Salud

Cómo mantener el asma bajo control

La vuelta al colegio supone para muchos niños asmáticos el regreso de las crisis. Sin embargo estas pueden controlarse con un tratamiento y evitando, si es posible, los factores que las desencadenan.

Cómo mantener el asma bajo control

Pablo tiene seis años y, de vez en cuando, mira a su madre- y le dice: “Respiro mal”. Blanca reacciona con calma y le da un espray broncodilatador, Ventolín, con el que niño ya se maneja perfectamente y la situación se acaba en pocos minutos. Poco tiene que ver la situación actual con la de hace poco menos de seis años, cuando Pablo –segundo hijo de Blanca y su marido, Fernando- tuvo lo que su madre recuerda como un “catarro fuerte”, por el que le llevó al pediatra.

 

Bronquiolitis a los cuatro meses

El médico les dijo que Pablo, de entonces cuatro meses, tenía bronquiolitis, una inflamación de los bronquios que no tiene que ser necesariamente asma, excepto si ocurre más de cuatro veces en un año, justo lo que le ocurrió al bebé de Blanca. Fue a la cuarta visita al pediatra con un un catarro muy fuerte con dificultad respiratoria, y el cuarto diagnóstico de bronquiolitis, cuando le comunicaron que Pablo era asmático, una situación tan frecuente que, según explica el Dr. Carles Lucas, jefe del Servicio de Alergia de Sant Pere Claver - Fundació Sanitària se trata de la enfermedad crónica más habitual en niños.

 

El especialista explica que hay un fuerte componente genético. En el caso de Pablo, nadie de la familia era asmático, aunque su padre sí es alérgico y su hermano pequeño intolerante a la lactosa; al cuarto, que acaba de nacer, Blanca le ve “pinta” de seguir el camino de Pablo. “Al final, parece que todo está un poco relacionado”, comenta Blanca.

 

Diez ingresos en los dos primeros años

El diagnóstico de Pablo no supuso, ni mucho menos, el fin de las visitas al médico. Las visitas a Urgencias fueron incontables y el niño acumuló 10 ingresos antes de cumplir los dos años. Blanca reconoce que lo pasó mal y que aún hoy en día y con el niño dado de alta sufre cada vez que su hijo tiene mocos.

 

Para esta madre, algo con lo que se sentirán identificadas muchas otras, lo importante es saber reconocer una crisis, sobre todo cuando el niño es más pequeño y no puede hablar. Blanca lo aprendió más o menos rápido, pero reconoce que en estos años se ha llevado algún susto y que ha llegado al hospital con el peque “bastante malito”.

 

Explica el Dr. Lucas que hay muchas situaciones que desencadenan crisis asmáticas, desde la humedad al humo, pasando por situaciones tan comunes en la infancia como los nervios o el sobreesfuerzo. Es precisamente esa variedad de situaciones desencadenantes, y los síntomas que son muy generales, lo que puede retrasar la visita al médico, sin embargo, es primordial acudir pronto. “Más vale pasarse que dejar de ir; los propios especialistas te dicen que tú puedes salvar a tu hijos”, recuerda Blanca de sus innumerables viajes al hospital con Pablo en el asiento de atrás.

 

En el hospital le ponen oxígeno

En el centro hospitalario se mide la capacidad de absorción de oxígeno que ha de acercarse lo más posible al 100%. Obviamente, el niño que acude a Urgencias o al centro de salud no respira bien, por lo que la máquina dirá lo que la madre ya ha percibido. “Se nota en el color de la piel; en la forma de respirar como, por ejemplo, que los movimientos de la tripa u el pulmón vayan desacompasados, lo que se llama tiraje, porque los músculos de las costillas tratan de abrir el pulmón al máximo para que entre más aire y el abdomen se comprime”, recuerda Blanca.

 

Una vez que el oxígeno entra con normalidad en el organismo del niño asmático, lo principal es intentar sacarle de la crisis, lo que se hace en el hospital con cámaras de inhalación, en las que administran al pequeño fármacos broncodilatadores, oxígeno y, en ocasiones, cortisona. Si mejora, podrá irse a casa; si no, habrá de quedarse ingresado.

 

Sin embargo, como recuerda Blanca, en esas angustiosas esperas hospitalarias donde te enseñan lo más importante para el manejo de un niño asmático; a administrarle esos broncodilatadores (que mamás y niños acaban conociendo como ‘pufs’). “Puede pasar que no lo agites bien, que se cometa un fallo en la limpieza del aparato o incluso que no estés tranquila a la hora de administrárselo, lo que afecta al niño; en ese caso, es mejor que se lo de el padre u otra persona que sí esté relajada”, afirma Blanca. Comenta el Dr. Lucas que no son los padres los únicos que aprenden; también los pequeños acaban convirtiéndose en expertos sobre cuándo necesitan esa ayuda extra y cómo administrársela.

 

Un tratamiento para evitar las crisis

Más allá del llamado tratamiento de rescate, una vez confirmado que el pequeño padece asma, el médico le recetará un tratamiento sistémico, que tendrá que tomar en todas las época del año. Suele componerse de otro tipo de inhaladores y pastillas como el montelukast.

 

Aun así, el peligro de las crisis suele estar siempre ahí, por lo que los inhaladores de rescate siempre formarán parte del botiquín de la casa de un asmático. Como bien sabe Blanca, hay situaciones en las que los riesgos se incrementan y los padres pronto empiezan a reconocerlas. La temperatura del lugar donde se vive, por ejemplo, influye. En estos más de cuatro años, Blanca ha cambiado su residencia de Madrid a Vitoria para regresar después a la capital. Así, ha descubierto que la humedad no es un buen aliado para el asma, como también ha visto en vacaciones que a Pablo la playa no le sienta demasiado bien.

 

Un día llega el alta

Aunque el asma puede durar toda la vida, muchos niños vencen a la enfermedad y dejan de requerir el tratamiento crónico. A Pablo le dieron el alta a los seis años, aunque su madre sabe que le puede volver a dar alguna crisis, se supone que será algo esporádico. El Dr. Lucas señala que algunos niños lo tienen de por vida y que incluso es un mito lo de que el paso a la adolescencia acaba con la enfermedad. “Si el niño es alérgico es más fácil que el asma se mantenga; en este caso hay que tratar de forma simultánea las alergias”, subraya.

 

De las pocas cosas positivas que se derivan de que un niño padezca asma en la primera infancia es que, paradójicamente, su capacidad pulmonar será mejor una vez que haya superado la enfermedad, por lo que muchos de estos pequeños terminan siendo grandes deportistas. “Pablo es muy bueno jugando al fútbol, aunque no sé si será solo por eso; en cualquier caso, es algo que me alegra mucho”, concluye Blanca.

 

Etiquetas: alergia, asma, bronquiolitis, salud niños

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