Psicología infantil

Sobreproteger no es querer demasiado, es lastimar queriendo

La sobreprotección se puede definir en una frase simple, “darle o hacer al hijo lo que la madre o padre necesita para estar bien pero que el niño no necesita para crecer”.

Seguro que lo has visto muchas veces, el niño está corriendo en el parque, lleva toda la tarde jugando y empieza a refrescar, su madre empieza a tener frío porque ha estado quieta observando a su hijo, pero sin apenas moverse y como ella tiene frío quiere que el niño se ponga el abrigo. Si logra que se lo ponga ella estará tranquila aunque si lo piensas bien el niño no lo necesita y no es tan probable que si no se lo pone se vaya a enfriar porque cuando empieza a hacer frío de verdad directamente se irán a casa.

Sobreproteger
Foto: Istock

Una madre o padre que tiende a sobreproteger siempre tiene la intención de proteger, pero lo que le mueve no siempre es el amor sino el miedo a que a su hijo le pase algo malo, si por ellos fuera, le evitarían todas las frustraciones, males y daños posibles.

Por eso me gustaría que veamos lo importante que es entender que nuestros hijos cuando se frustran no sufren, más bien sufren cuando no les dejamos frustrarse o no los acompañamos cuando se sientan mal, de ahí el titular del artículo, “sobreproteger no es querer demasiado, es lastimar queriendo”.

Cuando un hijo se hace daño, tienes la oportunidad de mostrarle tu empatía

Sobre todo lo vemos mucho en los niños pequeños, hasta los tres años tenemos que estar muy pendientes, observando de cerca porque la probabilidad de que se caigan y se hagan daño es mayor, pero conforme se acercan a los seis años su curiosidad y necesidad de explorar aumenta y precisamente por eso, les tenemos que dejar un poco más de espacio y confianza para que descubran sus destrezas, pongan a prueba sus capacidades motrices y tomen ciertos riesgos dentro de unos límites seguros.

Muchas veces oímos a padres gritar “ten cuidado que te vas a caer”, “no corras que te caes” o “si te caes no me vengas llorando que llevo tiempo advirtiéndote”. Nada de esto le ayuda al niño a tener más cuidado y a explorar con atención, generalmente el padre habla desde el miedo a que su hijo se haga daño, pero hay que tener presente que enseñar a tener cuidado se hace desde el amor.

Esta es la parte sobre la que quiero reflexionar, partiendo de la idea de que no podemos evitar todos los peligros, sí podemos delimitar el espacio de juego con unos límites claros, “hijo puedes jugar en este espacio”, “si te vas a subir a las anillas quiero que me avises para estar pendiente” o “puedes correr hasta donde yo te vea”. Los niños necesitan escuchar más veces lo que sí pueden hacer que lo que no pueden hacer.

Estos límites les ayudan a situarse mejor pero aun así su curiosidad los llevará a asumir ciertos riesgos, nuestras advertencias son para cuidarlos, no para evitar que se hagan daño siempre, por eso aunque le hayas querido hacer consciente de que se puede hacer daño, seguramente se caerá y llorará.  En este momento es posible que tu propia frustración te juegue una mala pasada y te salga responder de forma autoritaria “te lo he dicho, no me haces caso, esto te pasa por no hacerme caso” o de forma sobreprotectora “pobrecito, cuánto daño te has hecho, es que todavía eres pequeño para jugar a esto…”.

Sobreproteger a los niños
Foto: Istock

Ante esta hipotética situación quiero invitarte a que no la desaproveches si te sucede, es tu gran oportunidad para aportar al cerebro de tu hijo una experiencia empática, para convertirte en un puerto seguro, en una vía de descanso, en un espacio libre de juicios donde no importa tanto por qué se ha caído, sino que se ha hecho daño al caer. El niño se llevará una experiencia vital que sumadas a otras le harán consciente de que lo que él siente importa, es escuchado y tenido en cuenta.

El dolor en este caso se convierte en su maestro, quizás no ha medido bien su fuerza, ha corrido demasiado, no se ha fijado que había piedras en el suelo, pero con una experiencia dolorosa bien acompañada también aprende.

¿Qué aprende un niño cuando se hace daño por no escuchar la advertencia del adulto?

  1. Que cuando sufre un accidente no tiene que temer a sus padres, puede confiar en ellos y llorar con tranquilidad porque lo único importante en ese momento es que se le pase el dolor.
  2. Que cuando le pasa algo desagradable es probable que traiga también una enseñanza que más tarde pueda compartir con sus padres, poder hablar que la decisión que ha tomado le ha puesto en peligro es una conversación que ayuda mucho.
  3. Que no haber tenido en cuenta una instrucción le ha hecho asumir la consecuencia natural de sufrir un daño
  4. Que no se ha portado mal por no hacer caso a sus padres, pero que no haberlos tenido en cuenta le ha generado pasar un mal rato
  5. Que lo importante es atender el dolor y luego reflexionar sobre el camino recorrido, ¿se podía haber evitado?

Cuando no logras evitar una frustración o accidente a tu hijo, atiende tu malestar también, puede que te sientas culpable por no haberlo podido evitar, yo aún recuerdo cuando mi hijo pequeño se hizo una brecha estando cuatro adultos con él, ¿nadie lo pudo evitar? su cicatriz es la evidencia de que no, cuando le cosían yo lloraba de la rabia que sentía por no haberlo podido evitar, pero pude perdonármelo, porque de eso se trata también, de aceptar que no siempre podemos protegerlos.

También te puede interesar:
Leticia Garcés

Leticia Garcés

Pedagoga. En 2010 fundó Padres Formados, desde donde imparte cursos de  formación a familias y profesionales en temas relacionados con la Educación Emocional y la Parentalidad Positiva tanto presencial como online, a nivel nacional e internacional (Colombia y México).

Continúa leyendo