5 años

Le da miedo ir al médico

A esta edad, las infecciones víricas disminuyen y las revisiones médicas se espacian. En parte por eso, cuando toca ir al pediatra, el niño nos sorprende con un: 'No quiero, me da miedo ir al médico'.

Le da miedo ir al médico

Tu hijo ya es consciente de qué es el cuerpo y sus funciones: sabe que bajo la piel hay huesos, músculos, venas... y que el cuerpo funciona como una «máquina» a la que hay que cuidar (alimentar, lavar, proteger del frío y el calor) para que no se "estropee".

Las visitas al pediatra se vuelven cada vez más esporádicas. Recordemos que hace tan solo un par de años, entre revisiones, vacunas y toda la colección de virus típicos de la edad, pasábamos largos ratos en el ambulatorio y la consulta. Ahora, el tipo de problemas médicos cambia bastante. A estas edades las infecciones víricas disminuyen en frecuencia (aunque no nos libramos de las gripes y los catarros), las afecciones respiratorias mejoran (porque madura el sistema respiratorio e inmunológico) y empezamos a tener las primeras consultas por traumatismos como golpes y roturas (que además suelen derivarnos directamente al hospital).

Y si bien los virus que antes nos visitaban con frecuencia nos dejaban fiebres, sueño, vómitos o malestar, ahora los golpes y los accidentes nos dejan dolor, sangre, vendajes y heridas que escuecen. Se enfrentan a un panorama impactante (¡el rojo asusta!) que pasa a formar parte del día a día en el cole (cuando no es uno es otro el que se pega un porrazo, se tuerce un pie o se abre la ceja de un balonazo) y, por tanto, a engrosar la lista de temores de los pequeños más impresionables.

Y es que la falta de costumbre y la aparatosidad de ciertos accidentes hace que a estas edades la idea de ir al hospital o simplemente hacerse daño o sangrar sea vivida con ansiedad y temor. Por eso, además de quitarle hierro al asunto en la medida de lo posible, es importante enseñar a nuestro hijo a respirar en situaciones de angustia (cogiendo mucho aire de una vez y soltándolo muy despacio, como si sopláramos una velita que no se apaga) y a «distraer su pensamiento» (es decir, a retirar la atención del dolor o la herida sangrante y pensar y hablar de cosas que nada tengan que ver con ello) mientras llega la atención médica.

Al verle mayor, a veces nos relajamos con la televisión o las películas. Sin darnos cuenta exponemos al niño a estímulos demasiado fuertes: escenas violentas, crímenes, telediarios o documentales muy explícitos. Es importante filtrar estos contenidos (sin sobreprotegerle), ya que todavía es impresionable y su visionado puede acentuar ciertos temores o generar otros nuevos.

 

Etiquetas: miedo infantil, pediatra, salud, salud niños

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