Rabietas infantiles

Rabietas infantiles: cómo gestionarlas fácilmente

Es normal que los niños/as tengan rabietas. Y algunas pueden aparecer antes de lo habitual. No obstante, saber atenderlas y gestionarlas es fundamental para los padres.

Uno de los temas que más preocupa a las familias es el de las rabietas, muchas veces se ven en situaciones apuradas y no saben cómo afrontarlas, gestionarlas, prevenirlas... Generalmente, las familias no se sienten preparadas y es algo que suele preocuparles bastante. No hay ninguna receta mágica pero sí existen pautas y “truquitos” para que las familias se sientan más seguras a la hora de manejar estas situaciones y acompañar a sus hijos e hijas.

Rabietas infantiles
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Siempre me gusta hablar utilizando el verbo “acompañar”, es la mejor manera de ayudar, guiar y preparar a la infancia; incluso si pensamos cuando las personas adultas nos enfrentamos a un nuevo trabajo, problema, situación… lo hacemos mejor si nos sentimos acompañados.

Primero debemos entender qué es una rabieta y por qué se produce, de esta manera, podremos ponernos en una posición mucho más comprensiva y empática puesto que tendremos otro punto de vista.

Si nos vamos al diccionario o consultamos en páginas dedicadas a gestión emocional qué es “una rabieta”, nos encontramos con esta definición: “Una rabieta se produce cuando una persona, ya sea niño, niña o adulto, no sabe expresar sus emociones de enfado y/o frustración de una manera apropiada y asertiva, y en lugar de eso da salida a esa emoción a través de un comportamiento inapropiado (gritando, pataleando, golpeando…)”.

En el caso de niños y niñas es normal que su lenguaje no esté desarrollado para poder comunicar cómo se sienten, de ahí la importancia de hablar y abordar las emociones (escribí un artículo hablando sobre ello); las personas adultas, es muy probable que no sean capaces de identificar cómo se sienten, aceptarlo y expresarlo de manera apropiada, puesto que no existe una correcta gestión emocional.

Ya sabemos cómo se da una rabieta, si la causa es el enfado (la más común), nos tenemos que preguntar de dónde viene ese enfado. No siempre será fácil identificar de dónde viene puesto que cada enfado es y se produce de una manera diferente, pero generalmente será por la falta de alguna necesidad o capricho.

Como personas adultas, debemos intentar y saber mantener la calma, muchas veces nos cuesta, pero debemos esforzarnos para ello, tenemos más herramientas que nuestro hijo e hija y debemos ser acompañantes en esta regulación emocional.

Aquí te nombro algunos de los puntos que considero más importantes cuando tengamos que gestionar una rabieta siempre actuando desde el respeto:

Consejos para gestionar las rabietas infantiles
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1. Tenemos que ver que nuestro hijo o hija está teniendo una rabieta, no lo hacen por gusto ni por retarnos a las personas adultas viendo dónde están nuestros límites. La rabieta no es agradable y no nos gusta tener la sensación de “pérdida de control”, debemos ponernos de su lado y no estar “a la defensiva”.

2. Siempre debemos ponernos a su altura de visión, es decir, debemos agacharnos y mirarlos a los ojos, este simple gesto, ya les relaja y les hace ver que le respetas y le estás entendiendo. Estar “de pie” frente a un niño o una niña nos hace transmitirles que “nos sentimos superiores”, de ahí la importancia de agacharnos, de esta forma, el niño o la niña se siente acompañado.

Nota: agacharnos para dirigirnos a los niños y niñas es lo primero que debemos hacer cuando vamos a hablar con ellos, no solo cuando se muestran enfadados o rabiosos, también para mantener una conversación. Nunca debemos juzgar una emoción, enfadarse NO es malo, es necesario. Lo que debemos hacer es que aprenda a identificar esa emoción, aceptarla y expresarla de forma apropiada (gestión y equilibrio emocional).

3. Debemos saber nombrar adecuadamente cada emoción, ninguna es negativa ni positiva, todas son necesarias. Poner nombre a las emociones calma nuestro cerebro porque ayuda al niño y la niña a entender qué le está pasando y así poder recuperar su control. Aprender a verbalizar lo que siente es muy importante para poder comunicarlo en situaciones futuras, así como poder prevenirlas.

4. La empatía es absolutamente necesaria puesto que es calmante, cuando la otra persona percibe que estamos siendo empáticos, su cuerpo se relaja. Este dato está probado científicamente, además si nos ponemos en situación, podemos verlo clarísimo: Cuando yo percibo que la otra persona está siendo empática conmigo porque me está intentando comprender, me siento calmada y más abierta a comunicarte con ella.

5. Razonar con tu hijo e hija es completamente imposible e innecesario cuando está en su momento de mayor intensidad, no lo hagas.

6. Además de agacharnos, podemos preguntarle mirándole a la altura de sus ojos “¿qué necesitas?”, “¿en qué puedo ayudarte?”. Ambas preguntas son clave para empezar la conversación, si nos responde (no siempre lo hacen), ya tenemos información valiosa para saber por dónde empezar.

Estas pautas no valen para todos los niños y niñas, cada uno reacciona de una manera diferente. En el caso de haber probado todo lo anterior y haber visto que no funciona, debemos respetarles dejándolos solos el tiempo necesario para que una vez hayan asumido la rabieta, hablemos “en frío”. De lo que sí debemos asegurarnos es de que no están en situación de peligro, de hacerse o de hacer daño a los demás o al entorno, pero sí debemos decirles que estamos a su lado si necesitan algo.

Espero que estos consejos te sirvan de ayuda para gestionar las rabietas de tus hijos e hijas y que entre todos consigamos una buena gestión emocional para conseguir su equilibrio.

Irene Alegría

Irene Alegría Mercé

Irene Alegría Mercé, maestra de Educación Primaria e Inglés con más de 14 años de experiencia en Valencia. Licenciada en Psicopedagogía, Máster en Gestión y Dirección de Centro Educativos recibiendo mención a mejor estudiante de postgrado de la Facultad de Ciencias Sociales por la Universidad Europea de Valencia. Postgrado de Mediación Escolar, Perito Judicial Infantil y Experta en Neuroeducación.

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