Una mirada personal

¿Tratamos bien a nuestros hijos?

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La actriz Maritza Rodríguez nos cuenta cómo debe ser, bajo su punto de vista, la educación en casa. Pese que hay que regañarles cuando consideremos oportuno, educarles desde el amor y el respeto es primordial para su posterior desarrollo.

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Maritza

Qué pregunta. Seguramente no nos detenemos un segundo a evaluarlo o siquiera a cuestionarlo, damos por hecho que a nuestros hijos hay que tratarlos simplemente como “hijos” con dureza, con premios o castigos, como en una dictadura donde prima la autoridad, la obediencia sin compasión y con ausencia de amor. 

Quiero darles tres puntos que me parecen respetables para tener un balance entre la severidad y la bondad para así crear una relación en armonía con ellos.

El amor

Siempre hago énfasis en el amor a la hora de tratar a nuestros hijos. Me parece que la relación interpersonal con ellos viene desde el momento de la procreación, pensarán que esto es una locura, pero no. Los pensamientos a nivel semilla en ese momento son una manera no potencializada de sus deseos, de su energía, que luego los vamos a ver plasmados en la realidad cuando ellos salen al mundo exterior, solo que en el camino, agobiados por la rutina de la nueva dinámica de nuestros hijos, lo olvidamos y la armonía que visualizábamos en el amor antes de traerlos al mundo se ve reemplazada por las emociones que nos traen las desveladas, el cansancio, la falta de paciencia , los pañales, la rutina de madre primeriza, etc. Aunque esa es una fuerte realidad, no deberíamos permitir que esas emociones sean la fuente que nos mueva a la hora de hablar o tratar a nuestros hijos.

 Oímos  hablar que las madres hacemos grandes sacrificios por nuestros hijos, como por ejemplo dejar de estudiar, trabajar el doble, limitarnos en gastos, en fin; pero para mi existe un tipo de sacrifico mas difícil, el sacrificar la emoción visceral que nos activan las situaciones externas de nuestro día a día y poner por encima el amor. Cuando el amor nos abandona y nos posee la ira, la impaciencia, la impotencia, la frustración, gritamos a nuestros hijos, los golpeamos, los tratamos con mucha violencia, somos muy severos con ellos y la compasión se esfuma al momento de una corrección o castigo.

El respeto

Cuando uno es pequeño los padres siempre nos dicen: “tienes que respetarnos”. Sí, es cierto, uno debe respetar a los padres, de hecho es un mandamiento ordenado por El Creador para cualquier religión, y no se discute; pero hay una diferencia entre “debes” y “tienes”.

El primer contacto, la primera relación que el niño tiene con el mundo es con sus padres y lo que le enseñemos en casa acerca del respeto es tan importante para sus vidas que ellos la tomarán de modelo para respetar a los demás. Por lo tanto, el mensaje no debería ser de obligación, de imposición, sino de amor de consideración y valoración. Respetemos a nuestros hijos, hagámosles sentir que son valorados, que nazca en ellos el respeto desde el amor, escuchémoslos, démosle su lugar.

Mi pertenencia, "mío"

Las madres siempre nos referimos a los hijos con el adjetivo“mío”, "¡Mi hijo es mío no es de nadie más!". Por ejemplo: ¿qué le hicieron a mi hijo? Con esto demostramos que es de nuestra posesión y de esa misma forma les tratamos como si fueran algo que está en nuestro pode. Por tanto, el niño tiene que actuar , pensar, sentir, hablar, comportarse como yo digo y quiero, porque es mío.

 Y aquí hay algo que es muy difícil entender para los padres: realmente ellos no son nuestros, sino de El Creador. Él nos los da para crecer espiritualmente y en otra ocasión profundizaremos en esto. O actuamos como los abuelos, que son solo amor con los nietos y nunca son agresivos, ni violentos, porque como ellos no sienten que son de ellos, sino que son prestados, entonces tratan a los nietos en libertad, sin gobierno, ni dictadura,  los abuelos  les escuchan, les permiten ser auténticos, conversan con ellos, les enseñan educación y a comportarse, pero los niños son libres.

Al tratar a nuestros hijos como seres humanos independientes, con amor, despertando en ellos el valor, el respeto, la autenticidad de su ser, tendremos no solo relaciones positivas con nuestros hijos, sino que ganaremos unos hombres del mañana seguros, libres, capaces de construir una personalidad sólida, con coraje para enfrentarse al mundo en el amor para con los demás.

 El balance de la disciplina, la guía para nuestros hijos esta en el amor.

Maritza Rodríguez es actriz nacida en Colombia, madre de gemelos, mujer, esposa y empresaria. Descubre más sobre ella en su blog.

Etiquetas: familia

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