Ocio y tiempo libre

También en invierno... ¡Los niños necesitan parque!

El desarrollo físico del niño le abre nuevas posibilidades de movimientos y aventuras hasta el momento impensables.

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A partir del año y con el comienzo del gateo y de la marcha, el niño necesita fortalecer y utilizar los músculos, las piernas, los brazos... Cuanto más practique, mejor será su desarrollo motor y, en este sentido, el parque le ofrece posibilidades difíciles de encontrar en otros espacios.

Libertad de movimientos

Aunque tengamos que ir detrás suyo todo el día, lo ideal es no limitar su afán por desplazarse por sí mismo. Es importante bajarle del carrito para que pueda moverse a sus anchas.

En el parque comienza a mostrar mayor interés por los columpios, sobre todo por aquellos juegos que, adaptados a su edad, tienen asas, cuerdas, barras o agarraderas por las que desplazarse en lateral o de arriba abajo.

Esta es la etapa de los chichones, son normales e inevitables. Para evitar la hinchazón, pasa por la zona un hielo envuelto en un pañuelo. 

Estar en contacto con los animales

Para el pequeño que descubre el mundo y los seres vivos, los animales son un hallazgo fascinante. ¡Y el parque está lleno de ellos! Pájaros, perros, insectos...

Todos ellos le llaman poderosamente la atención por lo diferentes que son de él y por sus llamativos colores, pelajes, tamaños y sonidos.

Jugar a imitarlos y «ponerse en su piel» es una actividad que favorece su desarrollo psicoafectivo, su capacidad para comunicarse y el inicio del lenguaje hablado:

  • Disfrutan aprendiendo sus nombres y señalando las diferentes partes: el hocico, el rabo, el lomo, las orejas, la crin... a medida que se las vamos mostrando en imágenes o en vivo. 

  • Imitan sus sonidos: relinchar como un caballo, balar como una oveja o ladrar como un perro pastor le fascina y le resulta fácil y divertido. Además, aunque el pequeño aún no sepa hablar, sí puede reproducir un maullido, decir «guau, guau» o piar como un gorrioncillo. 

  • Jugar a ser un gato, un pajarito o una serpiente favorece su desarrollo psicomotor y contribuye al nacimiento del «yo», es decir, a la conciencia de uno mismo.

  • Y una actividad. En casa podéis, recortar fotos y dibujos de animales y hacer unas cartas plastificadas (cada una de un animal). Escoged una al azar y jugad a imitar juntos sus sonidos y movimientos. Luego decid cómo se llama o pedidle a alguien que lo adivine.

Recuerda siempre que son los niños quienes nos indicarán qué les gusta y qué no. Compartir tiempo, observarles y darles libertad, siempre y cuando establezcamos unas normas y no corran riesgos, es la fórmula secreta para que tengan una infancia feliz.

Etiquetas: familia, niño

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