Ponte en su lugar

Por qué tu hijo te pide brazos cuando vais de paseo (y no, no es porque no quiera andar)

Aunque la falta de madurez es la más importantes, hay otras razones que confluyen en una respuesta así.

Cuando los peques nos piden brazos a los 100 metros (a veces, menos distancia incluso) de salir de casa nos llevamos las manos a la cabeza. ¿Cómo puede ser si ayer anduvo muchísimo? ¿Cómo es posible si en el parque no para en toda la tarde? Las preguntas se amontonan en nuestras cabezas, y lo cierto es que hay argumentos de sobra para explicar por qué pasa.

El más obvio y decisivo es su desarrollo motor. Los niños más pequeños no son lo suficientemente maduros como para seguir el ritmo de un paseo a los adultos. Puede ocurrir que un día lo hagan —más posibilidades tendréis de que así sea si estimuláis el camino con juegos, por ejemplo— y al día siguiente no anden ni hasta la vuelta de la esquina. Es normal: no os lamentéis por ello, valorad y reforzad su esfuerzo el día que sí ande durante un rato prolongado. 

Pero la falta de ganas y de motivación no es la única razón por la que suelen pedirnos brazos al andar, algo que ocurre más a menudo cuando van con papá y mamá. Hay otras razones que también tienen su influencia directa en esta conducta. Las recoge en un interesante post divulgativo la especialista en educación en positivo @soybrendacriando. “Hay razones más profundas que sus pocas ganas de caminar” para explicar por qué piden brazos, señala. Son las siguientes, en su opinión: 

Inseguridad

La experta recalca este argumento en aquellos niños y niñas que residan junto a sus familias “en ciudades con mucho movimiento”, donde los ruidos, los medios de transporte y el estrés de la gente apurada se dejen notar. En estos casos, es posible que los peques busquen refugio en tus brazos. “Nunca olvides que lo que nosotros vemos hace 30 años es nuevo para ellos, y por lo tanto, representa un potencial peligro”, dice.

No pueden participar

Expone @soybrendacriando que “ todo está hecho a medida de los adultos”, de manera que los niños y niñas no pueden integrarse si ven el mundo desde su altura. “Imagina ir a por el pan y tener un mostrador un metro más alto que tú y no poder ver quién te habla. ¿No sería frustrante? A los niños les pasa todo el tiempo”, asegura. “Quieren ver el mundo desde nuestra altura para aprender”, añade.

Porque la gente los “atemoriza”

Algo que no ocurre entre adultos —o que no debería ocurrir, más bien— es que se acerque un desconocido a tocar a otra persona, a acariciar su pelo o darle un beso en la mano. Sin embargo, se hace con los niños. “Lo que hacen entonces es esconderse tras tu pierna. Buscan contacto”, dice @soybrendacriando, que aconseja coger al peque en brazos si se da una situación así y decirle a los adultos que “tendrán que pedirle permiso para tocarle”.

Busca refugio

La cuarta y última razón de paso para querer brazos con independencia de sus ganas de andar es que el niño o niña busque protección y refugio. “Eres su fuente de energía, tu olor le da placer. Se siente seguro y calentito en donde siente que todo es más lindo y posible”, concluye la experta en educación en positivo y crianza.

Rubén

Rubén García Díaz

Papá de dos niñas y periodista, la mejor combinación para que broten dudas, curiosidades, consejos efectivos (también otros que no lo son tanto) y experiencias satisfactorias que compartir en este espacio privilegiado para ello.

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