1,2,3 Actúa ya contra la obesidad infantil

6 amigos de la obesidad infantil

9 minutos

Un peso elevado al nacer, no desayunar, dormir poco, una dieta rica en proteínas, tener escasos recursos económicos y demasiadas horas de televisión o videojuegos favorecen la obesidad en los niños.

Obesidad infantil

Las claves para evitar el sobrepeso en los niños son una dieta variada, en cantidad suficiente y en un entorno agradable, y que la actividad física y el ejercicio formen parte de la vida cotidiana de los niños y de toda la familia. Pero hay ciertos aspectos que podemos valorar menos y que también afectan a la obesidad infantil: son sus «amigos ocultos».

1 La programación genética antes del nacimiento

«Pues mi madre siempre fue muy gordita y mi hermano es un tirillas»


«Las condiciones de la madre durante el embarazo no modifican los genes del bebé, pero sí influyen en cuáles, de toda su dotación genética, se expresarán más o menos», explica el doctor Juan José Díaz Martín, especialista de Gastroenterología y Nutrición Pediátrica del Hospital Universitario Central de Asturias. «El niño se «programa» metabólicamente en la gestación, y si la madre gana mucho peso o está muy obesa, su hijo va a tener más probabilidades de sufrir un exceso de peso en el futuro. Incluso la flora bacteriana en el intestino de la gestante condiciona el desarrollo de una microbiota intestinal en el futuro bebé que se puede asociar a mayor riesgo de obesidad».

Los nueve meses de embarazo y los primeros dos años del niño, lo que se llama «los primeros mil días», son fundamentales para el resto de su vida. «Hay estudios que han demostrado que el peso del bebé al nacer influye en el riesgo de obesidad en la etapa adulta y, por supuesto, si toma pecho o no. Las posibilidades de obesidad son menores si el niño es amamantado», añade el doctor Díaz Martín, aunque advierte que no hay que caer en el determinismo: «La obesidad es un problema complejo en el que interfieren miles de factores. Si los hábitos de vida son normales y saludables, es probable que ese pequeño nunca sea obeso».

2 No desayunar

«El desayuno es siempre una pelea. Mi hijo solo tiene hambre en la cena»

«Está demostrado que la ausencia del desayuno es un factor muy importante para determinar si el niño tiene riesgo de ser obeso o no», defiende el doctor Díaz Martín. «Hay padres que te dicen que a su hijo no les entra nada para desayunar. Pero después los niños tienen hambre y se pegan atracones. Además, nuestro organismo no gestiona los nutrientes de forma lineal a lo largo del día. El organismo está preparado para recibir más nutrientes y aprovecharlos mejor en las dos primeras horas tras el ayuno nocturno. Y si no desayunamos, estamos repartiendo mal los alimentos a lo largo del día y eso favorece también que se acumule la grasa», subraya. El desayuno tiene que ser una comida casi tan completa como la comida o la cena, que aporte entre el 25 y el 30% de los nutrientes del día. Un buen desayuno equilibrado está compuesto por una pieza de fruta, un lácteo y cereales, preferentemente integrales.

3 La falta de sueño

«Intento que aguante despierto hasta tarde para que duerma mejor por la noche»

Lo detectan y denuncian muchos pediatras: los niños no duermen las horas que deberían. «El sueño tiene una importancia capital para controlar las funciones del organismo y regular la secreción hormonal. Algunas hormonas tienen ritmos biológicos, sufren oscilaciones a lo largo del día y las segregamos, por ejemplo, en determinadas fases del sueño», explica el doctor. Es el caso de la hormona del crecimiento y puede pasar con otras hormonas relacionadas con la obesidad, como la ghrelina y la leptina. La primera estimula la sensación de apetito y la leptina avisa al cerebro del estado de saciedad. Pues bien, algunos estudios indican que la falta de sueño provoca un cambio en estas hormonas que hace que los niños tengan más apetito y les cueste más sentirse saciados. Además, los alimentos por los que se despierta más apetencia son los dulces, galletas, patatas fritas o comidas saladas. ¿Y cuántas horas se supone que son suficientes? Para hacernos una idea, los recién nacidos duermen entre 16 y 18 horas al día; a los 2 años el promedio es de 13 horas; desde los 3 a los 5 años, entre 10 y 12 horas; y entre los 6 y los 10 los niños pasan alrededor de 10 horas diarias durmiendo. El Proyecto Viva, una investigación del Hospital Infantil General de Massachusetts (MGHFC), analizó (entre otros condicionantes)el impacto del sueño en la primera infancia en 1.046 menores. Definió como descanso insuficiente pasar menos de 12 horas al día durmiendo entre los 6 meses y los 2 años, menos de 10 horas entre los 3 y los 4 años y menos de 9 de los 5 a los 7 años. Si tu hijo duerme esas horas o menos por la noche, deberías tener cuidado. La falta de sueño se interrelaciona con otros factores. Si el niño duerme poco se despierta sin tiempo para desayunar. Y debido al cansancio, también está menos activo a lo largo del día.

4 La falta de recursos

«Entre los niños de las familias de renta baja existe el doble de obesidad que en los de clase alta»

Es un hecho: la obesidad infantil está muy ligada a la desigualdad social. Tiene más incidencia en menores de familias con niveles socioeconómicos inferiores y afecta tres veces más en familias con menor nivel de estudios. Cuando disminuyen los recursos, las familias recortan el gasto en comida: eligen comida más barata, saciante y fácil de preparar, y consumen menos frutas, verduras, hortalizas y carne y pescado de calidad. Los niños no comen menos cantidad, pero comen peor. Y el tiempo de ocio es más sedentario. La estrategia NAOS del Ministerio de Sanidad detecta y señala esta mayor incidencia de la obesidad en los grupos sociales con menores niveles de renta y educativos, pero hasta la fecha no se han puesto en marcha medidas económicas concretas para estos sectores de la población.

5 El exceso de proteínas

»A mi hija no le gusta la fruta, así que de postre siempre toma yogur»

Mucho se ha hablado del abuso del azúcar en la dieta de las sociedades desarrolladas, potenciado por su uso como conservante en productos manufacturados. Pero quizás no seamos tan conscientes del peso de las proteínas en la alimentación en la primera infancia. «En los países ricos (nosotros lo somos) consumimos demasiadas proteínas, especialmente los niños», advierte el doctor Díaz Martín. «Ese exceso favorece la aparición de la obesidad a los 8-10 años». Como explica el especialista, si el niño se toma un filete y de postre yogur, y para merendar unas natillas, y para cenar un filete de pollo enorme y otro lácteo, su alimentación está descompensada. «Hay que tomar cinco raciones de frutas y verduras al día para rebajar la cantidad de proteínas ingeridas. Los lácteos en sí no son malos y, de hecho, son la fuente fundamental de calcio de nuestra dieta, pero si se toman siempre de postre, el puré de verduras va con quesito y bebemos un vaso de leche para desayunar y otro para cenar, al final la dieta se descompensa», explica. «A muchos padres, ver que su hijo no come les supone un problema: psicológicamente no estamos preparados. Y hay que dejar que el niño regule su propio apetito. No debemos obligarle a comer, pero que coma solo lo que le gusta no es la solución. No pasa nada porque se coma solo la mitad de las verduras pero lo que no hay que hacer es darle una ración de patatas fritas o embutido para compensar la parte del plato que ha dejado». Pero ¡ojo! Las proteínas deben estar presentes en todas las comidas porque «si hay carencias, el niño no tendrá los aminoácidos necesarios para crecer. Deberían suponer un 30% de la ingesta diaria, no el 40 o 50%. Entonces, ¿cómo deben ser las raciones? Un filete, por ejemplo, basta con que sea del tamaño de la palma de su mano, pero la mayoría de las madres piensa que es poco. Y surge el problema».

6 Vivir pegados a una pantalla

«Cuando necesito que el niño esté tranquilo le pongo la tele o le dejo la tablet»

Nos sucede a los mayores y estamos dejando que les pase a nuestros hijos. El tiempo medio diario que dedican los niños españoles de entre 2 y 5 años a actividades sedentarias en el hogar (televisión, tablets, consolas...) no es muy diferente al de los niños de 11 a 14 años: los pequeños dedican 2,06 horas al día a ver la televisión y 1,67 horas diarias a la tablet y demás dispositivos electrónicos. En total, 3,73 horas al día frente a una pantalla, según datos de la estrategia NAOS del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad. Descontemos las horas de colegio o escuela infantil y las que pasan durmiendo y nos daremos cuenta de la magnitud del problema. «El cambio en el estilo de vida de la sociedad española es enorme. Hemos pasado de que los niños jugasen en los parques y fueran andando al colegio, a estar enganchados a una pantalla. Nadie engorda si no come, pero el factor que más pesa en la obesidad infantil es el sedentarismo. Si tuviera que intervenir en una sola causa, elegiría la actividad física», asegura el doctor Díaz Martín. No existen estudios concluyentes sobre los efectos del uso de las tablets en los niños, aunque la Academia Americana de Pediatría defiende que antes de los dos años los niños no deberían ni tocarlas. La conclusión de los estudios sobre apps educativas para esas edades es que suponen más interferencias que beneficios para el desarrollo psicomotor. Y estamos, una vez más, estableciendo hábitos en la primera infancia que durarán toda la vida.

Asesor: Juan José Díaz Martín, especialista de Gastroenterología y Nutrición Pediátrica del Hospital Universitario Central de Asturias; vocal de la Sociedad Española de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica (SEGHNP) y del Comité de Nutrición de la Asociación Española de Pediatría (AEP). Es coautor del Libro Blanco de la Nutrición Infantil en España.

Etiquetas: alimentación niños, obesidad, salud del bebé, salud niños

Continúa leyendo...

CONTENIDOS SIMILARES

COMENTARIOS