El niño debe entender por qué está mal

¿Ha hecho una trastada? Antes de castigarle, hazle reflexionar

“Pero, ¿qué ha pasado aquí?”, preguntas a tus hijos embadurnados de pintura. Ellos no responden porque después de una trastada, hay que saber preguntar.

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“Pero, ¿se puede saber qué ha ocurrido aquí?”, preguntas a tus hijos cuando entras en la habitación en la que les has dejado hace tan solo unos minutos y te los encuentras pintados de arriba abajo.

Ellos te miran, pero no responden porque después de hacer una trastada, tienes que saber preguntar.

Tiene que pensar sobre lo ocurrido

La manera de hablar con el pequeño después de una trastada es fundamental para invitarle a reflexionar y darse cuenta de lo que ha hecho.

Si le damos todas las respuestas en nuestra “bronca”, no le dejamos pensar por sí mismo (“no puede ser que cada vez que toca cenar filete, lo acabes tirando al suelo, la alfombra está ya muy manchada y nos va a tocar comprar otra por tu culpa.”).

Estas son seis preguntas para invitar a pensar:

  1. ¿Qué ha pasado aquí?
  2. ¿Por qué ha pasado esto?
  3. ¿Qué se ha estropeado? (roto, ensuciado, etc..)
  4. ¿Está bien lo que ha pasado?
  5. ¿Cómo vamos a arreglarlo?
  6. ¿Qué vamos a hacer para que no pase más?

No siempre hay que pensar en términos de castigos

Hay muchas situaciones en las que no es necesario pensar en términos de “castigo” ni “consecuencias”, porque se solucionan mejor de otras maneras.

Por ejemplo, si el peque se niega a vestirse y tenemos que salir rápido de casa porque hemos quedado, lo mejor es emplear técnicas como el humor, los juegos, la música, etc… antes que insistir, enfadarnos o amenazarle con lo que pasará si no se viste. 

Otras trastadas como la fijación con un interruptor de la luz o ir siempre al mismo cajón para abrirlo y cerrarlo aunque le hemos dicho mil veces que no lo haga, son conductas que, por lo general, se mantienen porque nuestras reacciones son intensas.

En estos casos, o bien impedimos el acceso físico a aquello que no queremos que toque (si hay peligro), o bien dejamos de prestar atención al niño en esos momentos y desviamos nuestro interés a otras cosas (“mira, qué atardecer más bonito, podemos dibujar estos colores!”), a los pocos días su “obsesión” desaparecerá.

 

Etiquetas: familia

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