5-6 años

Rechaza los mimos (aunque los necesite)

5 minutos

Siempre han sido cariñosos y aún siguen buscando mimos a menudo. Pero en otras ocasiones, mamá o papá se acercan a darle una caricia y el niño la rechaza. ¿Por qué?

Rechaza los mimos (aunque los necesite)

Ya es hora de aceptar que a ellos no les gusta que les estemos sobando todo el tiempo. Los niños necesitan tener autonomía sobre su propio cuerpo. Deberían poder decidir, dentro de unos límites razonables, lo que se les hace o se les deja de hacer. Si los padres estamos todo el día encima de ellos, desoyendo sus protestas, interferiremos en este proceso.

Pero no nos confundamos. Para que los niños se desarrollen de forma saludable es necesario que los padres les demuestren su amor mediante elogios, palabras cariñosas, tiempo compartido y, por supuesto, contacto a través de la piel: los besos, caricias y abrazos son fundamentales.

¿Por qué se comportan así?

En los más pequeños es muy importante el contacto corporal, una necesidad tanto de los niños como de los padres, que también sienten deseos de ternura y roce físico.

 

El contacto físico es nuestra forma de comunicación más íntima e intensa. Si por falta de tiempo o porque nuestro carácter no es de «mostrar demasiado el cariño» (quizás a nosotros nos faltaron caricias de niños) escatimamos a nuestros hijos estas manifestaciones afectivas, estaremos dificultando que de mayores puedan relacionarse con soltura, que sepan dar y recibir afecto con la adecuada espontaneidad y expresividad corporal.

 

Así que en las manifestaciones físicas de afecto con los niños no cabe la exageración, no hay límite, es imposible demostrar demasiado cariño... solo hay que respetar el deseo del niño. No debemos invadirlos con nuestro contacto físico.

 

Un bebé puede ser acariciado en todo el cuerpo, pero a medida que crece los padres deben estar atentos. Las caricias y abrazos no deben hacerle sentirse violento. Y también hay que tener en cuenta la edad: no se puede acariciar y besar a un niño de cinco o seis años de la misma forma que si tuviera tres meses.

 

Su rechazo ocasional tiene una parte positiva, ya que indica que se siente independiente y no se deja manipular. Además, para los niños el afecto no es solo besos y abrazos, sino la demostración de amor y seguridad al saber que sus padres están ahí cuando los necesitan, que les prestan atención. Hay miradas y palabras que acarician más que un abrazo.

Una fase evolutiva

Las señales de desgana de los bebés son claras: apartan la cabeza o lloran. Y cuando son un poco mayores empujan o se retiran. Entre los tres y los seis años los niños siguen necesitando amor y afecto, pero no lo demuestran con tanta facilidad. Las causas de este cambio evolutivo son varias:

  • Empiezan a sentirse mayores y quieren que se les note, sobre todo si tienen hermanos pequeños, y cuando hay otros niños delante. Ya van al colegio y el mundo de los compañeros empieza a tomar importancia. Desean demostrar que no necesitan tantos mimos, no sea que les tomen por bebés.
  • Se controlan más, son menos espontáneos y también algo más vergonzosos, al tiempo que van aprendiendo a manejar sus emociones.
  • Necesitan mostrarse más independientes y autónomos, no estar siempre pegados a papá y mamá. Pasan más tiempo aventurándose lejos de ellos y menos dándoles besos y abrazos.
  • Hay altibajos en este comportamiento, y a menudo vuelven a reclamar achuchones y contacto físico. Siguen siendo niños y siguen necesitando nuestro cariño.
  • El rechazo a las caricias puede ser consecuencia de un malestar emocional, algo que los padres hayan hecho con o sin intención y que haya molestado al pequeño. Cuando un niño se retrae y elude todo contacto físico, a menudo es un signo de celos, envidia o desilusión, como ocurre muchas veces cuando nace un hermanito. Los padres han de estar atentos y, aunque esta crisis de celos es en parte inevitable, deben esforzarse por dedicarle tiempo y atención al hermano mayor a fin de hacérsela más llevadera.

¿Cómo deben actuar los padres?

  • Los niños pueden mostrar preferencias bien por papá o bien por mamá. Suele ser algo temporal y sin importancia. Los padres deben tomar la precaución de mostrarse siempre unidos ante su hijo. Y algo muy importante: el que se sienta preferido por el niño debe mostrar claramente su cariño por el otro progenitor.
  • El niño no debe tener nunca la impresión de que sus padres compiten por su cariño ni de que puede «separarlos», acaparar a uno de ellos o desplazar al otro con sus preferencias.
  • No respondamos con rechazo o chantajes del tipo: «si no me das un beso ahora no me lo pidas luego», o «así que ya no me quieres...».
  • Seamos comprensivos con sus cambios de actitud: abracémosles cuando notemos que lo aceptan y lo buscan de buen grado.
  • Importa nuestro deseo de achucharle, pero también el suyo. Debemos ser capaces de sintonizar con su mundo emocional; estamos ante una persona, no ante un muñeco ni ante una marioneta.
  • Recurramos a otras expresiones de afecto, además de besos y abrazos: una mano en el hombro, aceptar que se apoye en nosotros mientras vemos la tele o le leemos un cuento, dejar que remolonee en nuestra cama la mañana del domingo, dedicarle elogios y frases cariñosas...
  • Hagamos saber a nuestro hijo que le queremos siempre, pase lo que pase, y que es lo más importante para nosotros.

 

Etiquetas: autoestima

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