Sal de dudas

Chanclas de dedo, palas, zuecos o cangrejeras, ¿qué es mejor para los pies de los niños?

Estas son las opciones disponibles en el mercado de calzado para el agua y sus principales ventajas y desventajas.

Foto: Instagram @igorshoes
Foto: Instagram @igorshoes

Nos fijamos muchísimo, de forma acertada y muy responsable, en el calzado de los niños durante todo el año. Las zapatillas para el cole que no le “chancleen” y le sean cómodas de poner y quitar, los zapatos; con materiales y diseños de primera calidad; las botas, que les abriguen y su suela sea resistente… pero llega el verano y les dejamos elegir el calzado de agua sin ni siquiera acotar la selección. ¡Error! 

No hay un calzado para la piscina y la playa que sea mejor que otros, pero dependiendo del uso que le vayan a dar sí que hay algunos que son más recomendables. Además, dentro de cada tipo, hay claves que diferencias a los buenos calzados de los malos, como es el caso del material con el que están fabricados o su diseño, que abogue por la comodidad pero, sobre todo, por la seguridad al andar y la salud de los pies de los peques -que eviten las rozaduras, que sujeten bien el tobillo o al menos el talón, etcétera-. 

No somos conscientes en muchas ocasiones de la cantidad de horas que los niños pasan con el calzado de agua durante las vacaciones de verano. Si lleváramos la cuenta del tiempo, nos sorprendería el resultado final acumulado. Por eso, no conviene tomar a la ligera la decisión de que calzado comprarles al comienzo del verano. Estas son las diferencias, a grandes rasgos, con sus beneficios y desventajas, de los cinco tipos más habituales en las tiendas: chanclas de dedo, de pala, chanclas de estilo deportivo (con cierre al tobillo con velcro), zuecos y cangrejeras.

Cangrejeras

Este es el calzado más recomendable si los peques van a pasar muchas horas en la playa porque son ligeras y muy versátiles, tanto que se pueden bañar con ellas, andar por las rocas en busca de cangrejos y también caminar por la arena con ellas para no quemarse. En la lista de contras, el que más se nota en el día a día es que son las zapatillas de agua que más “castigan” la autonomía de los peques porque los cierres con hebilla les suelen costar más. Además, si no se compran de calidad, el material puede provocar más sudoración en los pies y, sobre todo, rozaduras. Es fundamental que recojan bien el pie sin asfixiarlo.

Zuecos

El invento reciente más exitoso en lo que respecta a calzado veraniego -aunque también se usan por casa y en oficios donde se pasan muchas horas de pie- son los zuecos de goma. Como gran ventaja, la protección que aportan al pie de los peques en comparación con el resto de calzados de agua y lo mucho que favorecen su autonomía porque son sencillos de poner. Además, rozan menos que las cangrejeras, que suelen ajustarse más al pie -hay que tener cuidado con la parte interior de algunos diseños si el peque tiene el pie ancho-. En cambio, penalizan el frescor, por lo que el pie puede sudar más y sujetan menos el tobillo que los diseños deportivos y que las cangrejeras. Son una buena solución intermedia, y muy interesante si van a estar muchas horas en remojo porque se secan rapidísimo.

Chanclas de pala

Aunque en los números más bajos las firmas les han incluido a muchos modelos una tira trasera para aportar algo de sujección al pie, este tipo de chanclas son cómodas solamente si los peques no tienen que desplazarse lejos con ellas. Es decir, si se trata de bajar a la piscina de casa o la playa está cerca de casa, son una buena opción porque son muy cómodas de poner para ellos, pero si tienen que andar con ellas a diario, la sujección que les aportan al pie es notablemente inferior a la de otras opciones como cangrejeras, zuecos y, sobre todo, chanclas deportivas.

Chanclas deportivas

Las llamamos así por sus similitudes con los diseños de montaña y por su relación con la náutica, pero básicamente nos referimos al calzado de agua que se cierra con velcros tanto en la parte delantera del pie como en el tobillo. Si tienen que andar distancias largas, por ejemplo a la playa, son la mejor elección porque la salud de sus pies se lo agradecerá. Pero tienen dos “peajes” que pagar: suelen dar más calor que el resto de calzados de verano para el agua y, en los niños más pequeños, les puede resultar más difícil abrochárselas bien en comparación con otros estilos. Además, si se mojan, suelen tardar más en secarse y el velcro puede sufrir las consecuencias a lo largo del verano. Si os decantáis por esta opción, aseguraros de que sea un calzado de calidad y no abuséis de ellas porque es muy habitual que al final los niños las lleven para todo. Son chanclas de playa o piscina; para el resto de planes, mejor unas sandalias buenas -pueden ser deportivas, tipo montañeras, pero no chanclas-.

Chanclas de dedo

Aunque a los peques les suelen llamar mucho la atención porque la mayoría de los adultos de su entorno las lleva, son las peores chanclas para sus pies. Tienen menos sujección que las de pala incluso, por lo que “chanclean” más que estas. Si corren, el riesgo de caerse es mayor, y a poquito que anden con ellas sus pies pueden sufrir las consecuencias. La palma se los llevan esos diseños duros de mala calidad.

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