Niños mimados

Niños mimados: ¿cómo afecta a su personalidad?

Mimar no es sinónimo de consentir. Debemos educar a nuestros hijos para que sean fuertes y autónomos a la vez que respetuosos y agradecidos.

Ser una niña o un niño mimado está mal considerado por nuestra sociedad. Debemos educar a nuestros hijos para que sean fuertes, autónomos, con autoestima, que sepan defenderse, que no se dejen pisotear por los demás, pero que a la vez sean respetuosos, simpáticos y agradecidos. Podría continuar la larga lista de deseos que tenemos los padres para que ellos sean nuestra mejor versión, pero con esto me basta para que te hagas una idea de lo que te voy a explicar ahora.

Mimar a una niña, a un niño, es darle amor, cariño, comprensión. Mimar, según mi opinión dista mucho de consentir. Considero que son dos términos totalmente opuestos y que los confundimos a menudo. Cuando mimas a tu hijo, le miras, le abrazas, lo sostienes. Como te comento, es distinto esto a consentir a tu hijo en todo. Cuando educamos consintiendo, tiene un efecto negativo. Cedes en todo lo que desee. Eso no le beneficia.

¿Te resulta familiar alguna de estas dos situaciones?

Primera, tu hijo quiere un helado antes de cenar y sabes que eso le va a quitar el apetito, pero se lo compras, porque sabes cómo se va a poner y prefieres evitar el numerito delante de todo el mundo.


Segunda situación. Estás a punto de pasar por la caja del supermercado, cuando de repente tu hijo ve el paquete de caramelos que tanto le gusta. De nuevo, para evitar el berrinche asegurado de cada tarde, se lo compras, cedes, a pesar de que le habías avisado antes de entrar de que no comprarías nada.

¿Cómo afecta a la personalidad de nuestros hijos cuando les convertimos en niños consentidos?

Fíjate que cuando educamos en un sentido y cambiamos de opinión sin una razón justificada y con sentido común, tu hijo está observando: vale, puedo hacer lo que desee en cada momento cuando mi madre esté sobrepasada. Así consigo lo que quiero. ¿Qué perciben? Que hay miedo detrás. Miedo a no saber gestionar, tal vez, ese momento. Lo que no significa que tu hijo necesite lo que desea. Por supuesto, con esto no estoy diciendo que no puedas cambiar de parecer en un determinado momento, claro que sí. Lo que considero que es en muchas ocasiones tenemos el no en la punta de la lengua, el no gratuito, el no que no tiene sentido, ni peso, ni razón de ser, porque va a ser sustituido ipso facto por un sí. Por la concesión del deseo que tu hijo tenga y quiera en ese momento.

Es crucial saber gestionar nuestras emociones como madres y padres. Y poder educar con unos límites respetuosos, que puedan, incluso ser pactados entre todos para así poder solucionar más rápido y de manera más fácil un berrinche o una pataleta cuando les recordemos: esto no puede ser ahora, ¿recuerdas que pactamos que antes de cenar no podemos comer helados porque si no perdemos el apetito? Aquí puedes acompañarlo de una solución conjunta, por ejemplo como esta: ¿te parece si lo dejamos para el postre?

Muchas veces se confunde crianza respetuosa y crianza consciente, y se atribuye un sentido muy equivocado, llegando a creer que, si no educamos a nuestros hijos desde la exigencia, las órdenes, normas, límites y autoridad, estaremos dando paso a lo que algunos le llaman: la generación blandita.

Está claro que, si criamos a nuestros hijos enseñándoles que por cada acto que hacen, cada decisión que toman y cada palabra que dicen, tiene unas consecuencias, educamos en la responsabilidad y la consciencia.


Creo firmemente en que les estamos haciendo un regalo maravilloso cuando no les pintamos la vida de rosa. Por supuesto, tampoco es positivo caer en el drama, pero tampoco educar a lo “happy flower”. Encontrar un término medio es lo mejor. 

Educar con sentido común es hacer crecer sus valores. Insistir en la importancia de ser responsables, o por ejemplo en el esfuerzo, la voluntad y la constancia. Estos puntos son parte de la clave para que tu hijo se convierta en un niño, adolescente y adulto capaz y con habilidades para la vida, lejos de ser un adulto cómodo o débil que espere a que todo se lo den en bandeja.

Concluyendo, no está reñido educar desde el amor y el respeto. Te invito a que dejes el miedo a un lado, y puedas darte la oportunidad de mimar, que no consentir. Ni tendrás hijos tiranos, ni tendrán el síndrome del emperador. El amor es la base de la crianza, e insisto, mimar no es consentir. Mimar es amar.

Artículo elaborado por Noe García de Marina, Pedagoga Terapeuta. Inteligencia y Desarrollo Emocional. Directora de Noe Batega

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