Educación en positivo

Por qué debes pedir a tu hijo perdón cuando te equivoques

Todavía es relativamente habitual conocer a padres y madres que jamás piden perdón a sus hijos porque lo ven como un síntoma de debilidad o de pérdida de autoridad.

La crianza es un aprendizaje bidireccional, y cuanto antes seamos capaces de verlo y entenderlo, mayor será dicho aprendizaje y la riqueza que obtendremos de esta experiencia vital. De esta forma, además, el impacto positivo será doble: en los peques, que aprenden de lo que ven, y en nosotros mismos.

Una de las cuestiones en las que este planteamiento se ejemplifica mejor es en la del perdón. Todavía es relativamente habitual encontrar adultos con hijos a su cargo que son incapaces de pedir perdón a los pequeños de la casa. Entienden que no deben hacerlo para no perder autoridad, que su relación es unidireccional, que nunca se equivocan y que si lo hacen y lo reconocen, es un síntoma de debilidad. Pero lo cierto es que pensar así es un error, y llevarlo a la práctica tiene consecuencias negativas en el aprendizaje y desarrollo de los niños, y también en el vínculo familiar. 

Ocurre justo lo contrario en las relaciones padres-hijos en las que el perdón es un recurso habitual más. En las dos direcciones. Ojo, en su justa medida, porque tan importante es pedir perdón como no convertirlo en una especie de coletilla para todo. En el perdón se debe trabajar de manera previa con uno mismo y una vez se es consciente del error cometido, entonces si se es el momento de excusarse con quien se haya cometido la injusticia o equivocación en cuestión. 

A modo de resumen, hemos condensado en unas líneas los motivos por los que pedir perdón a nuestros hijos cuando sentimos que nos hemos equivocado es un hábito magnífico: 

  1. Dar ejemplo: los niños aprenden de lo que ven, y si lo que aprecian de sus padres es que nunca se equivocan y, si lo hacen, jamás piden disculpas por ello, es muchísimo mas difícil que entiendan el valor que tiene el perdón en las relaciones humanas.
  2. Naturalizar el gesto: pedir perdón no implica una pérdida de estatus ni tampoco se debe asimilar a cuestiones como la vergüenza, ser “malo” o hacerlo todo mal, ni mucho menos. Pedir perdón es una forma de poner en valor su utilidad para reparar el daño realizado en una relación y no hay mejor forma de alejar este hábito de las cuestiones citadas que dar ejemplo con ello a nuestro hijos.
  3. Enseñanza de vida: demostrar a nuestros hijos que somos humanos y nos equivocamos es una manera de hacerles ver que ellos también pueden estar equivocados. Es, en definitiva, una forma muy eficaz de que entiendan que la equivocación forma parte de la vida y además lo hace en múltiples cuestiones. Sin ir más lejos, podemos haber perdido las formas al marcarles un límite: el mensaje final sigue vigente pero la manera de expresarlo es equivocada y es bueno pedirles perdón por ello. Que entiendan que no solo en los actos se pueden equivocar, también en la manera de comunicarse.
  4. Comunicación: el perdón es una de las herramientas que más puentes tiende a nivel comunicativo. Un error o equivocación siempre implica una brecha en la relación personal, que puede ser más grande o más pequeña en función de la metedura de pata y como se la tome la otra persona. Y no hay forma de coser y cerrar esa herida que a través del perdón como primer paso. La comunicación no puede ser jamás fluida y positiva excluyendo el pedir y el aceptar el perdón de ella.
  5. Confianza: pedir perdón a nuestros hijos es una forma de ponernos a su altura, de reducir las distancias y la jerarquía en la relación. Esto, inevitablemente, nos acerca a ellos, de manera que el vínculo se fortalece y eso hará que el niño o adolescente se sienta con más confianza para comunicarse con nosotros. Para lo bueno y, sobre todo, cuando vengan mal dadas. 

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