El cerebro de los niños

Cómo decide el cerebro lo que debe recordar y olvidar

El cerebro aprovecha el sueño para poner en orden toda la maquinaria, entre ellas ordenar los recuerdos, priorizarlos u olvidarlos.

Un nuevo estudio de la Universidad de Cambridge y que ha sido liderado por una científica española, Ana González-Rueda, llega a la conclusión de que, cuando dormimos, las conexiones neuronales que recogen información importante se fortalecen y las creadas a partir de datos irrelevantes se debilitan hasta perderse.

Esto significa que durante las horas de sueño el cerebro refuerza o discrimina la información recibida a lo largo del día, creando recuerdos o eliminando todo aquello que le parece poco importante.

Durante el día recibimos muchísima información, miles y millones de datos que llegan al cerebro, el cual crea conexiones neuronales a partir de lo recibido. De esa manera, cuando dormimos el cerebro refuerza las conexiones neuronales que haya creado con la información que considera relevante y debilita las conexiones neuronales de las señales informativas consideradas irrelevantes y, al no tener sentido que se conserven, el cerebro acabará eliminándolas para no sobrecargarse.

Es decir, que es el cerebro el que discrimina la información importante y la que no y, en consecuencia, la conserva o la desecha.

Hasta este descubrimiento existían diferentes hipótesis: unas aseguraban que el cerebro aprovechaba las horas de sueño para modificar las conexiones neuronales de la información recibida durante el día y reforzarlas todas y la otra sostenía que, por el contrario, estas se reducían.

¿Cómo discrimina o elige el cerebro qué información guarda y cuál no?

El grupo de investigación de Ole Paulsen ha encontrado, por fin, cómo el cerebro discrimina durante el sueño la información recibida y convierte la relevante en recuerdos nuevos sin necesidad de eliminar ni interferir en los anteriores recuerdos creados.

Este estudio, publicado en la revista Neuron, afirma en palabras de la propia Ana González-Rueda, que “durante mucho tiempo se pensaba que dormir ayudaba a reforzar los recuerdos dentro del cerebro, pero los mecanismos reales de cómo pasaba no estaban claros”. Durante las horas que estamos despiertos interactuamos con el mundo, aprendemos y absorbemos información y las conexiones entre las neuronas se forman espontáneamente o se modifican para crear la base de los recuerdos, “Dado que constantemente estamos expuestos a nueva información, nuestro cerebro estaría sobrecargado si mantuviera todas estas conexiones recién formadas”, asegura la doctora González-Rueda.

Para este estudio se midió la actividad sináptica en ratones anestesiados con una sustancia que replica el cerebro dormido y se descubrió que solo las conexiones más fuertes formadas durante el día se mantenían durante el sueño. Encontraron que durante el sueño de onda lenta, es decir cuando el descanso es más profundo, los grupos de neuronas se reactivaban de manera similar a como lo hacen al despertar, “la coincidencia de la actividad neuronal promueve el refinamiento de las conexiones neuronales permitiendo un almacenamiento más eficiente de información importante y la eliminación de conexiones irrelevantes” explica la líder de este estudio.

Así que sí, el cerebro ‘repara’ durante el sueño las conexiones generadas durante el día y descarta las más débiles para garantizar que los recuerdos fuertes se consoliden en su lugar.

Las conexiones creadas durante el día se refuerzan a medida que interactuamos con los demás y con lo que nos rodea, esta nueva información, conceptos y recuerdos se codifican en esas conexiones neuronales dinámicas que nuestro cerebro crea. Aunque el cerebro tiene una capacidad inmensa de almacenar información, esta no es infinita por lo que, necesariamente, ha de eliminarse alguna.

Para el cerebro es intuitivamente obvio qué información es suficientemente relevante para ser almacenada y cuál será ignorada y, por lo tanto, posteriormente olvidada; para ello usa una serie de reglas en las que tiene en cuenta, entre otras cosas, el costo energético que se realiza al almacenar la información y el impacto que tuvo esta en nosotros al recibirla.

Además, este estudio ha parecido demostrar que este tipo de actividad se desarrolla durante el sueño. Usando electrofisiología in vivo y estimulación óptica en ratones, González-Rueda y su equipo encontraron que la actividad cerebral específica que ocurre durante el sueño de onda lenta (el sueño profundo) promueve el debilitamiento de las conexiones sin importancia manteniendo los pesos sinápticos más fuertes de las conexiones que codifican información esencial.

Así que podemos concluir que no, todo lo que aprendemos durante el día no lo recordaremos dentro de unos meses, solo aquello que haya tenido el impacto suficiente en nuestra vida como para que el cerebro lo considere relevante y, así, lo transforme en recuerdo.

 

Fuente: National Center for Biotechnology Information, University of Cambridge

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