Pensamiento crítico en niños

¿Podemos enseñar a pensar a nuestros hijos? Los beneficios del pensamiento crítico

Tenemos que darles autonomía, su propio espacio y dejar que se equivoquen para que puedan aprender. Pero, ¿cómo conseguimos que nuestros hijos sean en el futuro personas que sepan decidir por sí mismas? Quizás la clave está en enseñarles a pensar de manera crítica. Estas son las claves para potenciar el pensamiento crítico en la infancia.

pensar
Fuente: iStock

Vivimos en la época de las fakes news y la sobreinformación. Diariamente asistimos a un gran volumen de noticias y, yendo un paso más allá, a las diferentes opiniones y maneras de informar visibles en los medios de comunicación, las redes sociales y todo lo que rodea a las nuevas tecnologías.

Un hecho que otorga especial relevancia a la necesidad de que los que son niños en la actualidad sepan pensar por sí mismos y no caigan en informaciones erróneas, falsas o segmentadas. Porque esta será la única manera que tengan de poder formar su personalidad y su carácter acorde a lo que mejor les parezca para ellos.

Y es aquí donde entra el pensamiento, entendido, de acuerdo al crítico Robert Ennis, como “ el pensamiento reflexivo y razonable que se centra en que la persona pueda decidir en qué creer o qué hacer”. Una capacidad que acostumbramos a ver en adultos y que, creemos, se consigue con la experiencia y la toma de conciencia pero que, sin embargo, se forja en la infancia. “Los niños nacen siendo curiosos de manera innata y nosotros tenemos que intentar no cortarles esa curiosidad, si no alimentarla”, explica Jordi Nomen, profesor de Filosofía en la Escola Sadako de Barcelona, formador del GrupIREF y autor del libro ‘Filosofía para niños’.

La clave pasa, en primer lugar, por darnos cuenta de que pensamiento y reflexión no es lo mismo. “Tenemos alrededor de 15.000 pensamientos diarios, pero reflexionamos muy poco porque para poder hacerlo hemos de tener tiempo y de eso vamos escasos”, nos cuenta.

La clave: el tiempo (de calidad)

En segundo lugar, y desencadenada de la primera, está la prioridad absoluta: nuestros hijos precisan de nuestro tiempo para poder hacer preguntas sin recibir respuestas automáticas.

Como adultos, ya tenemos la respuesta a todo lo que nos preguntan nuestros hijos, pero la clave es que no se la demos en el primer momento. Una opinión compartida por Jordi Nomen “la cuestión es alimentar la duda del niño para buscar una respuesta juntos (aunque tú como adulto ya la tengas) y guiarle en esa búsqueda”. Sin embargo, sabemos que una de las carencias más importantes de nuestra generación es el tiempo: somos la generación de la prisa. Por lo tanto, para educar correctamente el pensamiento crítico de nuestros hijos, hemos de saber que necesitamos paciencia y mucho tiempo para establecer diálogos argumentados con ellos. “No es lo mismo preguntar que de qué color era el vestido de Caperucita, que preguntarle si cree que se arriesgaba yendo sola por el bosque”, defiende Nomen.

Futuros ciudadanos libres y conscientes

Aunque alimentar la duda de nuestros hijos nos pueda parecer un esfuerzo un tanto en vano, ellos verán los frutos de manera inminente (e intrínseca). Es decir, sin darse cuenta, aprenderán a pensar por sí mismos, a no conformarse con cualquier cosa que les digan o a alimentar su autoestima. “Cuando un niño piensa críticamente, no acepta la información recibida como una verdad absoluta, sino que tiene la capacidad de cuestionar su veracidad, para ello: clasifica, analiza y evalúa la información de forma exhaustiva, compara con las distintas evidencias que existen en la realidad, para así llegar a una conclusión propia, con la que realmente se identifique”, comentan Olivia Szinetar y Patricia Pizzolante, psicólogas en Sens Piscología. Incluso, piensan que fomentarán la curiosidad por saber. Opinión que comparten con Jordi Nomen: “la curiosidad y la admiración por el mundo serán estimuladas porque, para un niño que piense críticamente, cualquier cosa será sensible de recibir esa curiosidad, con el consiguiente marco de plenitud”, argumenta.

A su vez, el niño será capaz de rechazar prejuicios y estereotipos porque antes de hablar, sabrá que es necesario escuchar atentamente para entender a la persona.

¿Es tan fácil como parece?

Algo muy importante es entender que para poder educar críticamente, primero tenemos que ser críticos. “Es fundamental que los padres lo sean para que el niño desarrolle en plenitud las capacidades que tiene en potencia pero, eso sí, no hace falta ser un filósofo para conseguirlo”, argumenta el formador del GrupIREF. “No hablamos de repasar las ideas de los grandes filósofos, sino de hacer preguntas con sentido común para enseñar a huir de prejuicios”.

Por lo tanto, la mejor clave para educar críticamente es establecer diálogos (que no debates) con nuestros peques y alimentar aún más su duda. Aprovechar al máximo su curiosidad y la etapa de los ‘por qués’ para invitarles a buscar la respuesta por sí mismos a eso que nos están preguntando. Eso sí, siempre con nuestra ayuda.

Además de esto, otra opción es educarle a decidir ofreciéndole alternativas en escenas muy cotidianas: “podemos preguntarle, ¿Qué quieres de postre, una manzana o una pera?”, afirma Rafael San Román, psicólogo en ifeel, plataforma de psicoterapia online.

“Que tu hijo no tenga la misma opinión o que no piense sobre un tema de la misma manera que tú le dará la oportunidad y reforzará su capacidad para construir una forma de pensar única y propia, así que podemos enseñarle a escuchar, pero también a expresar sus opiniones de una manera respetuosa”, nos cuentan las profesionales de Sens Psicología.

Marta Moreno

Marta Moreno

Como dijo Nelson Mandela “la educación es el arma más poderosa que existe para salvar el mundo”. ¿Qué tal si educamos desde el respeto, el amor y en familia?

Vídeo de la semana

Continúa leyendo