Vuelta a la calma

En qué puede ayudar a tu hijo que le enseñes a hacer respiraciones

Hay argumentos de peso tanto a nivel físico como emocional para invertir tiempo de calidad en enseñar a tu peque a respirar de forma consciente y mostrarle el impacto positivo que este recurso puede tener en él.

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A menudo subestimamos aquello que hacemos por inercia, respirar, pero que representa la esencia misma de la vida: incapacitada esta función primordial del organismo no estaríamos vivos. 

Aunque parezca que no, hay enormes diferencias entre simplemente respirar y respirar de forma consciente. Aprender a hacer esto último tiene muchas ventajas, como habrás comprobado si trabajas la meditación o disciplinas deportivas en las que es fundamental respirar de forma adecuada como es el caso del yoga o del pilates. Pues bien, enseñar a respirar a los peques también les abre un abanico de beneficios importantes. 

Anna Huget, psicóloga e investigadora de la unidad de TDAH de la Fundació Sant Joan de Déu, explica que “Darnos cuenta de cómo respiramos nos permite saber cómo nos sentimos, nos permite saber si estamos tranquilos, nerviosos o enfadados, nos permite gestionar y controlar nuestra respiración y nuestros sentimientos y nos ayuda a volver a la calma cuando lo necesitamos”. En cuatro líneas, la experta condensa el enorme impacto positivo que tiene en nuestra salud física y, sobre todo, emocional, conocer la respiración y ejecutarla de forma consciente. 

Clave para manejar una rabieta

En los niños, enseñarles el truco de concentrarse en su respiración cuando “el monstruo rojo” (la rabia) domine su “centro de mando” puede ser muy efectivo para que mejoren su capacidad de autogestionar una rabieta o cualquier otro momento de descontrol emocional. 

Además, hay una cuestión física que refuerza la idea de que es positivo enseñar a los peques a respirar profundamente. “En situaciones de activación, de nerviosismo y de enfado, muchas veces hiperventilamos: respiramos demasiado rápido y de forma superficial y esto provoca un aumento de la liberación de dióxido de carbono (CO2) produciendo que llegue menos oxígeno a los tejidos”, indica Anna Huguet. “Para poder volver a la situación de equilibrio es importante volver a respirar de una forma lenta, regular y más profunda, pudiendo volver así a la calma”, añade para explicar la importancia de que los niños aprendan a controlar la respiración de manera que puedan utilizarla en su favor cuando necesitan recuperar el control emocional. 

Eso sí, nadie ha dicho que sea fácil enseñar a un niño pequeño a respirar de forma profunda. Puede llevar su tiempo que lo haga bien, pero no tanto que sea consciente de que dispone de esta potente herramienta en su favor cuando requiera de ella. Verás que a base de repetir la dinámica y de darles ejemplo, llegará un momento en el que ellos mismos intenten autocalmarse recuperando el control de la respiración, o por lo menos se pondrán con ello inmediatamente después de que les recuerdes lo bien que les sienta pararse a respirar de forma consciente, con lentitud y profundidad. 

Un truco que da Anna Huguet para que empiecen a practicar el movimiento completo de respiración (inhalar y respirar) es hacerlo tendidos en el suelo. “Tomaremos un globo, lo hincharemos un poquito y lo colocaremos encima de la barriga. Inspiraremos lentamente por la nariz y espiraremos lentamente por la nariz o por la boca observando como el globo sube y baja”, expone. 

Seguramente será mucho más llamativo para los peques que practicar la respiración sentados, así que toma nota de este ejercicio con globo porque es muy interesante para enseñar a tu hijo o hija a manejar su respiración. "Una vez realizado algún ejercicio recogeremos cómo se sienten en ese momento, y reflejaremos en qué y en qué situaciones les puede ayudar esta forma de respirar”, concluye la  psicóloga e investigadora de la unidad de TDAH de la Fundació Sant Joan de Déu, que recomienda poner en práctica la respiración profunda en situaciones de calma para que los niños aprendan a aplicarla en momentos de estrés.

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