Evitar comparaciones

Qué hacer cuando hay rivalidad entre hermanos

Aplicando una serie de pautas y hábitos en la convivencia familiar se puede reconducir una mala relación entre iguales, si bien es fundamental para ello que los progenitores entiendan que su papel y su actitud es decisiva para conseguirlo.

Hermanas (Foto: iStock)
Hermanas (Foto: iStock)

La comparación entre pares durante la infancia y la adolescencia, es un hábito nada recomendable que sigue siendo muy habitual en las familias con niños. Pasa no solo entre hermanos, también con dos amigos o primos, si bien lo más habitual es que ocurra entre dos hermanos o hermanas.

A menudo, esto no hace más que crear inseguridades, diferencias, envidias, distancia, y en última instancia, rivalidad entre los menores comparados constantemente. No es el único motivo por el cual aparece la rivalidad entre hermanos en la infancia, pero sin duda alguna el comportamiento de los padres y familiares de confianza tiene mucho que ver en ello. 

Tanto si es el caso como si hay otros motivos que han derivado en una situación familiar de rivalidad así, es importante reaccionar una vez se detecte. Y la figura y el papel que jueguen los progenitores vuelve a ser decisivo para revertir la situación. Igual que ha podido influir de forma negativa, lo puede hacer en positivo. Más vale tarde que nunca.

Pero para que así sea es necesario informarse y documentarse, ayudarse de expertos en la materia si es necesario, para conocer las pautas y los consejos que se pueden aplicar en casa para cambiar una mala relación entre hermanos. 

Estos son algunos tips muy eficaces que se pueden establecer en el ámbito del hogar: 

No apuntar solamente a un culpable

Tendemos los seres humanos a buscar culpables y eso hace que la balanza se desequilibre de forma subjetiva en muchos conflictos. En la rivalidad entre hermanos, “en lugar de jugar al juego de la culpa, hay que centrarse en el papel de cada niño en la situación”, explican desde Nanas&Co. “Hay que intentar mantenerse neutral y si el “bueno” hace algo, hay que cortarle de la misma forma que al “malo” a pesar de que este último nos tiene más cansados”, añaden desde el Centro Psicológico Cepsim.

Respetar las diferencias y no etiquetar

Si comparar es un error grave, lo es más no respetar las diferencias entre hermanos y las peculiaridades de cada uno. No hay dos personas iguales, y por lo tanto, no es nada recomendable querer que nuestros hijos lo sean. Esto, entre otras cosas, lleva a los padres a etiquetar a sus hijos, y no solo en positivo. “Si le decimos a nuestro hijo que es malo se comportará tal y como esperamos de él e intentará cumplir nuestras expectativas”, cuentan desde Cepsim. Además, dado que los niños escuchan dichas etiquetas a menudo, puede suponer un duro golpe para el autoestima del niño al que se le atribuyan las etiquetas negativas.

Comunicación fluida y bidireccional

Dado que durante las peleas, los niños están frustrados y sobreexcitados, los padres deben intervenir poniendo la calma y la moderación. “Aunque sus emociones no son una excusa para un comportamiento negativo o agresivo, los niños estarán más dispuestos a cooperar si se sienten escuchados”, dicen desde Nanas&Co al respecto. Es fundamental intervenir a través de la escucha y el diálogo y no desde la bronca, la amenaza o la agresividad física.  “Es importante explicarles a los niños que usar sus palabras es la única manera de resolver un problema”, añaden.

Para ello, en vez de abordar solo por separado el problema, desde Nanas&Co inciden en la importancia que tiene una reunión grupal del núcleo familiar. “para que todos tengan la oportunidad de decir lo que quieran”. Además, se trata de la mejor opción para establecer una revisión de las normas de convivencia que se están quebrando de forma evidente. “Pueden colgar estas normas en un espacio público, como la cocina, para recordar a todos su compromiso de ser una familia feliz y sana”, aconsejan desde la compañía especializada en selección de personal para el cuidado de niños.

Fomentar la empatía

La sociedad tiene un déficit cada vez más palpable de empatía, y esto se puede aplicar también al ámbito familiar. Según el Centro Psicológico Cepsim, “Es importante que los niños sean capaces de ponerse en el lugar de los demás, solo así podrán respetarlos y entenderlos”. Una forma eficaz para conseguirlo es darle la vuelta a la situación cuando un conflicto tenga lugar. “Por ejemplo, si insulta al hermano pregúntale cómo se sentiría él si le llamasen tal cosa. O si le tira arena pregúntale si a él le gustaría que le tirasen arena. Cualquier ocasión es buena para fomentar la reflexión sobre lo que pueden sentir los demás”, indican desde el centro psicológico.

Ofrece herramientas para solucionar los problemas

Aprovechar las situaciones que se dan en el presente para aprender en parte del abc de la educación. Y en los conflictos, ya no se pueden evitar los que acaban de ocurrir, pero sí es posible utilizarlos como aprendizaje para explicar por qué no está bien llegar a ese punto y para ofrecer herramientas sobre cómo gestionar ese tipo de situaciones a los niños. “Demuéstrales cómo podrían comprometerse, compartir o abordar una situación similar de una manera más positiva y adecuada”, recomiendan desde Nanas&Co. 

Dar ejemplo

Suena a obviedad, pero todavía se dan muchísimos casos en los que los adultos quieren imponer en sus hijos una forma de comportarse con el prójimo, en este caso su hermano o hermana, que luego no llevan a cabo ellos cuando tienen que resolver conflictos entre adultos. “De nada nos sirve decirles a los niños que no se peleen o no se insulten si nosotros estamos todo el día peleándonos. No hay mejor educación que el ejemplo, por lo tanto soluciona tus problemas de la misma forma que les pides a ellos que los solucionen”, exponen desde Cepsim.

Los castigos, en todo caso, deben ser privados

Todos los educadores y pedagogos estiman que el castigo debe ser, en todo caso, el último recurso para corregir un comportamiento determinado. En una situación de rivalidad entre hermanos, de ser necesarios, los castigos han de mantenerse en privado, según el equipo de Nanas&Co. “Esto puede avergonzar al niño delante de sus hermanos, creando una mayor animosidad entre ellos. Es el momento de dar una lección, no de hacer un anuncio”, indican.

Planifica momentos divertidos en familia

Compartir tiempo de calidad es la forma más efectiva de fortalecer el vínculo familiar y tejer hilos de unión que se habían descosido. “Las cenas familiares, los juegos de mesa, el tiempo en el parque y las actividades son una forma estupenda de que los niños establezcan vínculos y compartan recuerdos positivos juntos”, dicen desde Nanas&Co. De nada sirve estar bajo el mismo techo si no se comparten actividades con los niños de la casa y si no se fomente el juego también entre ellos. 

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