Educación del niño

Tres castigos que no funcionan

Ya sabemos que el castigo no es, precisamente, la mejor forma de educar. Pero, ¿cuáles son algunos de los castigos más comunes, que no funcionan absolutamente para nada?

A nivel personal no suelo utilizar el castigo con mis hijos, creo firmemente en su gran poder para destruir las relaciones, en su impacto negativo y en su efectividad para obstaculizar los canales de comunicación, por lo tanto tengo claro que no quiero usar para educar algo que tiene un poder tan grande para dañar.

Tres castigos que no funcionan
Foto: Istock

Profesionalmente tampoco lo suelo recomendar, más bien lo desaconsejo pero entiendo que a una persona que ha sido educada bajo el paraguas del autoritarismo o disciplinada a través de premios y castigos no le puedes quitar lo único que relaciona con educar.

Hay quien si no castiga siente que no educa por eso quiero ser respetuosa con el ritmo al que cada persona actualiza sus conocimientos sobre la crianza y revisa sus creencias sobre la misma y abordar algunos castigos que se usan a pesar de su inutilidad.

Castigar con la comida

Este es un castigo que sorprende en estos tiempos, ser alimentado es un derecho de la infancia y un deber de sus progenitores, pero existen muchos castigos alrededor de la comida, por ejemplo, cuando el postre se convierte en un premio por haber comido todo o un castigo por no haber terminado el primer plato.“Si no tienes hambre para comer las lentejas no tienes hambre para comer yogurt”, ¿lo has oído alguna vez?.

Si escucháramos al niño nos diría, “no me apetece comer más lentejas pero sí tengo ganas de comer el postre”. Esto desde luego no sería un motivo para castigar sin postre, ¿te imaginas que un día vamos a comer a un restaurante y no terminamos el primer plato y cuando llega el postre a deseo de probar el flan casero te dice el camarero “me he fijado que no has terminado de comer las alubias, para ti no hay postre”? Pensaríamos… ¿dónde está la cámara oculta? Este ejemplo es tan absurdo como el sinsentido de dejar sin comer por no comer o premiar con comida por haber comido.

Castigar con el silencio

Este castigo a veces pasa desapercibido pero es de los que más duele, lo habrás oído muchas veces “lo contrario del amor no es el odio sino la indiferencia” y tristemente está muy normalizado. Si un hijo se porta mal o si una hija no obedece, el adulto cree que tiene motivos para estar y mantenerse enfadado un buen rato. Muchos expresan el enfado a través del silencio porque creen que si muestran a los hijos lo decepcionados que están, éstos aprenderán algo y sí que aprenden, pero no lo que creen, sino más bien que no merecen sentir el cariño de sus padres cuando cometen errores.

Una cosa es que busquemos el silencio y la paz interior tras una discusión con el fin de gestionar lo que sentimos y encontrar algo de equilibrio y otra muy distinta es usar el silencio como un método nada educativo.

Castigar con el móvil

Castigar al niño con el teléfono móvil
Foto: Istock

Sé que llegados a este punto quizás ya no quieras seguir leyéndome pero por favor, dame un voto de confianza, te quiero explicar por qué el móvil es una herramienta muy útil precisamente para mejorar la conducta sin convertirlo en un premio o un castigo.

El móvil tiene que ser supervisado y limitado, según la edad y el uso que le demos, sólo para jugar o también para buscar información del colegio, entenderemos que lo usen más o menos tiempo, pero en cualquier caso, tiene muchas ventajas si les enseñamos a darle un buen uso, a dosificar el tiempo y a priorizar lo que tiene que hacerse en primer lugar, estudiar o disfrutar del tiempo libre.

¿Y si ha suspendido no es bueno que se lo quite? Quitarle el móvil no hará que estudie mejor y si estudia más será por lograr recuperarlo no porque cumpla con su responsabilidad de estudiar, con lo cual, este castigo no sirve para ayudarle con los estudios.

Entonces, si quitarle el móvil no es recomendable. ¿Qué sí lo es? Por ejemplo, hablar de su buen uso, organizar bien los tiempos, tener horarios, ponernos de acuerdo cuando apagarlo y ayudarles a cumplir con lo acordado.

 

Los niños y niñas necesitan más límites y menos castigos, más oportunidades para entrenar la conducta deseada, practicar más veces la conducta que cuesta, que no sale natural, que supone un esfuerzo, pero sin miedo a ser sancionados cada vez que no lo consiguen.

Nuestra respuesta podría ser “no lo has logrado esta vez pero tienes más oportunidades para intentarlo” ¿Qué queremos que aprendan? que lo importante no es lo que pueden perder por su “mal comportamiento” sino lo que tienen por delante, una nueva oportunidad para hacerlo otra vez mejor.

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