Educación en valores

Tolerancia al no, ¿cómo evitar la frustración?

Los límites y las normas son imprescindibles en la educación de los hijos, pero a más de un niño se le atraganta demasiado a menudo la palabra 'no'.

Como padres es muy importante saber decir ‘no’, establecer normas y marcar límites, en definitiva, ser una figura de autoridad para los hijos; teniendo claro que esto no es sinónimo de imponer sin mayor explicación, gritar o castigar. Pero hay quien confunde la disciplina positiva con una evitación sistemática de situaciones que pudieran ser conflictivas, entre ellas el temido ‘no’, dispuesto a causar más de una rabieta. Por ejemplo, muchos usan pequeñas mentiras piadosas. Antes de explicarles que no es posible visitar el parque de atracciones el fin de semana, optan por decirles simplemente que está cerrado. Y no, no está cerrado. O les realizan promesas fugaces con la esperanza de que encuentren pronto otra distracción que les haga olvidar esas palabras lo antes posible. Y no, eso no es disciplina positiva.

Al evitar el término ‘no’, se está privando a los niños de muchas herramientas que les pueden ayudar a la hora de autogestionar sus emociones, expectativas y comportamientos. En definitiva, se está fomentando una alta exigencia y una baja tolerancia a la frustración. Sin embargo, esta tendencia, quizás, solo sea el reflejo de la poca tolerancia a la frustración de los propios padres, quienes quieren eludir conflictos a toda costa, a pesar de que durante la infancia es de esperar que los más pequeños se muestren algo rebeldes, pretendan “salirse siempre con la suya” y detesten las negativas. 

La frustración como tal no se puede evitar, pero sí se puede entrenar la tolerancia a la misma, acompañándoles en el proceso de aprendizaje y sosteniendo un buen criterio. Por eso es importante decir ‘no’ cuando es necesario y explicar los motivos o razones por las que esa negativa está justificada. Hay que alejarse del “porque lo digo yo” o el “ya lo entenderás cuando seas mayor”, una justificación lógica, contextualizada y argumentada, preferiblemente adaptada a un lenguaje que facilite su comprensión, zanjará el tema mucho antes. Para los niños, aceptar cada negativa será complicado, incluso esta puede desencadenar una rabieta, ya que es su manera de expresar aquellas emociones que no pueden controlar, pero sin duda les ayudará a entender que deben respetar las normas y los límites.

El 'no' es necesario

Los límites ayudan a los niños a sentirse seguros y a conocer cómo deben relacionarse e interactuar con el mundo. Las negativas provenientes de los padres, una figura de autoridad, les ayudan a configurar su comportamiento y a adquirir valores que les serán útiles en su día a día. Para que el proceso de aceptación sea más sencillo es imprescindible mantener la calma y no levantar la voz, sino utilizar un tono firme si la situación lo requiere. Asimismo, la norma no debe modificarse una vez esté fijada, simplemente porque podría confundir a los niños, quienes pueden interpretar de forma errónea este cambio de opinión, otorgándole la victoria a su insistencia o a su berrinche. En el mismo sentido, la coherencia es lo más importante, se trata de decir y hacer lo mismo; así como la comprensión que se debe mostrar hacia las reacciones de los más pequeños, acompañándolas y realizando una escucha activa de sus motivaciones y sentimientos. La proposición de alternativas a sus demandas puede ser una técnica que les ayude a canalizar su frustración, es decir, a la vez que se les indica que no es posible acudir al parque, se le propone un juego con el que puedan divertirse en casa.

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