5-6 años

¿Por qué son tan payasos?

Estos pequeños payasos pueden reptar por el suelo, improvisar un baile o emitir sonidos desagradables con tal de hacernos reír. ¿Qué pretenden con tanta tontería?

¿Por qué son tan payasos?

A estas edades, antes o después necesitan sacar al tontorrón que llevan dentro. Utilizan sus cuerpos, sus muecas, sus sonidos corporales y cualquier recurso que tengan a su alcance para hacer de la vida un circo.

Están en un momento de su desarrollo en el que la extroversión es la manera que tienen más a mano para impactar al personal y quedarse con las miradas de todo el mundo. Su objetivo es llamar la atención cueste lo que cueste y pese a quien pese.

Seres sociales

Muchos están en pleno apogeo social. Ya son capaces de relacionarse con otros niños de manera más constante y organizada: hacen pequeñas pandillas, comparten juegos y secretos... Comparado con los años anteriores, se sienten como si dominaran a la perfección el complicado mundo de las relaciones sociales. Su necesidad de ser mirados (y admirados) crece, y especialmente en los varones (las niñas suelen ser más vergonzosas o un poquito menos exageradas).

Quieren destacar, mostrarse, divertir y ser útiles. Se convierten en unos showmen en miniatura que viven para llamar la atención en los momentos más inoportunos y entretener al personal a base de juegos de palabras, representaciones, gestos y bailoteos. A veces son geniales, pero otras veces sus tonterías no nos hacen tanta gracia.

Esta actitud puede esconder una necesidad de ser tenidos en cuenta: están a medio camino entre el niño pequeño y el niño grande. Saben que esperamos que se empiecen a 'comportar', y no siempre es fácil dejar de ser pequeño. Con sus payasadas a veces nos está diciendo que necesita volver a sentirse despreocupado... aunque solo sea por un rato.

Pequeños artistas profesionales

- Por lo general, la presencia de 'espectadores' es el mejor aliciente para ellos (aunque a veces ensayarán sus tonterías a solas delante del espejo). Y tratarán de lucirse cuando no sepan cómo comportarse: cuando haya invitados, estemos de visita o en un sitio en el que haya que guardar las formas.
- A algunos padres les divierte que su hijo sea tan payasete, pero a otros les rompe todos los esquemas. Y es que nuestros payasos particulares echarán mano de todos los recursos teatrales que tengan a mano:

  • Bailarán como si estuvieran poseídos por el ritmo.
  • Harán muecas imposibles y voces de todo tipo.
  • Fingirán que son tontos o muy listos.
  • Se doblarán y saltarán como auténticos trapecistas.
  • Imitarán a todo bicho viviente (y si sale en la tele y es famoso, más aún).

- En esta etapa, aunque no lo parezca, los padres tenemos un valioso papel a la hora de fortalecer la autoestima de los niños. Tanta exageración responde a su inmaduro concepto de sí mismos y su tremenda necesidad de aprobación.
- Nuestra actitud frente a sus payasadas les ayudará a modelar su carácter. Pueden ser divertidos y felices sin llamar la atención con esas explosiones de excentricidad tan difíciles de controlar.
- Y no hay que olvidar que los niños que son de tendencia expansiva. Si tienen cerca adultos que les ayuden a canalizar sus expresiones, se convierten en adolescentes y adultos creativos con gran capacidad de comunicación.

Payasadas con sentido

Los niños tienen que ser niños por muchas ganas que tengamos de que se vayan haciendo mayorcitos. Siempre es preferible que bailen el mambo en un restaurante a que no abran la boca en toda la tarde.

Elogiemos los valores que se esconden tras sus payasadas. Puede que no nos haga gracia ver cómo nuestro hijo repta por el suelo gruñendo y gesticulando, pero podemos valorar como positiva su capacidad de imitar con tanto 'acierto' la forma de caminar del oso hormiguero o su escaso sentido del ridículo.

Existe un límite. Este tipo de conductas cumplen una función en su desarrollo. No hay que censurarlas por sistema, sino evitar que se les vayan de las manos. La prioridad debería ser la seguridad de nuestro hijo y de las personas que le rodean.

Deben tener en cuenta a los demás. El respeto es un concepto que deberíamos repetir a nuestro hijo durante toda esta etapa, porque es uno de los retos más difíciles que tiene por delante. Si no le inculcamos esta idea, le resultará terriblemente difícil distinguir entre la trenza de su prima y la cola de un mono.

Si nos convertimos en ayudantes de sus payasadas será más fácil ayudarle a no meter la pata. Nuestra 'voz en off' podría sonar de vez en cuando para ir dando pistas a nuestro hijo en este sentido ('psss, cariño, para un poquito, que estás empujando a la señora').

Prestarle atención, pero la justa. Ignorarle no suele servir de nada. Con esta actitud solo conseguiremos que se esfuerce cada vez más en llamar nuestra atención. Pero claro, tampoco hay que reírle las gracias todo el día. El término medio siempre es el acertado: tenemos que intentar ser lo más sinceros que podamos. Si no nos hace gracia una mueca, no hace falta que nos riamos, pero tampoco hay que mirarle con el ceño fruncido. Si cada vez que hace una payasada se encuentra con caras de disgusto y desaprobación, se sentirá rechazado .

Es una etapa que pasará pronto. Además, que haga el payaso es un síntoma del niño alegre que queremos que sea.

Violeta Alcocer es psicóloga.

Etiquetas: autoestima

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