Las consecuencias de las amenazas

¿Por qué no debes educar con amenazas a los niños?

Si sueles utilizar las amenazas para educar a tus hijos deberías saber que no son la mejor alternativa. Descubre las consecuencias que pueden aparecer en ellos.

Está claro que la crianza y educación de un niño no son tareas nada sencillas. De hecho, pueden ser bastante complicadas: no existen manuales, ni recetas secretas que expliquen cuál es la mejor forma de hacerlo. Sin embargo, hay ciertos aspectos que sí sabemos de los beneficios que aportan a los pequeños, como la paciencia y el apego emocional.

¿Por qué no debes educar con amenazas?

Para los niños, una amenaza significa que algo malo va a ocurrir, ya sea a ellos mismos, a su familia o a algún objeto al que tienen aprecio. Normalmente, el objetivo es intimidarlos para que se comporten adecuadamente, pero está claro que la intimidación no es una buena herramienta educativa.

De hecho, en lugar de educar a los niños, es probable que las amenazas sean contraproducentes, pues los menores pueden entender que tienen que “luchar” para cuidar aquello que ha sido amenazado.

Quizá también, puede parecer en algunos casos que sí son útiles y que los niños obedecen como respuesta, pero es una sensación falsa, no están aprendiendo a actuar, sino más bien están respondiendo al miedo y a largo plazo hace que aparezcan consecuencias no muy beneficiosas para su desarrollo.

Efectos de las amenazas en los niños

Estas son las principales consecuencias que aparecen en los niños y las razones por las que no es buena idea utilizar amenazas:

  • Minan la autoestima de los niños. Aunque puedan tener un efecto en el corto plazo, a largo plazo influyen en la autoestima de un niño, ya que puede sentirse poco valorado y que haya un mal vínculo familiar.
  • Normalizan la agresividad y no enseñan responsabilidad. Realmente un niño no aprenderá a saber comportarse, aprenderá a esquivar las amenazas y a evitar castigos, por lo que tampoco aprenderá responsabilidad. De hecho, un problema grave es que normalicen la violencia o ciertas conductas no adecuadas, lo que también influirá en su relación con los demás.
  • Causan estrés. Las amenazas al fin y al cabo provocan nerviosismo, y esto puede afectar al carácter de un pequeño en pleno desarrollo.
  • Acaban produciendo falta de autoridad. Como decimos, puede que en un corto plazo puedan parecer útiles, pero, todo lo contrario, el miedo no es lo mismo que autoridad.
  • Producen distanciamiento emocional. En lugar de crear un mejor vínculo, lo que realmente hacen es provocar alejamiento y falta de comunicación.
  • No sirven como método de disciplina a largo plazo. Normalmente, el castigo que acompaña a una amenaza, no suele cumplirse y si las amenazas perduran en el tiempo, es muy probable que el niño entienda la “estrategia” y que, en lugar de aprender, lo que haga sea adoptar aún más su mala conducta porque sabe que no ocurrirá nada en el futuro.

¿Cómo sí se debe educar?

En lugar de todo esto, lo que sí se debe utilizar es disciplina positiva. Aplicarla consiste en ser padres más cálidos y cariñosos; en dar a los niños herramientas para que aprendan a solucionar sus problemas (no en crearles otros); en interesarse por sus gustos; en ayudarles a ponerse metas y lograr sus objetivos; y en empatizar con ellos, no olvidemos que los niños pequeños aún no tienen el autocontrol y la madurez suficiente para afrontar todas las situaciones, por eso necesitan de sus figuras de referencia.

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