Poner el árbol, reunirse con la familia, los Reyes Magos...

Tiene tres años... ¡Ya disfruta de la Navidad!

Podría decirse que las de los tres años son las primeras fiestas navideñas de un niño: por fin tiene edad para vivirlas plenamente. Además, las navidades encajan a la perfección con la forma de relacionarse con el mundo de los niños de esta edad.

Tiene tres años... ¡Ya disfruta de la Navidad!

El año pasado sus zapatos amanecieron llenos de juguetes, pero él no le dio importancia. Es posible que nos pasáramos la Navidad poniendo los ojos como platos y gritando: «¡mira qué luces, qué figuras, qué regalos...!», ante su curiosa (y efímera) mirada. Pero este año no pasará. Nuestro hijo tiene ya tres años, y se emocionará más que nosotros.

¿Por qué se divierten más a partir de los tres años?

A esta edad, el niño ha empezado a desarrollar el juego simbólico, es decir, a disfrutar interpretando lo que no está. Así que la Navidad, esa gran historia representada socialmente con un Belén en cada esquina, un banquete en cada casa, luces por todas partes, es… ¡como un juego simbólico en el que participan todos!

Ambiente navideño

Los cambios físicos que acompañan a estas fechas también le producen gran excitación, sobre todo la transformación del paisaje urbano: belenes, luces, música y Papás Noeles crean un ambiente festivo en todos los rincones de la ciudad.

Y el 5 de enero tiene lugar la última gran representación: las calles se cierran al tráfico para dar paso a la Cabalgata de los Reyes Magos. Este año ya saltarán emocionados frente a las carrozas de Melchor, Gaspar y Baltasar y se agacharán a coger caramelos. Ya son uno más.

Fuera rutinas

A partir de los tres años, los niños tienen edad de sobra para disfrutar del abandono de las rutinas sin que les suponga un descalabro, aunque debemos procurar que la cosa no se desmadre demasiado.

  • Junto a la nueva y elástica hora de acostarse y la variedad en la mesa, también les gusta eso de no tener que ir al cole y poder estar mucho más tiempo en una casa diferente a la de todos los días, llena de luces y de regalos.
  • Disfrutan de lo lindo acompañándonos a realizar todo tipo de encargos y tareas, sobre todo si son por el barrio.
  • Ayudan a poner el árbol de navidad, el belén, las guirnaldas.
  • Ven pelis especiales con papá y mamá.
  • Echan una mano en la cocina.
  • Salen a comprar «preparativos», regalos, o simplemente a pasear.

Cambios, con límites

Pero algunos planes no les apasionan tanto:

  • Demasiadas compras les cansan, y los grande almacenes, en dosis altas, les marean, así que habrá que limitarlos un poco.
  • Pueden agobiarse ante demasiados cambios. Para que se adapten sin problemas, necesitan que les hagamos partícipes de lo que está ocurriendo, porque mientras tomen parte no pondrán ninguna pega. Pero si empiezan a ser traídos y llevados de aquí para allá, sin más, pueden rebelarse: ¡ya no son bebés!

Reuniones familiares

Los multitudinarios encuentros familiares les descubren una nueva esfera de interrelación entre las personas… La experiencia de tener una familia más extensa les aporta una profunda sensación de seguridad y protección. Es un paso más allá de papá y mamá, o de las relaciones que han establecido en el cole.

El pequeño se siente feliz rodeado de los suyos y va desarrollando el sentimiento de pertenecer a un grupo más amplio.

¿Qué es la Navidad?

  • Con tres, y sobre todo con cuatro años, lo más probable es que pregunten en cualquier momento a qué se debe la fiesta, ya que no parece un cumpleaños; quiénes son los del belén; por qué metemos un árbol dentro de casa...
  • Explicar la Navidad hoy en día es difícil, sobre todo si no somos creyentes. Aun así, es muy importante contarles la historia, el sentido de lo que hacemos.
  • Entienden a la perfección la historia sencilla y lineal del niño que nació en un establo y los Reyes Magos que le llevaron regalos. No tenemos que entrar en grandes explicaciones teológicas: la carga religiosa que le demos a la historia es cosa nuestra.

Junto a este sentido, no debemos olvidar transmitir a nuestros hijos los valores universales que representan las fechas: Familia, Alegría, Paz, Amor son conceptos que, en estos días, se materializan un poco más. En realidad, será eso lo que ellos recuerden más tarde: el ambiente que conseguimos crear en nuestra casa.

¿Quién trae los juguetes?

En su universo caben todos y no es necesario optar por una sola versión. La oferta cultural y de criterio les eriquece. Pero tampoco debemos decantarnos por una cosa cada año (Reyes Magos, Papá Noel, Olentzero...). Para cobrar fuerza, los «ritos» han de tener continuidad.

Además, la emoción es mucho mayor si se sabe cuándo va a llegar lo que se desea. Los niños esperan regalos y señalar la fecha en el calendario, ver pasar los días poco a poco... hace que desarrollen la paciencia y que valoren más los regalos.

¿Qué regalos quieren?

Padres y familiares, todos queremos comprar lo más nuevo, lo más grande, lo mejor... Pero el empacho del día de Reyes puede ser monumental. Si se encuentran con muchas cosas se bloquean, incluso pueden sentirse abatidos ante tantos estímulos.

Una buena opción es limitar los regalos a uno por persona e, ignorando la publicidad, preguntarnos por lo que más les puede gustar. En contra de lo que pensamos, no son los regalos con cientos de accesorios (destinados a perderse), sino aquéllos sencillos que le permiten desarrollar su imaginación.

A los 5, 6 y 7 años, querrán muchas cosas; pero a los 3 ó 4 años, lo normal es que piensen en un solo regalo (una muñeca, un camión, un piano, un...), aunque repita «quiero eso» ante todos los anuncios de juguetes de la tele.

Vuelta a las rutinas

En algún momento llega la hora de volver a la vida cotidiana. Según haya sido el cambio, así será la vuelta. Si no nos hemos apartado demasiado de la norma, podemos retomar las rutinas anteriores en un día (ya las tenían muy asentadas). Si el cambio ha sido más radical, necesitaremos preparar a nuestro hijo paulatinamente, algunos días antes de volver al cole.

 

Asesores: Francisco José Mariano Romero, profesor de Educación Infantil. José González, psicólogo.

 

 

Etiquetas: familia

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