Educación del niño

¿Por qué no debes decir a tu hijo ''eso te pasa por no hacerme caso''?

Hay frases que solemos decir muy a menudo cuando hablamos con nuestros hijos. Y, en muchas ocasiones, no nos damos cuenta del error que podríamos estar cometiendo. Te descubro uno de los ejemplos más comunes.

Hace tiempo escribí una guía para aprender a educar sin miedo con más de cien frases que los padres y madres decimos a nuestros hijos sin ser del todo conscientes del daño que podemos llegar a hacer a través de ellas. La guía la puedes descargar para trabajarla de forma personalizada, te invito a que la imprimas y la subrayes o la descargues para leerla en tu móvil en cualquier momento libre, para que puedas ampliar tu conocimiento sobre la educación emocional y hacerte un poco más consciente de qué frases decimos sin mala intención pero que pueden dañar la autoestima de un hijo y perjudicar la relación de confianza que nos interesa mantener para favorecer el desarrollo de su personalidad.

No hacer caso
Foto: Istock

Hay varias frases que en principio son inofensivas pero, si les sumamos un tono autoritario, un gesto amenazante o una connotación negativa no sientan bien y su poder para dañar aumenta. En la guía tenéis un ejercicio de autoconocimiento para reflexionar sobre algunas frases que nos impiden educar con amor, de hecho, una de las que más daño hace sin lugar a dudas es “te lo dije, si me hubieras hecho caso esto no te hubiera pasado”, porque siempre que aparece el reproche por la puerta desaparece toda la calma y el cariño que hace posible que el cerebro recuerde mejor un aprendizaje vital. 

Otras frases que conviene no decir o por lo menos saber que cuando las decimos no aportan ningún apoyo emocional son las siguientes:

  1. ¿No me estarás mintiendo, ¿verdad?
  2. No voy a poder confiar en ti…
  3. ¿Quieres que saque la zapatilla?
  4. Te voy a dar una bofetada si sigues así…
  5. ¿Otra vez se te ha caído?
  6. Mira que eres torpe…
  7. Que sea la última vez que te lo tengo que decir...
  8. Mira tu hermano, ya ha terminado y tú sigues igual…
  9. Si estudiaras más, aprobarías…
  10. ¿No vas a decir gracias? No seas mal educado…

David Bueno, a quien suelo citar muchas veces, lo explica de forma clara en su libro “El cerebro del adolescente”: “Las estrategias educativas que se sustentan en el miedo contribuyen a formar personas y sociedades menos transformadoras y proactivas, más sumisas ante las imposiciones autoritarias y al mismo tiempo, con niveles más elevados de agresividad intrínseca. Sin embargo, educar a través de la confianza, el reto, la curiosidad y el estímulo contribuye a formar personas reflexivas y empoderadas”.

Cuando un biólogo como David nos advierte de lo importante que es que tanto los sistemas educativos como los estilos educativos parentales favorezcan un clima de aula y familiar que estimule y genere relaciones de confianza para evitar que el estrés se cronifique… es como para tomárselo en serio, porque ya no son opiniones subjetivas que enriquecen un debate educativo, sino evidencias científicas que nos muestran el camino.

Aunque tu hijo te mienta es bueno que sigas confiando en él

Confianza entre padres e hijos
Foto: Istock

Una frase como, “ya no voy a poder confiar en ti” o “tienes que volver a ganarte mi confianza”, impide precisamente que la confianza auténtica se implante entre padre a hijo. La confianza tiene que tener algo de incondicionalidad, conviene no dejar de confiar en nuestros hijos que están en continuo desarrollo. Confiemos en su capacidad para aprender de un error, para rectificar ante una mala decisión o para reconocer que se han equivocado a pesar de haber sido advertidos de las posibles consecuencias.

Los hijos pueden escuchar nuestros consejos, pero también ignorarlos, en ambos casos están tomando una decisión que tiene una consecuencia, si nos escuchan y les sale bien podrán beneficiarse de ello, pero si deciden no escucharnos y les sale mal habrán aprendido que su decisión no les ha traído los resultados deseados. Pero lo que nunca deben aprender es que si no nos escuchan dejaremos de confiar en ellos, ni tampoco transmitirles que creemos que se merecen eso malo que les ha pasado, porque lo importante es que tomen decisiones, hagan sus valoraciones y analicen posibles opciones para próximas ocasiones.

Siempre obedecen, pero a lo que les genera mayor interés

Cuando tus hijos no te obedecen y sufren algún daño o consecuencia negativa por haber ignorado tu advertencia, como, por ejemplo, se cae después de haberle dicho que no se subiera a la mesa, le ayuda más escuchar “veo que te duele el golpe, entiendo que cuando te has subido tenías tantas ganas de explorar que ha sido difícil para ti responder a mi advertencia de cuidado; si quieres siéntate aquí conmigo en lo que se te va pasando el dolor poco a poco…”.

Una frase como esta lo que transmite es empatía hacia el dolor, “veo tu dolor, veo que te duele”, no hay reproche “esto te pasa por no hacerme caso”, no nos llevamos ningún protagonismo “si me escucharas te irá bien”, más bien valoramos lo importante y es que ha tomado una decisión siguiendo un deseo, ignorando una advertencia y eso le ha impedido valorar el verdadero peligro. Por supuesto esto lo podemos hacer cuando el peligro es mínimo y el riesgo también porque si consideramos que hay un riesgo alto simplemente no lo permitiremos.

Como conclusión te diré que la fórmula ideal para generar confianza en nuestros hijos es:  más empatía ante sus experiencias dolorosas, menos reproche. Igual… mejores aprendizajes.

Leticia Garcés

Leticia Garcés

Pedagoga. En 2010 fundó Padres Formados, desde donde imparte cursos de  formación a familias y profesionales en temas relacionados con la Educación Emocional y la Parentalidad Positiva tanto presencial como online, a nivel nacional e internacional (Colombia y México).

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