Los beneficios de reír

Tu hijo tiene que reír, al menos, una vez al día: aquí los motivos

La risa es el perfecto analgésico natural y, además, nos ayuda a relajarnos, pero, ¿por qué razones los niños tienen que reír, al menos, una vez al día?

La risa nos sienta bien. Ya sea en grandes carcajadas o en ligeras sonrisas, dependiendo de la situación y del momento, tanto verlas en otros como producirlas nosotros mismos nos proporciona momentos muy satisfactorios.

reír a carcajadas
Fuente: iStock

Todos nacemos con capacidad para reír, un rasgo indefectiblemente humano y tan ‘nuestro’ que se practica en cualquier lugar del mundo y a cualquier edad. Y hemos oído muchas veces que reírse es muy bueno para la salud, algo ampliamente constatado y contrastado. Entre sus muchos beneficios destacan que relaja el enfado y la ansiedad, impulsa las endorfinas (la hormona del bienestar), relaja el cuerpo y ayuda a aumentar la autoestima, todo lo cual nos hace más felices y optimistas. Así que, ¿cómo no vamos a querer que nuestros hijos rían?

Intentar hacer reír a los niños es una de las mayores alegrías de la paternidad y, aunque suelen estar muy predispuestos y realmente no es difícil lograrlo, también podemos propiciar situaciones con ellos en las que no solo disfrutarán (y disfrutaremos) de esos beneficios arriba mencionados, sino que también reforzaremos nuestros vínculos.

Las primeras risas suelen producirse a partir de los 3 o 4 meses. Obviamente, los bebés no entienden el humor, pero sí que pueden sentir la alegría, felicidad y risa de otros, y algunas veces reaccionan a ellas, igual que a estímulos físicos como las cosquillas, las pedorretas en la barriga, hacerlos saltar, ponerles caras, etc. En general, lo que hace reír a los bebés es la conexión social y la interacción, y esto es en parte por lo que su risa es tan contagiosa (un instinto natural para animar a los adultos a interactuar con ellos), ya que este tipo de relación es clave para su desarrollo.

Un poco más adelante, con dos o tres años, empiezan a apreciar el humor físico, con elementos de sorpresa, como jugar a esconderse y salir de repente con un ‘te encontré’. Ya en la etapa preescolar suelen disfrutar del llamado ‘humor marrón’ (todo lo relacionado con ir al baño), y también de conceptos sin sentido, como una foto de un animal con gafas de sol, o un gato que dice ‘muuu’. A medida que van creciendo se incorporan a su universo humorístico los chistes, los juegos de palabras, las exageraciones…

Aprender a reír

Si nos reímos de unas cosas o de otras, o lo hacemos más o menos, puede depender de nuestra genética o nuestra procedencia. Lo que nos provoca hilaridad tiene un alto componente social y cultural, por eso los chistes son tan distintos en diferentes partes del mundo, y por eso hablamos de ‘humor inglés’ o ‘humor latino’. Pero también hay un componente físico: la American Psychological Association ha encontrado una relación entre el gen 5-HTTLPR y unas expresiones emocionales positivas, como sonreír y reír -quienes tienen los alelos más cortos en este gen sonreían y reían más viendo dibujos animados o clips de vídeos divertidos que personas con estos alelos más largos-.

Sea como sea, y aunque es algo natural en la infancia, la risa se puede ‘aprender’, y los adultos cercanos debemos ayudar a los niños a ver la parte humorística de la vida para que se convierta en un rasgo de la personalidad y forme parte de su futuro. Gracias a ello podrían ser capaces de capear más fácilmente las situaciones difíciles de la vida (les hace más resilientes) y también les facilitará sus conexiones con otras personas (les hace más extrovertidos y seguros de sí mismos). Podemos conseguirlo tratando de poner luz a cualquier situación negativa (siempre que no sea algo verdaderamente grave) y buscando su lado humorístico.

Y también podemos ayudarnos de alguno de los muchos recursos tecnológicos que tenemos hoy día a nuestro alcance, como clips de vídeo divertidos o juegos, sin perder de vista que la interacción humana es lo más importante. Así que para este fin lo mejor sería buscar opciones en las que esta sea fundamental, como un Pictionary online, un karaoke, etc.

También en el colegio, ya que es clave para la educación. Está comprobado que aprendemos mejor cuando está involucrada la risa, porque hace la experiencia más disfrutable (lo que significa que los estudiantes querrán volver a ese lugar donde lo pasan bien) y mejora la retención memorística de los contenidos. Además, ayuda a la sensación de pertenencia, motivación e interés, por lo que querrán continuar aprendiendo. En cualquier caso, es importante recordar aquí que el humor no debería de distraerles del aprendizaje. Ha de complementarlo, sí, pero no hacer que se pierda el objetivo principal.

Según la ‘Laughter Online University’, y aunque no es posible establecer una media de cuánto ríen los niños o los adultos al día, lo que está claro es que la mayoría de nosotros tendemos a reír más en situaciones sociales, por lo que si estas se incrementan, también lo hará el tiempo dedicado a la risa. Por todo ello, inspiremos en nuestros hijos la capacidad de disfrutarla y de sentirse, así, un poco mejor.

 

Artículo escrito por Rhona Anne Dick, directora de Experiencia de Aprendizaje de Lingokids

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