Educación en valores

Tabla de recompensas, ¿una solución a corto o a largo plazo?

La tabla de recompensas es un método efectivo para enseñar a los niños cómo y cuándo deben realizar sus tareas diarias, pero ¿los resultados se mantienen en el tiempo?

Crear buenos hábitos en los niños desde que son muy pequeños puede ser algo complicado, ya que para nada es una tarea sencilla. Hay que armarse de paciencia y disponerse a tolerar una buena cantidad de berrinches, rabietas, negativas y actitudes negativas y desafiantes. Las tablas de recompensas o de incentivos son uno de los medios que se utilizan para este fin. Este sistema de puntos es muy visual y les muestra aquellos objetivos que deben cumplir, por ejemplo lavarse los dientes, levantarse sin problemas para ir al colegio, recoger sus juguetes o la mesa…, para obtener algo que deseen y que reconozca su buen hacer o su buen comportamiento.

A medida que el niño vaya cumpliendo las metas establecidas, se le otorga un indicativo, bien un punto o una pegatina, que él mismo se encargará de dibujar o pegar en la tabla de recompensas. Al llegar a un número de puntos que previamente se haya consensuado con el menor, este recibirá un pequeño, o gran, premio, como elegir una película el sábado o disfrutar de su plato favorito. De esta manera, se refuerzan las conductas positivas en lugar de castigar aquellas negativas. Pero, ¿esta técnica le está permitiendo desarrollar hábitos y valores de forma sólida?

Una solución rápida

Educar a los hijos es una carrera de fondo y, en ocasiones, puede ser desesperante, por lo que este sistema se convierte en una herramienta muy útil, pero antes de utilizarlo habría que cuestionarse qué se le está enseñando realmente cuando se está premiando su buen comportamiento. ¿Se le está ayudando a desarrollar habilidades y herramientas vitales para sí mismo solamente para conseguir una recompensa? ¿Hasta qué punto esto es beneficioso? ¿Durante cuánto tiempo se podrá mantener? ¿Y qué pasará cuando ya no se le recompense por realizar las tareas básicas?

El método funciona en la mayoría de los casos, es una ayuda rápida y eficaz. Pero generalmente es una solución que se utiliza a corto plazo, para resolver un problema momentáneo, como que el pequeño arme un berrinche todas las mañanas porque no quiere ir al colegio, y sus resultados, como es de esperar, también suelen serlo. En el instante en el que este sistema se suspende, las conductas disruptivas suelen volver a aparecer. 

Realmente, la motivación que supone el premio es un mero aliciente que puede llevar a engaño, ya que mientras la obtiene, el menor percibe que su esfuerzo se compensa; pero una vez desaparece ese incentivo, la motivación también lo hace. Sí, para los padres este es un método cómodo y eficiente para conseguir que el niño obedezca, pero no fomenta su aprendizaje ni favorecer su verdadero bienestar, puesto que el premio impide la comprensión ética del propio comportamiento. Lo adecuado, aunque costoso, sería tratar de inculcarle valores que le animen a realizar las tareas por el propio beneficio que conllevan para sí mismo y su autonomía, como vestirse o hacer los deberes, y a comportarse adecuadamente. Para ello, hay que tener en cuenta que su principal vía de aprendizaje es la imitación y que los padres serán el primer espejo en el que se mirarán y las figuras de las que van a tomar ejemplo.

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