Dardos emocionales

No deberías decir a tu hijo eres un llorón por estos motivos

Es una de las etiquetas o frases hechas potencialmente dañinas que se siguen escuchando con más asiduidad cuando no debería ser así.

Foto: Pexels
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Las etiquetas, en general, no suelen traer nada bueno en el desarrollo de los niños y niñas. Lo advierten todos los expertos en psicología infantil y pedagogía, y dan fe de ello miles de padres y madres que han intentado cambiar un hábito, el de etiquetar a sus hijos, que es difícil corregir. ¿O es que nunca se te ha escapado o has estado tentado de decir la palabra “llorón” o “llorica” al hablar a tu peque?

La tentación es grande cuando los nervios están a flor de piel y la paciencia al límite por una reacción o conjunto de reacciones que no os entran en la cabeza. Esto se da especialmente en la época de las rabietas. En otros casos, directamente no está ni siquiera medio justificado que se nos pase por la cabeza decirle algo así a nuestros hijos por muy absurdo que nos pueda parecer el motivo de su llanto. Si llora es que para él existe un motivo que no lo es. 

Cuando el “eres un llorón” o el “no seas llorica” es una reacción a una rabieta o circunstancia similar, es un grave error. “Cualquier actuación que hagas pregúntate ¿Es educativa? No le amenaces, ni le imites, ni utilices argumentos despectivos como ‘Eres un llorón’. Esto le transmite una imagen negativa a tu hijo de sí mismo”, explica Paloma Díez, directora de Psicología Europa Pozuelo. Exactamente igual piensa Victoria Sánchez, psicóloga clínica de Cabán psicología y fisioterapia: “No se debe juzgar o estigmatizar”, apunta. Sánchez pone como ejemplo una alternativa acertada para evitar el típico “eres un llorón”: “no decirle “eres un llorón”, sino preguntar “¿te has hecho daño y por eso lloras?””, recomienda. / 

Estas dos expertas se refieren a la reacción tras una rabieta, pero este tipo de etiquetas son siempre un error de los adultos en cualquier edad y contexto porque “no son simples palabras”, apunta el equipo de la unidad de Psicología de la clínica Medicálitas. “De hecho, se consideran juicios de valor que provocan que esa persona a la que se le ha puesto la etiqueta se crea que es su rasgo más definitorio, llegando incluso a basar su personalidad en este aspecto a lo largo de su vida”, añaden. El equipo de Psikids, por su parte, afirma algo muy parecido: “las etiquetas impiden el correcto desarrollo de la identidad del niño, perjudicándole y limitándole; en consecuencia, marcándole gravemente para el futuro”.

El efecto negativo de las etiquetas

En opinión de los expertos del gabinete de psicología especializado en la infancia, “Expresiones como «Eres un niño muy malo”, «qué quejica eres” o «eres un llorón”, suelen utilizarse mucho cuando los padres no están de acuerdo con el comportamiento de sus hijos”, que las retienen “inconscientemente en la mente, siendo contraproducente con lo que desea”.

Lo que ocurre, en opinión del equipo de Psikids, cuando a un niño o niña se le dice que es un llorón, el mensaje será ineficaz en todos los casos: “De ningún modo se conseguirá alcanzar un cambio ante una situación que se considera indeseable y que se quiere corregir”, concluye. 

Si te interesa ampliar conocimientos al respectos de los efectos negativos de las etiquetas en el desarrollo de los niños, el equipo de psicología de la clínica Medicálitis cita la “Teoría de la indefensión aprendida” del psicólogo estadounidense Martin Seligman, “en la que constató que todas aquellas personas que son sometidas a diferentes comentarios que actúan como etiquetas, terminan comportándose como tal”, asegura.

Los especialistas de dicha clínica inciden en la importancia de evitar frases como la que nos ocupa en esta pieza porque “De por sí pueden resultar inofensivas, pero si se repiten una y otra vez, estarás educando en etiquetas y podrá llegar, incluso, a suponer un problema en los más pequeños”.

En el caso concreto de la afirmación “eres un llorón”, lo que puede ocurrir, con independencia de si el niño al que va dirigida tiene dos, tres, cinco o siete años, es que cuando quiera llorar en el futuro, “intentará reprimir el llanto y lo verá como un síntoma de debilidad en lugar de una necesidad de todo ser humano”, concluyen desde la unidad de Psicología de clínica Medicálitas. 

Rubén

Rubén García Díaz

Papá de dos niñas y periodista, la mejor combinación para que broten dudas, curiosidades, consejos efectivos (también otros que no lo son tanto) y experiencias satisfactorias que compartir en este espacio privilegiado para ello.

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