Unos divertidos momentos en familia

¡A bailar! Enseña a los niños a mover el esqueleto

A partir de los tres años a los niños les encanta bailar. Lo hacen sobre todo de forma espontánea, en respuesta a un ritmo interno; o copiando y ensayando los movimientos que les llaman la atención.

Expresan emociones

Caminan bailoteando para expresar su alegría, y también con el mismo fin inventan canciones que cantan a voz en grito por la calle más transitada. La música les ayuda a expresar sus emociones.

  • Todavía les cuesta trabajo identificar sus sentimientos (sobre todo los no tan buenos), y cuando no pueden expresarlos los ocultan en cualquier recoveco de su anatomía. Ahí se quedan hasta que los liberan a través del deporte, el baile o el movimiento en general. ¡Cuántos dolores de barriga pueden desaparecer con un buen baile!
  • El movimiento libre y espontáneo produce una sensación de liberación de la que todos tenemos experiencia. El simple hecho de bailar ya es suficiente. Si además ponemos nombres a los bailes, les ayudamos a identificar sus emociones. Y no solo eso.

Aprenden a conocer su cuerpo

  • El simple hecho de moverse escuchando música les ayuda a establecer relaciones entre los brazos, las piernas, la cabeza... Suena una melodía conocida y los miembros, que hasta ahora se habían movido por separado, se enlazan en un solo movimiento.
  • La música les ayuda a establecer conexiones entre las diferentes partes de su cuerpo, entre su cuerpo y su mente, su cuerpo y sus emociones, su cuerpo y el mundo exterior. La música y el baile pueden convertirse en grandes reorganizadores de su mundo.
  • Ya habían conquistado el espacio con el movimiento binario de sus caderas: gatear, andar, correr les ayudó a controlar el desplazamiento horizontal. También el vertical (¡con qué agilidad se agachan y levantan!). Pero bailar es la conquista definitiva. Es como montarse en la montaña rusa.

Se socializan y aumenta la autoestima

  • Los descubrimientos que los niños van realizando al son de la música favorecen su autoestima.
  • Se sienten más fuertes, hábiles, capaces de cualquier cosa.
  • Su baile pasa de ser repetición-imitación de movimientos a convertirse en una creación particular. Saltan, gritan, se tiran al suelo, o ensayan movimientos más sutiles: los deditos al compás de la cabeza, que se menea de un lado a otro; ligeras sacudidas de hombros que acompañan a las caderas... Y una carita que siempre baila.
  • Por otra parte, el baile es una potente herramienta de socialización. Aunque parezca que cada uno va a lo suyo. Los niños que bailan simultáneamente en el mismo espacio se sienten unidos. De vez en cuando se miran, se ríen, juegan, se aceptan.

Aprender bailes, ¿por qué no?

El hecho de favorecer el baile espontáneo y la libre expresión de sentimientos no quiere decir que censuremos bailes más específicos y dirigidos. También estos forman parte de su aprendizaje.

 

Además, en cuanto empiezan a sentirse un poco seguros, no hay quien los pare imitando. Si acuden a una fiesta o verbena con sus padres se unirán a la conga, moverán las caderas al ritmo de salsa en cuanto vean que todo el mundo lo hace, y se marcarán un tango con papá o mamá si surge. Con todo se atreven.

 

Y, aunque no hay nada como el directo, es cierto que la tele les da muchas ideas. Bailan delante de la pantalla como si estuvieran ante personas. Se quedan con la copla y el baile antes de que nos demos cuenta. Por repetición, claro, su infalible método de aprendizaje.

 

Apuntarlos a clases de baile es otra opción que les puede beneficiar mucho. Aquí descubren partes de su cuerpo que hasta ahora habían permanecido silenciosas, como las muñecas, esa articulación –revelación de muchos bailes regionales–, que tardan mucho más en descubrir cuando no practican con la disciplina que implica acudir a clase.

 

No obstante, son ellos los que tienen que desear aprender. Bailar es un placer lleno de ventajas, pero perderá todo su potencial si se convierte en una obligación. Si queremos animarlos debemos buscar un buen profesor, que adapte las técnicas a su edad y les haga sentirse bien en las clases.

Música en cualquier lugar

Que la música está siempre presente lo saben muy bien los pequeños, que crecieron al ritmo de los latidos de nuestro corazón. Integrarla de nuevo en su vida nos hará mucho más llevaderos los problemas, y nos proporcionará momentos inolvidables con ellos.

¿Cómo hacerlo?

  • La música la encontramos en cualquier parte: el tic tac del despertador, el viento entre los árboles, las gotas de lluvia contra el cristal... Solo tenemos que entrenar el oído y enseñarles a detectar los ritmos y sonidos que nos rodean. Hacer canciones con esos ritmos de fondo. O bailarlos.
  • Nuestro cuerpo es la mejor herramienta para hacer música. Unas palmadas, un zapateo, un chasquido con la lengua pueden convertirse en la nota que nos ponga en movimiento.
  • Inventar canciones y bailes sobre cualquier cosa que les cueste trabajo convierte el temido momento en algo divertido: vestirse, bañarse, lavarse los dientes...
  • Podemos elegir determinadas canciones para determinados momentos (de alegría, tristeza, miedo...) y escenificarlas con coreografías caseras.
  • Y, por supuesto, respetar todos sus movimientos, creaciones y canciones. Demostrarles con nuestro ejemplo que no hay una manera correcta de bailar o cantar.


Asesores: Javier de Carmen, profesor de baile Flamenco y de Percusión. Alba Aja, terapeuta corporal, organizadora de talleres de Conciencia Corporal.

Etiquetas: 3 años, actividades extraescolares, desarrollo infantil, educación, planes con niños, tiempo libre

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