Educación

¿Sobreproteges a tus hijos?

Nos gustaría que nuestros hijos no sufriesen nunca, pero a veces somos demasiado protectores y otras excesivamente permisivos. Ambas actitudes pueden impedir que los niños adquieran una personalidad equilibrada. Descubre si, al proteger a tus hijos, te pasas o no llegas.

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Estás en la piscina con tu hijo de seis años y oyes a los otros niños, incluido su mejor amigo, burlarse de él porque al intentar salvarse de una aguadilla ha hecho un ruido muy raro.

1/12 Estás en la piscina con tu hijo de seis años y oyes a los otros niños, incluido su mejor amigo, burlarse de él porque al intentar salvarse de una aguadilla ha hecho un ruido muy raro.

2/12 Es el primer día de colegio de tu hijo de tres años y cuando te despides de él, llora desconsolado y se agarra frenéticamente de tu pelo.

3/12 Una amiga de clase invita a tu hija de cuatro años a dormir la noche del viernes en su casa y pasar el sábado con ella. Es la primera vez que va a dormir fuera y tú no conoces demasiado a los padres.

4/12 La profesora de tu hijo de ocho años les pone cada día una larga lista de cuentas que el niño no consigue hacer bien nunca.

5/12 Vuestra mascota, un perro con el que tu hijo de cuatro años ha convivido desde que nació, sufre una enfermedad incurable.

6/12 Tu hija de cinco años se ha enterado en el colegio por una amiga de que los niños no vienen de París.

7/12 Tu hijo de siete años, que es bajo y delgado para su edad, quiere apuntarse a las clases de judo del cole.

8/12 Estás con tu hijo de dos años y medio en la zona de juegos de un parque y él se empeña en montar solito en el tobogán.

9/12 Cada vez que tu hija de cinco años participa en juegos de azar y pierde (contigo o con otros niños), monta una rabieta y deja de jugar.

10/12 Tu hijo de cuatro años tiene pánico a las olas, por pequeñas que sean, y se niega rotundamente a meterse en el mar.

11/12 Últimamente tu hjo te pide todos los días salir a jugar con otros amigos al parque que hay enfrente de vuestra casa.

12/12 Tu hija de diez años se empeña en que la dejes ir al cine a ver una película clasificada para mayores de trece años.

Exceso de protección

Exceso de protección

El cuidado de tus hijos es la mayor prioridad. Para ti implica un esfuerzo agotador y eso para ellos no es beneficioso. El exceso de protección que les brindas puede acabar con su capacidad de tomar la iniciativa y dificultarles la posibilidad de hacer las cosas por sí mismos cuando sean adultos. Cargar sobre tus espaldas las responsabilidades de tus niños, hacerles las cuentas o evitarles cualquier disgusto puede convertirles en personas caprichosas, perezosas y sin resistencia a la frustración y a las dificultades normales de la vida. Además, tu esfuerzo por conseguir que no les suceda nada malo genera en ti un estado de ansiedad y preocupación que tus hijos tienden a imitar. Relájate. Disimula tu pánico ante los riesgos que puedan correr y ayúdales a que ellos mismos encuentren soluciones a sus propios problemas. Solo si ves que no lo consiguen, puedes intervenir de forma sutil, sin imponerles nada, con alguna sugerencia para que ellos elijan la que les parezca mejor. Así conseguirás que se conviertan en adultos fuertes, responsables y decididos.

Demasiada independencia

Demasiada independencia

Estás criando a tus hijos con mucha independencia, y tal vez sería mejor que llevaras más cortas las riendas. Es cierto que los niños tienen que correr riesgos para hacerse fuertes y aprender a afrontar las pruebas de la vida, pero es mejor que sus padres están cerca cuando hay peligro de accidentes o cuando están atravesando una situación difícil. Aunque pienses que tu hijo puede apañárselas solo, en la vida hay situaciones impredecibles en las que necesitará tu ayuda, y es preferible ofrecerle demasiada seguridad a quedarse corto. En realidad, con tu permisividad y sinceridad solo estás acelerando el proceso de crecimiento más allá de lo que le corresponde. Y obligarle a madurar antes de tiempo le pasará factura de adulto, pues siempre buscará el apoyo que no tuvo en su momento. No olvides que cada niño es distinto y hay que exigirle en función de su manera de ser.

En el término medio

En el término medio

Has logrado alcanzar un equilibrio idóneo. Sabes dejar a tu hijo tomar sus propias decisiones y correr riesgos por sí solo, pero al mismo tiempo eres capaz de ofrecerle apoyo y seguridad. No le obligas, por ejemplo, a meterse en el mar sin haberle enseñado antes a nadar en un medio menos hostil, como una piscina, o no le dejas ir solo a la calle sin comprobar antes que no correrá peligro. Y en eso precisamente consiste el término medio que hace que los niños, adolescentes y luego adultos sean razonables al tomar decisiones y se sientan seguros de sí mismos. Al mismo tiempo, tampoco das por definitiva ninguna conquista, porque sabes que tu hijo un día puede querer ir solo al colegio y a la semana próxima pedirte que le acompañes de nuevo. Al apoyarle en su justa medida te estás convirtiendo para él en un punto de referencia básico. Sabe que cuando te pida permiso para cualquier cosa siempre le darás la respuesta más justa y lógica, y eso le transmitirá seguridad.