Sembrando el cambio en la educación: Mindfulness para niños

Educar a los niños en la relajación y la meditación, con la cantidad de estrés que hay en nuestras vidas, es importante. Que sean positivos y vean más allá de los obstáculos es una tarea de los profesores y los padres, quienes debemos ayudarles a orientar su manera de ver las cosas.

atención plena

Para educar a un niño necesitamos ir más allá de la transmisión de conocimientos, necesitamos acompañar su proceso de aprendizaje siendo sensibles a sus necesidades y desarrollo madurativo, tanto físico como cognitivo y emocional. Poner límites saludables desde la comprensión y contención, fomentar la pertenencia y la importancia de convertir el aula y el hogar en un lugar seguro donde poder ser acompañado en los años más importantes de su vida.

Los aprendizajes significativos vendrán derivados de las figuras de referencia con las que los niños se relacionen. El ambiente en el que se desarrolla y educa un niño cobra relevancia si nos centramos también en el desarrollo de su cerebro. Esto es debido a la neuroplasticidad cerebral. Los estudios de neurociencia nos indican que el cerebro es moldeable por las experiencias y puede aumentar las conexiones neuronales como consecuencia de la estimulación ambiental y, por el contrario, crear muchas deficiencias si no las facilitamos. Así, cada experiencia, cuenta.

Cada profesor, cada padre, cada madre y cada uno de nosotros tiene la responsabilidad de educar y cuidar a un niño como el tesoro que es. Tomando de referencia su potencial, sus cualidades y motivaciones, nutrir y cultivar su interioridad y su maduración emocional será la mejor inversión de futuro que le podamos ofrecer. Necesitamos ser conscientes de aquello que ofrecemos y, sobre todo, de cómo lo ofrecemos.

Lo importante en la educación, no debería ser impartir determinado currículo sino ofrecer las herramientas de descubrimiento y cambio interno con las que poder descubrir, potenciar y desarrollar las cualidades y preferencias de cada uno. No todos los niños serán buenos para las matemáticas, ni todos los niños tendrán talento para la música, pero seguro que cada uno de ellos tendrá aptitudes para un mundo descubierto por él mismo. La psicología positiva, en este sentido, nos indica que la felicidad viene de la mano de descubrir las fortalezas internas individuales y desarrollarlas. ¿Por qué, entonces, dedicamos tan poco espacio para cultivarlas?

A este respecto, cada vez hay más colegios y familias que creen en la potencialidad de ser conscientes de que el cambio empieza cada día por cada uno de nosotros. Por cómo estamos y cómo trasladamos el conocimiento sobre el mundo a los niños. Y en esto, la práctica de  mindfulness tiene mucho que ofrecer y reportar.

Cambiar su modo de vivir

Veamos, entonces, qué es mindfulness.

Mindfulness, o Atención Plena, es una habilidad del ser humano para estar de forma consciente en el presente, sin juicios y con una actitud de amabilidad hacia la experiencia. Más que una herramienta, es una filosofía y actitud de vida. Si lo contextualizamos en la educación, necesitaremos a educadores y padres conscientes que puedan ser de referencia para crear estos modelos de ser y estar frente a las situaciones y adversidades. Que puedan regularse y encontrar el equilibrio interno para ofrecer el entorno adecuado para fomentar estados de calma y regulación en el comportamiento de los niños.

La práctica de la Atención Plena favorece el desarrollo integral del niño. Su práctica no está centrada en obtener resultados sino en un cambio de relación con el mundo y la forma en que lo habitamos. Veamos qué beneficios puede aportarnos si lo aplicamos al entorno educativo, tanto en el aula como en casa: 

-          Mejora diferentes funciones ejecutivas del cerebro: la atención, la memoria y la flexibilidad mental.

-          Disminuye el estrés y la ansiedad.

-          Favorece la consciencia emocional y el cultivo de su equilibrio.

-          Mejora el clima del aula, favoreciendo el bienestar con uno mismo y con los demás.

-          Desarrolla la capacidad de reflexión, disminuyendo la reactividad y los impulsos.

-          Favorece la mejora del rendimiento académico y de la creatividad.

-          Promueve la concentración.

-          Potencia la empatía y la comprensión hacia los demás, favoreciendo conductas prosociales. 

Si queremos ver un cambio educativo, hemos de empezar hoy por construirlo. Cambiar adentro para cambiar afuera, somos los ojos a través de los que muchos niños ven el mundo.

Acompañémosles y brindemos la oportunidad de educar en comunidad. Cooperemos.

psicóloga belén

Artículo realizado por Belén Colomina | Psicóloga y terapeuta Gestalt. Autora del libro "Mindfulness para Familias. Una maravillosa expedición con miles de estrellas". 

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