¿Faringitis o amigdalitis?

¿Por qué le duele la garganta?

El dolor de garganta es un síntoma muy común en tiempo de gripes y catarros. ¿Sabes qué debes hacer si a tu hijo le duele la garganta? ¿Le das un analgésico o le llevas al médico?

¿Por qué le duele la garganta?

A los niños les da igual el nombre y tienen muy claro lo que les pasa. La garganta les duele y eso es lo único importante. Sin embargo, detrás de este síntoma puede haber distintas causas, principalmente dos: un catarro de toda la vida que se acompaña con dolor de garganta o una inflamación de la faringe, las amígdalas o ambas. Los pediatras utilizan casi de forma sinónima los términos más médicos para definirlas: faringoamigdalitis (FAA), faringitis o amigdalitis, siendo el primero el más utilizado. La razón es que faringe y laringe son dos órganos tan cercanos que la infección común es la más habitual.

Aunque se trata de un dolor muy escandaloso, la clave de su gravedad reside en la causa. Así, solo es preocupante, y tampoco mucho, si está producida por una bacteria, en concreto, el estreptococobetahemolítico del grupo A, también conocido por sus siglas EBHGA. Pero la gran mayoría de las infecciones de garganta, entre el 75 y el 80% están lejos de ser provocadas por la bacteria. Como ocurre con los catarros, son los virus los responsables de tan molesta inflamación.

¿Es una infección vírica o bacteriana?

A los padres poco les importa quién provoca el dolor de garganta de los más pequeños, buscan soluciones y las buscan rápido, de ahí que sea uno de los motivos más frecuentes en las consultas de los pediatras. Estos, sin embargo, advierten de que existen varias formas de distinguir las faringoamigdalitis bacterianas de las víricas y que son las primeras las únicas que requieren de un tratamiento médico establecido desde hace años, los antibióticos.

La forma más fácil de distinguir ambas formas de dolor de garganta es por los síntomas que lo acompañan.Aquellos que son clásicos de un resfriado, como el exceso de mocos o rinorrea, la tos, los estornudos o la conjuntivitis indicarían un dolor de garganta de origen vírico. Para él, poca más solución que beber líquidos y descansar. Como mucho, el paracetamol o el ibuprofeno en dosis pediátricas para bajar la fiebre y mejorar el malestar. Los médicos tienen claro que la visita al centro de salud dista de ser necesaria aunque, si los padres lo prefieren, mucho mejor que sea el pediatra de cabecera el que vea al niño. Ir a urgencias por unos síntomas como los descritos es una pérdida de tiempo para padres, niños y profesionales sanitarios.

Existe otra forma muy fácil de descartar un dolor de garganta de origen bacteriano y no es otra que la edad. Los libros de medicina son contundentes cuando afirman que este tipo de infección es muy rara por debajo de los tres años. Además, esta infecciones son más frecuentes de otoño a primavera y por lo tanto menos proclives a aparecer en el verano.

Pero los dolores de garganta provocados por el estreptococo también tienen características asociadas. Así, se acompañan de fiebre elevada y de una inflamación en los ganglios del cuello, lo que se conoce como adenopatías. Cuando se les presiona la garganta a los niños en ese punto, les duele. Pero además, suelen tener manchitas, llamadas petequias, en el paladar.

Las placas en la garganta no son una pista

Hay un síntoma que muchos padres consideran que es exclusivo del dolor del garganta más grave, que sería el bacteriano. Es lo que todo el mundo denomina «placas», pero que científicamente se llama exudado amigdalar. Es una capa que recubre las amígdalas de color blanca o grisácea y que es sinónimo, efectivamente, de una mayor infección, pero no lo es de más gravedad.

A pesar de lo que se cree, las placas pueden aparecer tanto en los dolores de garganta de origen vírico como en las causadas por bacterias, aunque en estas últimas son casi de obligada aparición.

Precisamente por ser las placas comunes a los dos tipos de faringitis, su tratamiento también es distinto según la infección a la que acompañen. Adiós a la barra libre de antibióticos solo porque en la garganta existan placas, esa fase hace tiempo que la pediatría la superó. Mientras que todas las infecciones de garganta bacterianas cursan con este síntoma, también en las víricas puede aparecer.

Si es bacteriana: antibióticos

Solo está indicado recetar antibióticos si se demuestra que la faringoamigdalitis es de origen bacteriano, algo que solo se puede saber si se realiza un cultivo faríngeo, una prueba muy sencilla que consiste simplemente en tomar una muestra de esas placas que acompañan a todo dolor de garganta de origen bacteriano, lo que se lleva a cabo con una torunda, un palillo largo de plástico con una especie de algodón en el extremo.

También se puede realizar un test rápido para la detección de EBHGA. Lo hacen en la propia consulta del pediatra y, si da positivo, recetará los antibióticos de inmediato. Sin embargo, si es negativo pero los síntomas apuntan a un origen bacteriano, se tomará el cultivo de todas formas. Solo en 24 horas se sabrá si el niño tiene o no la infección por bacterias.

Hay dos antibióticos que reinan en el tratamiento de este tipo de afección y son la penicilina y la amoxicilina, que el niño tendrá que tomar durante diez días. La intención principal de recetar antibióticos es, además de conseguir una mejoría rápida del pequeño, evitar una rara complicación, las fiebres reumáticas.

Si es vírica: se cura sola

¿Y qué pasa con las infecciones de garganta de origen vírico? A pesar de su poca gravedad, desgraciadamente el niño no distingue eso y tanto los pequeños como sus padres lo pasan mal en busca de soluciones. Así, los antiinflamatorios como el ibuprofeno y analgésicos como el paracetamol son los más recetados, aún sabiendo que es el propio organismo el que se va a encargar de parar a los virus causantes de la infección.

El niño no quiere comer

Como ocurre con todo malestar, es muy posible que los niños no quieran comer. De nuevo, el consejo de los pediatras ha cambiado en los últimos años y ahora lo que impera es no forzar nunca a los más pequeños a comer. Eso sí, se les debe de ofrecer diversas opciones de alimentos para que la apetencia por alguno concreto pueda vencer al dolor. Pero, si no quieren nada, no habrá que darles nada, excepto si muestran síntomas de deshidratación, caso en el que los pediatras recomiendan recurrir a los sueros de rehidratación oral, de venta en farmacias.

El caso de los bebés es similar, aunque es importante recordar que la infección de garganta de origen bacteriano es muy rara en niños menores de tres años. No lo es, por supuesto, la vírica, que se distingue de la de los más mayores precisamente en el tipo de placas que se forman a veces que, en el caso de los bebés, son más parecidas llagas pequeñas que recurren toda la zona.

 

Asesora: Dra. Mar Duelo, pediatra en el Centro de Atención Primaria Las Calesas, de Madrid.

 

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