Año Nuevo

Propósitos infantiles para el año nuevo

La llegada del nuevo año es sinónimo de actualizar la lista de propósitos: hacer deporte, mejorar la alimentación o leer más son algunos que siempre se repiten. Estos, además, son también perfectos para los más pequeños que nos ven como sus referentes e imitan todo lo que hacemos.

Cada año por estas fechas, muchos adultos hacemos balance de aquellos aspectos de nuestra vida que nos gustaría mejorar y nos planteamos algunos retos para el año nuevo. Más allá de los deseos habituales ( salud, trabajo, amor), existen objetivos que dependen de nosotros y de nuestro esfuerzo y voluntad. En la lista habitual de buenos propósitos es frecuente incluir algunos como hacer más deporte, cuidar la alimentación, leer más, pasar más tiempo con la familia… Objetivos que, además, son un ejemplo positivo también para los más pequeños de la casa, para quienes sus padres son sus principales referentes y acaban por reproducir los mismos hábitos y comportamientos que observan en ellos.

Que aprendan a valorar la importancia de ponerse metas, el esfuerzo que requiere alcanzarlas y la satisfacción que uno siente cuando es capaz de hacer realidad esos objetivos es una enseñanza que les servirá para toda su vida. Por ello, una propuesta interesante para esta Navidad puede ser hacerles partícipes de nuestros retos e incluso animarles a elaborar su propia lista de buenos propósitos para 2020, pensando en aquellos aspectos de su pequeña vida que podrían mejorar. No se trata de una carta a los Reyes Magos, sino de algo realista que ellos estén dispuestos a esforzarse por conseguir. Alrededor de los 4 años, los más pequeños de la casa ya pueden comenzar a plantearse mini-propósitos y cumplirlos.

Sin duda, a sus padres les encantaría ver en esa lista retos como comer más fruta y verdura y menos bollería industrial, ver menos la tele y leer más, o jugar más en la calle y menos a la tablet, aunque probablemente no sean los que ellos se marcarían como prioritarios. Lo importante es que elijan unos objetivos para los que realmente se sientan motivados, pues de lo que se trata es de ayudarles a que apuesten por alcanzarlos.

Para ser apoyo en la elección podemos hacerles preguntas como ¿por qué quieres hacer este buen propósito?, ¿por qué crees que es bueno para ti?, ¿es bueno para la familia?, ¿cómo piensas conseguirlo? La idea es encontrar un punto de equilibrio en el que el objetivo marcado sea bueno para ellos, pero también vinculado a algo que les guste.

Por ejemplo, en el caso de los dispositivos electrónicos, el propósito no tiene que ser dejar de utilizarlos (algo casi imposible en el contexto actual), sino hacerlo de una forma más responsable, tanto en el tiempo que les dediquen (para que también tengan tiempo de jugar en la calle o realizar otro tipo de actividades) como en el fin para el que los usan (optando por contenidos con los que, además de jugar y entretenerse, puedan aprender y sacar un valor positivo al tiempo de exposición a la pantalla). En este sentido, es importante la labor de supervisión de los padres, que incluso pueden dedicar un rato a jugar con ellos a alguna aplicación divertida y a la vez educativa.

El experimento de los buenos propósitos sólo funcionará si damos a los niños libertad de elección, para que sientan el reto como algo propio, pues sólo así buscarán de verdad la manera de lograrlo. Pero por supuesto, también los padres pueden guiarles de manera sutil para que vean por sí mismos lo que puede ser importante o deseable. Y deben ser retos tangibles y alcanzables: no es lo mismo poner una meta como “ser buenos” (algo complicado de medir) que hacer una lista de objetivos fáciles e incluso divertidos, como puede ser escoger la ropa del día siguiente.

No olvidemos que son niños, y si para los adultos es difícil lograr que esos buenos propósitos se conviertan en hábitos reales más allá de marzo, un niño tendrá aún más dificultades para mantenerlos unas pocas semanas. Además, los pequeños tienen en ocasiones dificultades para medir la duración del tiempo. Por eso es interesante poder desglosar esos objetivos en pequeñas piezas, con retos semanales, por ejemplo, y darles una pequeña recompensa si lo han trabajado bien a lo largo de toda la semana. Podemos apuntarlo en un cuaderno, poner un cuadro de objetivos cumplidos en la pared o utilizar una aplicación digital en la que consigan stickers.

Lo importante es enseñarles responsabilidad, que los premios conllevan esfuerzo, y que “portarse bien” y “hacer cosas buenas” siempre tiene un efecto positivo.

 

Artículo escrito por Dorothee Monschau, gerente de Contenido para Padres de Lingokids

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