4 casos comunes

¿Qué hacer con un niño indiscreto?

"Tierra trágame" es el primer pensamiento que asalta a un padre cuando su hijo le sitúa en una situación comprometida. ¿Por qué actúan así? ¿Hay que hacer algo?

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Se ríe de una persona con algún problema físico, pide información indiscreta, cuenta cosas que ocurren en casa y ¡que es mejor que no salgan de ahí!... Todos tenemos anécdotas que en el momento quisiéramos olvidar y que pasado un tiempo recordamos con una sonrisa.

Pero más allá del sofoco inicial, esas situaciones difíciles esconden grandes oportunidades de aprendizaje que debemos aprovechar. Lo importante no es tanto lo que ocurre como la forma en la que lo resolvemos. Los niños aprenden de la vida a través de nosotros.

¿Por qué ese chico no tiene piernas?

Situación: Laura no se ha dado cuenta de que el hombre que hay detrás en la cola no es corriente. Su hija se lo hace saber pronto: "Mamá, ¿por qué ese señor no tiene piernas?.

Este tipo de situaciones son muy difíciles de manejar para los adultos porque conectamos con el sufrimiento del otro. No queremos mirar, nos cuesta enfrentarnos a él.

El mensaje cuando le damos una respuesta vaga o no respondemos es que el dolor no se puede afrontar.

Respuesta: Esta situación puede suponer un gran aprendizaje cuando hablamos con claridad y respeto del dolor. El niño aprende que "si mi mamá le puede hacer frente, yo también". Entiende que podemos afrontar las situaciones que nos violentan desde el respeto y la verdad. Así, le contestaremos: "Porque se las han cortado". "¿Y por qué?", preguntará. "Probablemente ha tenido un accidente o una enfermedad", le responderemos. Es posible que la persona intervenga ya que se siente tratada con dignidad (en lugar de ignorada).

Papá dice que eres tonta

Situación: Lucas soltó a su niñera: "Papá dice que eres tonta". Y algo así había ocurrido. Al llegar a casa, el padre se había encontrado al niño mojado y comentó: "La chica que le cuida es tonta".

Respuesta: "Pues sí, estaba muy enfadado contigo por lo que pasó por la tarde, pero lamento mucho haberte dicho tonta", se disculpó el padre de Lucas.

El aprendizaje que esconde esta situación hace referencia a la importancia de disculparse y rectificar. Hemos de ser responsables de lo que decimos delante de un niño si queremos que él aprenda a ser respetuoso. Pero una vez que hemos metido la pata, también podemos enseñarle que nos podemos disculpar y reparar el daño que hemos hecho.

! Se ríe de una persona con algún problema físico, pide información indiscreta, cuenta cosas que ocurren en casa y ¡que es mejor que no salgan de ahí!... Todos tenemos anécdotas que en el momento quisiéramos olvidar y que pasado un tiempo recordamos con una sonrisa.

Pero más allá del sofoco inicial, esas situaciones difíciles esconden grandes oportunidades de aprendizaje que debemos aprovechar. Lo importante no es tanto lo que ocurre como la forma en la que lo resolvemos. Los niños aprenden de la vida a través de nosotros.

¿Por qué ese chico no tiene piernas?
Laura no se ha dado cuenta de que el hombre que hay detr·s en la cola no es corriente. Su hija se lo hace saber pronto: ´Mam·, øpor quÈ ese seÒor no tiene piernas?ª.
Este tipo de situaciones son muy difíciles de manejar para los adultos porque conectamos con el sufrimiento del otro. No queremos mirar, nos cuesta enfrentarnos a él. El mensaje cuando le damos una respuesta vaga o no respondemos es que el dolor no se puede afrontar.
Esta situación puede suponer un gran aprendizaje cuando hablamos con claridad y respeto del dolor. El niño aprende que «si mi mamá le puede hacer frente, yo también». Entiende que podemos afrontar las situaciones que nos violentan desde el respeto y la verdad. Así, le contestaremos: «Porque se las han cortado». «¿Y por qué?», preguntará. «Probablemente ha tenido un accidente o una enfermedad», le responderemos. Es posible que la persona intervenga ya que se siente tratada con dignidad (en lugar de ignorada).

Papá dice que eres tonta
Lucas soltó a su niñera: «Papá dice que eres tonta». Y algo así había ocurrido. Al llegar a casa, el padre se había encontrado al niño mojado y comentó: «La chica que le cuida es tonta».
«Pues sí, estaba muy enfadado contigo por lo que pasó por la tarde, pero lamento mucho haberte dicho tonta», se disculpó el padre de Lucas. El aprendizaje que esconde esta situación hace referencia a la importancia de disculparse y rectificar. Hemos de ser responsables de lo que decimos delante de un niño si queremos que él aprenda a ser respetuoso. Pero una vez que hemos metido la pata, también podemos enseñarle que nos podemos disculpar y reparar el daño que hemos hecho.

Mira qué señora tan gorda

Situación: "Mira qué señora tan gorda", comentó Ramón con naturalidad al entrar en el ascensor. "Eso no se dice" respondió su madre. "Pero mamá, ¡es que está muy gorda!", concluyó él.

Negar la realidad nunca es solución con los niños, porque corremos el riesgo de tener ración doble. Ramón no dice "gorda" para insultar. Lo dice descriptivamente porque ahora en el cole está aprendiendo "gordo, flaco, alto, bajo". Lo dice simplemente porque le ha llamado la atención, sin más. El juicio lo ponemos nosotros.

Respuesta: Podemos mirarle con seriedad (si es sensible entenderá que eso que ha dicho no es adecuado) y más tarde hablar con él: "Ramón, ese comentario puede no gustar a los demás, probablemente esa señora no se siente bien por estar gorda", le diremos.

¿Tu marido te pega?

Situación: "Tu hijo dice que tu marido te pega", le comunicó incómoda una amiga a María. Ella, muy sorprendida, le preguntó después a su hijo: "¿Por qué dices eso?". "Hombre, porque tú le dices que no te dé pellizcos". Era cierto, eso le había dicho María a su marido cuando él le dio un pellizquito cariñoso.

El pensamiento mágico predomina en el niño. Es decir, que lo que no entiende de lo que ocurre lo completa con imaginación; pero no tiene ninguna intención de mentir, ni se inventa cosas. Interpreta lo que ve y lo que oye en función de la información que tiene, de sus ideas y sus miedos.

Respuesta: Debemos explicarle lo que pasó para que pueda completar lo que escuchó con el resto de información, y después hablarle de las consecuencias que tiene decir ciertas cosas: "Tienes que tener cuidado con las cosas que cuentas, los demás pueden pensar que papá me hace daño y no es así", podemos decirle.

Asesora: Isabel Gallardo, psicóloga

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