Relaciones de familia

¿Quién dijo celos? Los hermanos también se protegen

Los hermanos tienen un sentido de la familia muy parecido al de la mafia siciliana. Desde muy pequeñitos sienten que deben aliarse y ¡ay de aquellos que se metan con su protegido!

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Más alla de los celos (inevitables los primeros años), la relación que se establece entre hermanos es intensa y maravillosa y, probablemente, perdurará toda la vida.

Un hermano es un contrincante, claro está, un adversario en los juegos, un rival que lucha por conseguir más patatas fritas o más besos de mamá. Pero también es un compañero, un confidente, un aliado frente a los padres, el amigo más fiel.

Todos estos ingredientes, los positivos y lo que no lo son tanto, hacen posible que se fragüe a fuego lento durante los primeros años de vida una relación muy especial que va más allá de la amistad.

Se pelean

Lucas (cuatro años) y Matías (tres años) se pasan el día a la gresca. Hoy se han levantado y se han peleado por ver quién es el primero que pasa al baño, en el desayuno Lucas ha protestado porque mamá le ha puesto más cereales a Matías y cuando van a entrar al ascensor Lucas ha empujado a su hermano porque este ha cogido su libro favorito y lo ha roto un poquito.

Mónica, su madre se desespera y piensa que algo está haciendo mal para que estos hermanos, que «en teoría deberían quererse, no se aguanten», dice.

Se protegen

Lo que Mónica no sabe es que sí, se quieren. Y muchísimo, además.

Estaría orgullosa si pudiera ver lo que ha ocurrido un poco más tarde en el cole: llega la hora del recreo y Matías, que está jugando con un balón, llora porque un niño mayor se lo ha quitado. Entonces interviene Lucas, quita el balón al niño y le dice: «lo tenía mi hermano». Matías le mira con admiración.

Esta escena la hemos visto miles de veces en el parque: hermanos que se protegen unos a otros, cuya relación, que en principio puede parecer inexistente (no juegan entre ellos y solo se dirigen la palabra para pelearse por la merienda), está tejida por hilos invisibles de cariño.

Se admiran

Los papeles de los hermanos están claros y nadie tiene nada que demostrar: el mayor es mayor y tiene garantizada la admiración del pequeño simplemente por existir. Si los padres favorecen una buena relación entre los dos, el menor suele confiar ciegamente en su hermano y lo toma como referencia para cualquier cosa.

Y el pequeño es pequeño y solo por eso el mayor entiende que necesita su ayuda para hacer cosas que «¡están chupadas!», piensa él con condescendencia. Así, el primogénito se convierte de repente en un maestro de la vida y nadie sabe de dónde le sale esa paciencia para ayudar a su torpe hermanito a hacer un puzle de ¡dos piezas!

Los papeles están claros: el mayor es el maestro, el que todo lo sabe, y el pequeño le admira solo por existir.

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