Educación del niño

Por qué criar a los niños sin gritos es mejor para ellos (y para ti)

Intentamos ser mejores padres cada día, y en cualquier momento, cuando estamos cansados o estresados, nos enfadamos con el pequeño y gritamos con mayor facilidad. Pero ¿cómo podemos evitarlo? Educar sin gritar es muchísimo mejor. Y te explicamos por qué.

La mayoría de los padres le gritan a sus hijos de vez en cuando, en un momento u otro. Sin embargo, para algunos padres, gritar puede convertirse en un mal hábito. Los estudios, de hecho, demuestran que gritar conscientemente es una de las ocho estrategias disciplinarias que tienden a empeorar los problemas de conducta en los niños. Y convertirse, de hecho, en una especie de círculo muy negativo, dado que gritar conduce a un mal comportamiento, lo que a su vez conduce a más gritos.

Otro problema común con los gritos es que, en realidad no le estamos enseñando a los niños cómo deben manejar mejor su comportamiento. Por ejemplo, si le gritamos a nuestro hijo porque acaba de golpear a su hermano, si en lugar de explicarle por qué no debe hacerlo nos enfadamos y le gritamos, el pequeño al final acabará por no ser capaz de aprender a resolver sus problemas de forma pacífica.

¿Por qué es tan malo gritar a nuestros hijos? ¿Cuáles son sus efectos?

Si eres padre, es probable que ya sepas que, en algunas ocasiones determinadas, las emociones acaban por apoderarse de ti. De alguna u otra forma, los niños pueden ser capaces de presionar esos botones que no sabías que tenías, y antes de que te hayas dado cuenta, estás perdiendo los estribos gritando y enfadándote.

Pero la pregunta es: ¿Por qué gritamos los padres? La respuesta corta es porque nos sentimos enfadados, enojados o abrumados, lo que al final hace que terminemos por levantar la voz. Pero como posiblemente habrás podido comprobar ya, rara vez gritar resuelve la situación.

Aunque puede calmar a los niños y hacerlos aparentemente más obedientes por un corto periodo de tiempo, no estará corrigiendo sus actitudes o su comportamiento. Y, en definitiva, les enseña a temer en lugar de comprender las consecuencias de sus actos y de sus acciones.

Los niños confían en sus padres para aprender, y se fijan en todo lo que hacen. Por tanto, si la ira y la agresión asociada a ésta, como por ejemplo podría ser el caso de gritar, es parte de lo que el niño percibe como “normal” en su familia, evidentemente su comportamiento también lo reflejará.

Si alguna vez te han gritado es probable que ya te hayas percatado de que una voz elevada no aclara el mensaje. Un estudio publicado hace algunos años señaló que gritar hace que los niños tiendan a ser más agresivos no solo verbal sino también físicamente. Y es que gritar, sin importar el contexto en el que nos encontremos, es una expresión de ira. Y, además, hace sentir a los niños inseguros, y les asusta.

Cómo enseñar y educar sin gritar: algunos consejos útiles de gran ayuda

Si gritas a tus hijos habitualmente es buen momento para pararte a pensar y tratar de cambiarlo. Tus sentimientos de frustración parental son absolutamente normales, pero debemos intentar gestionarlos. Por suerte, la buena noticia es que podemos cambiar la forma cómo hablamos a nuestros hijos, modificando ese monólogo a gritos por un diálogo muchísimo más respetuoso y consciente.  

No podemos olvidar que la calma es tranquilizadora, lo que hace que los niños se sientan aceptados y amados, a pesar de su mal comportamiento. Y existen algunos consejos útiles antes de levantar la voz que puedes empezar a poner en práctica desde ya mismo:

  • Detente, date un poco de tiempo primero. Antes de enojarte tanto que acabes perdiendo el control y alzando la voz, detente, párate. Si te alejas de la zona de conflicto por un momento tendrás la oportunidad de reevaluar y respirar profundamente. Esto te ayudará a calmarte.
  • Establece reglas claras. Es menos probable que tengas que recurrir a gritar si has establecido reglas claras en casa. Si el niño es lo suficientemente grande como para poder entenderlas puedes elaborar una lista de ellas y colocarlas en un lugar destacado de casa. Así, cuando se rompen, puedes continuar con una consecuencia inmediata. Resiste el impulso a gritar, regañar o enojarte, dado que es probable que tus palabras no enseñen a tu hijo a mejorar la próxima vez.
  • Habla con el niño acerca de las emociones. La ira es un sentimiento que puede aparecer con frecuencia, pero del que puedes aprender mucho si trabajas cómo manejarla de forma adecuada. Reconociendo todas tus emociones, la alegría a la tristeza o la frustración, le estarás enseñando a tus hijos que todas estas emociones forman partes de nuestra propia forma de ser.
  • Aborda el mal comportamiento con calma, pero con firmeza. Es normal que los niños se porten mal, pero si te fijas, en la mayoría de los casos lo hacen solo ocasionalmente. Y forma parte de su propio crecimiento. En lugar de hablarles desde lo alto, o desde muy lejos, trata de bajar a la altura de sus ojos.
Christian Pérez

Christian Pérez

CEO y Editor de Natursan.

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