qué ahora sí es el momento más oportuno.
  • Nunca le digas que se calle (o que es pesado). Nunca, nunca, debes decirle a un niño que se calle, o que incluso es pesado, por el mero hecho de querer hablar, o incluso cuando ya de por sí habla mucho. No solo acabarás por cohibirle la motivación de tener una mejor comunicación, sino que atacará directamente a su propia autoestima, lo que puede hacer que el niño se vuelva más introvertido, o que no diga las cosas cuando en realidad sí debería hacerlo.

¿Y si el niño habla de algo que en esos momentos no corresponde, o no es adecuado? En estos casos tampoco es aconsejable enfadarse. Y mucho menos intentar ridiculizarlo. Debemos ser nuevamente conscientes de que posiblemente el niño no sepa que no es un tema apropiado, por lo que lo más adecuado es explicarle por qué, y guiarle.

Christian Pérez

Christian Pérez

CEO y Editor de Contenidos en Gaia Media Magazines, especializado en maternidad, salud, ciencia y nutrición.

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