Felicidad

¿Qué hace felices a los niños?

Todos los padres quieren que sus hijos sean felices, es una máxima y una meta a conseguir común en la maternidad y en la paternidad, pero ¿qué hace felices a los niños? ¿Qué necesitan para alcanzar la felicidad? Hablamos de lo que hace felices a los niños y, atención spoiler, no cuesta dinero...

Que los padres y madres busquen y deseen la felicidad de sus hijos es lo más habitual y natural, pero a la hora de determinar qué necesita exactamente un niño para ser feliz se nos plantean algunas dudas. ¿Están en nuestra mano? ¿Son cosas difíciles de conseguir? Lo cierto es que todas podrían resumirse en una palabra: TIEMPO para pasar con ellos y tiempo que dedicar para invertir en su desarrollo emocional. 

El amor

Los niños necesitan sentirse queridos y amados, esto es básico para que un niño se sienta feliz. En realidad, la felicidad de la mayoría de las personas pasa por tener gente a su alrededor con la que se sientan queridos y apoyados.  

Una educación sin etiquetas

Las etiquetas pueden ser muy perjudiciales en el desarrollo de un niño: coartan su personalidad, ya que se pone el foco en una o varias características que “definen” al pequeño. Como ya hemos hablado en alguna otra ocasión, hay etiquetas positivas (“el bueno”, “la responsable”, “el gracioso”…), etiquetas negativas (“el desobediente”, “la llorona”, “el contestón”, “el malo”…) y etiquetas que pueden tener un doble sentido (“el travieso” o “la granujilla”). Todas tienen algo en común: acaban dando a los niños información sobre las expectativas que se tienen puestas en ellos y eso supone una presión y un condicionante muy potente, ya que los niños acaban creyéndose esa etiqueta y actuando en función de lo que se espera de ellos. Pueden afectar muy negativamente a su desarrollo y a su autoestima. Los niños son más felices si no les “colgamos” etiquetas que supongan una presión o un condicionante

Jugar

Los niños necesitan jugar y los beneficios del juego para ser felices. Además, que los padres compartan tiempo y jueguen con sus hijos es una gran fuente de felicidad para los niños. Este juego refuerza el vínculo y el apego entre padres e hijos y esa unión que se crea es muy necesaria y beneficiosa para la relación familiar. Jugar es para los niños diversión, ilusión, pero también aprendizaje: “No hay aprendizaje sin juego”, tal y como defiende  la experta en educación Imma Marín, que defiende que “no todas las actividades se pueden convertir en juegos, pero todo se puede vivir con una actitud lúdica. Un juego tiene que tener sentido, por muy absurdo que sea, porque si le encuentras un sentido te esfuerzas más”. 

Además, para los niños jugar con otros niños es básico para su desarrollo, para establecer las bases de su interacción y relación con los demás, para ir descubriendo su propia forma de ser y su personalidad. El juego es vital en la vida de los niños. Además, jugar al aire libre es muy importante para su felicidad. 

Tiempo de calidad

Muy en la línea de lo que hablábamos antes sobre el juego, está el tiempo de calidad que los padres y la familia pasan con los niños. A los niños les hace felices pasar tiempo con sus padres, pero también poder aprovechar y disfrutar de ese tiempo haciendo cosas juntos, jugando, disfrutando de experiencias y explorando mundo a través del juego real. 

Bailar

Los niños que bailan son más felices, así de contundentes son las conclusiones de diversos estudios sobre los beneficios del baile. Un estudio realizado por la Universidad de Vigo a 74 estudiantes determinó que la danza aporta a los niños mayores niveles de felicidad y autoestima, además de reducir los rangos de estrés y ansiedad. Otra investigación llevada a cabo por la revista Archives of Pediatrics & Adolescent Medicine analizó a 112 jóvenes con problemas de salud físicos y emocionales. La mitad de ellos asistió́ a clases de baile semanalmente y se comprobó que ese grupo de adolescentes logró mejorar su estado de salud física, pero también su estado emocional, disminuyendo los problemas de depresión y ansiedad. Al bailar, el cerebro libera endorfinas que generan sensaciones de bienestar, relajación, alegría y felicidad. Bailar ayuda a tener un estado mental más relajado y positivo y, por tanto, a ser más felices.  

Tener autonomía

Sobreproteger a los niños es un error muy frecuente entre los padres y se suele pensar que es una forma de ayudarles, pero no es así. Los niños necesitan autonomía y que los padres les animemos a hacer cosas, estimulemos su independencia y les motivemos a intentar sus propios logros y objetivos: esto refuerza su autoestima y se sienten más seguros y felices.  

La comunicación

En una familia en la que hay comunicación y se anima a los niños a hablar de sentimientos y emociones, los pequeños se sienten más seguros y con mayor confianza. Los padres deben dar ejemplo y ser los primeros que practiquen esa comunicación y esa verbalización de las emociones. Que un niño sienta que puede expresarse y que puede contar con sus padres para desahogarse le aporta tranquilidad y felicidad. 

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