Consejos de ayuda

Si quieres que tu hijo se calme, primero hazlo tú

Es muy habitual acabar perdiendo los nervios cuando los niños están en plena rabieta, pero hay que recordar que en todo momento debemos ser su mejor ejemplo. Mira estos consejos.

madre e hijo
Fuente: iStock

Gritar a un niño para decirle que no grite o pedirle que se calme cuando nosotros mismos estamos nerviosos es una manera muy poco efectiva de conseguir que se tranquilice. ¿Cómo hacer que un niño se calme si sus figuras de referencia no tienen autocontrol? Veamos más acerca de ello.

La realidad es que es mucho más común de lo que pueda parecer: padres que exigen a sus hijos que se tranquilicen y sepan controlar sus emociones, cuando ellos mismos no pueden controlar las suyas.

Es verdad que saber no perder los nervios cuando los niños tienen una rabieta es difícil, sobre todo cuando son rutinarias.

Pero tengamos en cuenta algo, los padres son para los niños sus modelos de conducta, sus figuras de referencia, y aunque a veces no nos demos cuenta, sus ojos siempre nos están observando. Los niños pequeños son como pequeñas esponjas, y aprenden de todo lo que ven y oyen.

Por lo tanto, cuando tú te enfadas y no controlas tu ira, tus hijos también se dan cuenta de ello. Y aunque todos sabemos que no es fácil controlarse, que puedes estar cansado y estresado en un momento dado, es muy importante intentar calmarse porque los que no tienen esas herramientas para saber gestionar sus emociones son los más pequeños y tú eres el que debe enseñárselas.

Aunque sea difícil, hay que tener siempre presente que tú eres su ejemplo. Y sí, puede que tú estés enfadado y te cueste tener paciencia, pero lo que vale es cómo tú manejas tu enfado. Gritar y ponerse nervioso solo hará que los niños quieran hacer lo mismo.

Consejos para que tu hijo se calme

Imagina que tu hijo está enfadado, que está pasando por una rabieta y, por lo tanto, que está alterado. Lo que debes tener en cuenta es que, para poder ayudarlo a él a calmarse, primero tienes que calmarte tú. Piensa que partiendo de esa base todo será mucho más fácil.

Para ello, respira hondo (cuenta hasta 10, o hasta 20 si es necesario) y agáchate. Si te pones a su altura y le hablas mirándole directamente a los ojos, le llegará mucho más lo que le quieras decir. Recuerda que, de los dos, tú eres la persona adulta y eres quien debe guiarlo a él.

Ahora aprovecha para hablar de las emociones, explícale que eso que está sintiendo es enfado, ira o rabia y trata de encontrar el motivo por el que se siente así. Sea cual sea la razón, nunca la menosprecies, para él, esa pequeña frustración es enorme y debe sentirte comprendido y apoyado.

Detrás de ese enfado, seguramente haya necesidad de cariño, por lo que también puedes aprovechar para darle un abrazo mientras seguís hablando, le ayudará mucho a calmarse y a sentirse relajado.

De esta forma, el peque se sentirá más receptivo y poco a poco irá aprendiendo a gestionar las emociones. Además, aprenderá algo muy importante: que si tú puedes controlar los sentimientos, y saber calmarte, él también podrá. Actuar calmado y siendo un buen ejemplo es la mejor técnica que puedes utilizar.

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Claudia Escribano

Periodista y curiosa. Aunque lo último es por naturaleza, para eso no existen títulos universitarios. Me encanta descubrir cosas nuevas y transmitirlas a los demás. Y para eso utilizo las palabras, la fotografía o todo aquello que me permita comunicar. ¡Mi objetivo aquí es haceros llegar muchas de ellas!

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