Verano y niños

El verano es el mejor momento para reforzar el vínculo entre abuelos y nietos

El verano es temporada de abuelos. Termina el curso escolar y muchos de los niños que tienen la suerte de tenerlos pasan días con ellos en el pueblo o en la casa de la playa mientras sus padres trabajan. ¿Cómo lo viven unos y otros?

El vínculo entre abuelos y nietos va, normalmente, mucho más allá del lazo biológico. Los mayores sienten por ellos un amor multiplicado por los años y por la ausencia de esa presión que tienen los progenitores por educarles y ‘hacerlo bien’. En cuanto a los niños, según un estudio realizado por Lingokids en 2021, ver a los abuelos es para ellos uno de los tres principales motivos que mayor felicidad les provocan. Y es que la relación entre ellos es muy especial, se aportan beneficios mutuamente y se crean conexiones intergeneracionales muy beneficiosas en ambas direcciones: unos aprenden tradiciones, y los otros, innovación.

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Para los mayores, sus nietos son su medicina, y les hacen revivir su época de progenitores e incluso su juventud, al jugar y reír con ellos. Según una investigación de Berlin Aging, los abuelos que ven a sus nietos frecuentemente tienen una esperanza de vida de cinco años más.

Para los niños, los abuelos son sabios, cuentan historias que solo ellos conocen, nunca se cansan de jugar con ellos y prestan atención sin límites a todo lo que ellos les cuentan y hacen. Además, les proporcionan un colchón emocional muy importante: un estudio de la Universidad de Oxford concluyó que los niños que están cerca de sus abuelos tienen menos problemas de comportamiento y son más capaces de afrontar los eventos traumáticos de la vida, como un divorcio o el ‘bullying’ en la escuela.

En muchas ocasiones viven lejos o, aunque estén en la misma ciudad, durante el curso no se ven demasiado por las actividades diarias de unos y otros. Sin embargo, en verano, durante las largas vacaciones escolares, muchos padres recurren a los abuelos para dejar a los niños a su cuidado mientras ellos trabajan. Este suele ser un gran momento para estrechar esos lazos y para que ambos disfruten y aprendan unos de otros.

La tecnología como intercambio intergeneracional

Porque si los abuelos les cuentan historias de otros tiempos y les enseñan juegos para ellos desconocidos, los niños les conectan con “la vida moderna”, e incluso les hacen partícipes de sus rutinas con los dispositivos electrónicos. Las nuevas generaciones han nacido con una tablet y un móvil bajo el brazo, y en verano van a seguir utilizándolas. Esto puede incluso ser una oportunidad para introducir en su uso a los mayores.

Hoy en día los niños, incluso los muy pequeños, saben a la perfección ampliar una fotografía o deslizarse por un libro electrónico con los dedos, y como son patrones adquiridos desde sus primeros años, estarán encantados de enseñar a sus abuelos a aprovechar al máximo los diferentes sistemas tecnológicos, como son las videollamadas, los mensajes de texto, a mandar un mensaje de voz, a apuntarse esa receta que les ha gustado de internet y guardarla con una captura de pantalla… O incluso, a aprender un idioma nuevo con el móvil.

De este modo, los mayores y los niños disfrutan, y los padres tienen la tranquilidad de saber que ambos están bien cuidados y felices. Siempre, por supuesto, que no se convierta en una obligación para ninguno de ellos. Y siempre que esa relación se extienda más allá de la ‘conveniencia’ o la ‘necesidad’ de estos días.

Sin duda, un entorno intergeneracional aumenta la resiliencia de los niños y les ayuda a afrontar las complejidades de la vida. Y los abuelos viven la suya con más felicidad, pues la ven reflejada en los ojos de sus nietos.

 

Artículo elaborado por Rhona Anne Dick, directora de Experiencia de Aprendizaje de Lingokids

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