Educación del niño

Que tu hijo te pida perdón, no siempre es bueno

Lejos de parecer algo bueno, el hecho de que un hijo pida perdón a sus padres después de una discusión, lo considero más bien peligroso y máxime si es algo habitual. Te explico por qué.

Frases como “mamá, ¿me perdonas?” o “papá, ¿sigues enfadado conmigo?” pueden ser señales que nos alerten sobre el tipo de gestión que hemos hecho del conflicto. Pedir perdón lo podemos considerar una habilidad social, lo hacemos a diario, en una tienda, “perdona, me puedes ayudar…” por ejemplo.

Pero cuando se trata de algo más profundo donde somos conscientes del daño que hemos podido ocasionar a otra persona tenemos que hablar de “reparación de vínculos”. Esto va más allá de un simple “¿me perdonas?”, se requiere de cierta madurez, capacidad de introspección, capacidad de empatizar y de responsabilizarnos del daño generado.

Niña pidiendo perdón
Foto: Istock

La “reparación del vínculo afectivo” podemos decir que tiene dos características: reconocer que yo tengo algo que ver en el daño generado “siento lo que te he hecho sentir” y comprometerme con hacer cambios personales que nos ayuden a evitar o prevenir una situación similar en próximas ocasiones, como, por ejemplo, mejorar los hábitos saludables que nos permitan gestionar el estrés para tener mayor control de lo que decimos y hacemos.

A veces los hijos piden perdón porque sienten que es la única manera de recuperar el cariño de los padres, y por esto digo que lo veo peligroso porque ningún niño o niña debería sentir que el amor que sus padres sienten por ellos está en peligro de extinción cuando su comportamiento no es el adecuado.

Pedir perdón no puede ser como una moneda de cambio, “yo te digo lo que quieres oír y tú me devuelves el cariño que me has retirado”.

Si queremos que los niños desarrollen la empatía, la tienen que sentir profundamente en momentos de conflicto, donde aparentemente nos dan muchos motivos para estar enfadados y precisamente por eso, debemos encontrar muchos motivos para no retirar el afecto ya que es como un lubricante que va directo al desarrollo cerebral.

Practicando la reparación de vínculo afectivo como padres

  1. Hija, no me siento bien por la manera en la que te he tratado, te pido que me perdones, ¿hablamos de lo sucedido?
  2. Hija, soy consciente de que venía muy nerviosa y con mucha hambre, voy a procurar que mi entrada en casa sea más tranquila, estoy pensando en comer una fruta nada más llegar…
  3. Hijo, verte sin estudiar me ha enojado y te he juzgado antes de tiempo, voy a procurar preguntarte primero porque esta vez me he equivocado contigo, sin preguntarte te he juzgado…
  4. Hija, primero quiero hablarte sobre el trato que te he dado, no me gusta gritarte, también quiero que hablemos de lo que tú has hecho porque tenemos que pensar una solución juntas… ¿estás de ánimo para hablar?
  5. Hija, estoy muy preocupada por la desmotivación que tienes con los estudios, necesito que me digas cómo te puedo ayudar porque veo que exigiéndote no te ayudo.
  6. Hijo, últimamente me has mentido en varias ocasiones y no quiero que se convierta en algo habitual, quiero que hablemos de por qué evitas decirme la verdad y qué puedo hacer yo para que tengas confianza en mí…
  7. Hija, creo que esta semana hemos estado muy tensas las dos, tú por los exámenes y yo por el trabajo, ¿hacemos algo juntas el fin de semana para disfrutarnos?
Qué tener en cuenta cuando un niño pide perdón
Foto: Istock

Cuando este tipo de conversaciones se convierten en algo habitual, se normaliza este tipo de discursos donde se tiene en cuenta lo que hacemos sentir, nos hacemos cargo de ello, lo nombramos, reconocemos e intentamos hacer un cambio en nosotros que realmente da valor a ese “lo siento”.

Los hijos se sienten escuchados y tenidos en cuenta, experimentan la verdadera empatía a través de nuestras palabras y eso les ayuda a hablar de lo sucedido, explicar los motivos que los han llevado a actuar de una determinada manera o expresar lo que han sentido.

Digamos que “pedir perdón” es algo que hacen los niños más bien desde el miedo a perder el cariño de sus padres o con la intención de evitar un posible castigo, pero ahí no fomentamos la empatía ni el diálogo.

Pero si los padres practicamos la reparación de vínculo y normalizamos hablar de nuestras emociones en un entorno de respeto donde lo importante es hablar de lo sucedido, escucharse y ayudarse, cuando haya que asumir alguna consecuencia de reparación, como arreglar algo que se ha roto o limpiar algo que se ha ensuciado, será más fácil para el niño hablar con sus padres en lugar de pedirles perdón desde el miedo.

Leticia Garcés

Leticia Garcés

Pedagoga. En 2010 fundó Padres Formados, desde donde imparte cursos de  formación a familias y profesionales en temas relacionados con la Educación Emocional y la Parentalidad Positiva tanto presencial como online, a nivel nacional e internacional (Colombia y México).

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