Medicamentos en niños

Antibióticos en niños: todo lo que debes saber

Útiles para el tratamiento de infecciones causadas por bacterias, los antibióticos deben ser consumidos únicamente cuando el pediatra los haya prescrito. Es la mejor forma de evitar resistencias en un futuro.

Aunque el uso de los antibióticos ha disminuido en los últimos 20 años, especialmente después de que diferentes campañas hayan alertado e informado a la opinión pública acerca de los peligros que suponen para la salud, todavía hoy este tipo de medicamentos son de los más recetados por los pediatras.

Y es que, como a buen seguro sabrás (y como te hablaremos detalladamente a lo largo de la presente nota), los antibióticos únicamente sirven para el tratamiento de infecciones bacterianas.

Si bien es cierto que los antibióticos han salvado millones de vidas desde que fueron recetados por primera vez en la década de los años 40 del siglo pasado, la realidad es que su uso excesivo y generalizado (cuando en verdad no eran necesarios) han provocado que muchos sean menos eficaces para matar a aquellas bacterias que causan enfermedades.

Si bien continúan siendo armas importantes, fundamentales y destacadas en la lucha contra la enfermedad, es importante entender si este tipo de medicamentos son seguros para los niños. Y, sobre todo, cuándo son verdaderamente útiles y adecuados.

¿Sabes cómo funcionan los antibióticos?

Tanto las bacterias como los virus son los principales causantes de muchas enfermedades. Las bacterias son organismos vivos unicelulares, y los antibióticos actúan matándolos al detener tanto su crecimiento como su reproducción.

Sin embargo, los virus son distintos: no se consideran organismos “vivos” en sí mismos, y crecen y se reproducen únicamente después de haber invadido otras células vivas. Aunque nuestro sistema inmunitario es capaz de combatir algunos virus, en especial aquellos que ya han causado enfermedades víricas en el pasado, los antibióticos no son efectivos contra ellos.

En los niños sus primeros tres años de vida son particularmente importantes para su desarrollo, de ahí que los médicos tiendan a tener muchísimo cuidado a la hora de recetar antibióticos en niños pequeños.

Si se trata de una enfermedad leve, es muy posible que el pediatra pueda recomendar la observación y un tratamiento de primeras sin antibióticos. Pero hay momentos en los que los antibióticos sí pueden ser el tratamiento médico adecuado para los bebés, como ocurre en caso de existir síntomas de neumonía, fiebre elevada o dolor de oídos moderado o severos.

¿Cuándo son verdaderamente útiles los antibióticos?

Un resfriado, un dolor de garganta, la tos, la fiebre y muchas infecciones del oído son originalmente causadas por virus, lo que significa que no deben -ni pueden- ser tratadas con antibióticos.

No obstante, en ocasiones estos síntomas pueden ser parte de una afección muchísimo más grave. Por ejemplo, una neumonía, infecciones del tracto urinario, la tos ferina, una faringitis estreptocócica o infecciones sinusales.

Todas ellas, es cierto, pueden tener síntomas que imitan a los síntomas causados por los virus, pero originalmente son causados por bacterias. Estas enfermedades sí pueden ser tratadas eficazmente con antibióticos.

Además, como manifiestan muchos especialistas, algunos niños pueden tener determinadas afecciones o condiciones que pueden llegar a dificultar la curación; en cuyo caso se pueden recetar antibióticos. Es el caso de determinados trastornos inmunes, el paladar hendido, el síndrome de Down o tener un implante coclear (pequeño dispositivo electrónico que ayuda a las personas a escuchar).

¿Cuáles son sus efectos secundarios?

Como ocurre con cualquier otro medicamento, es posible que durante el tiempo que dura el tratamiento antibiótico puedan surgir algunos problemas.

Por un lado, nos encontramos con el uso frecuente -e inapropiado- de los antibióticos. Esto puede provocar que las bacterias cambien, y terminen desarrollando resistencia a los antibióticos. Esto significa que, en un futuro, serán necesarias dosis más altas para que el tratamiento sea efectivo.

Por otro lado, los antibióticos también “matan” a las bacterias buenas del cuerpo, lo que puede ocasionar la aparición de diarrea y otros trastornos relacionados. Mientras que, en otros casos, pueden causar reacciones alérgicas, como náuseas y erupciones cutáneas.

Ante cualquier síntoma relacionado se aconseja acudir al médico para nueva valoración.

¿Cómo usar los antibióticos en niños?

En caso de que el médico haya recetado algún antibiótico a nuestro hijo, es importantísimo seguir las instrucciones de forma cuidadosa. Es fundamental, por ejemplo, asegurarnos de que le damos al pequeño la cantidad completa de antibióticos recetados, no solo en cada dosis, sino durante el tiempo que dura el tratamiento. 

Los antibióticos suelen tardar en funcionar, aunque esto no significa necesariamente que no sean eficaces para esa infección en concreto. Al contrario, aunque es posible que el pequeño no muestre mejoría durante los primeros días después de empezar a tomar los antibióticos, en realidad el tratamiento está actuando contra la infección.

Es más, en la mayoría de las ocasiones el efecto del tratamiento antibiótico suele durar algunas semanas, por lo que el niño estará protegido mientras continúa haciendo efecto.

Por otro lado, no se deben guardar los antibióticos que sobren, ya que en caso de una infección posterior no sabremos si el niño está padeciendo -o no- la misma infección, o si se trata en realidad de una infección viral. Por tanto, deben ser llevados a la farmacia para su reciclaje adecuado, y en caso de nuevos síntomas, volver a llevar el niño al médico.

Christian Pérez

Christian Pérez

CEO y Editor de Natursan.

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