Cómo actuar

Ataque de pánico: cómo afrontarlo

Pueden ocurrir también en la población infantil, tanto en niños como en adolescentes, y es importante saber cómo actuar pero, sobre todo, aprender a detectarlos para poder ponerle remedio de la mano de un especialista.

Los ataques de pánico, también conocidos como crisis de angustia, no son una cuestión que afecte solo a la población adulta. También en los niños y adolescentes  pueden ocurrir, por lo que como padres es aconsejable ser conscientes que esta es una posibilidad real.

Tal y como explican desde la American Academy of Chuld&Adolescent Psychiatry (AACAP), “Los niños y adolescentes con el desorden del pánico sufren períodos inesperados y repetidos de intenso terror, o incomodidad, acompañados de otros síntomas tales como palpitaciones rápidas y falta de aliento”. Estos ataques pueden durar desde algunos minutos a varias horas -lo más habitual es lo primero, que sean cortos e intensos- y no tienen porqué presentarse avisando; de hecho, son “una aparición súbita de miedo o malestar intenso que alcanza su máxima intensidad en cuestión de minutos”, indican desde Institut Psicología Barcelona.  

Al contrario de lo que mucha gente cree, los ataques de pánico tanto en adultos como en niños no están relacionados solamente con situaciones extrañas, poco habituales o que conlleven algún riesgo. “Pueden aparecer en el transcurso de cualquier actividad que se esté realizando, ya sea conducir, trabajar, pasear, etc. Contrariamente a lo que se podría esperar, su aparición se puede dar en situaciones en las que la persona está relajada como pueden ser los periodos de vacaciones o durante el sueño”, explican desde Psicoglobal. 

Por qué ocurren

Entre los síntomas más habituales propios de un ataque de pánico se encuentran las palpitaciones rápidas o taquicardia, mareos y vértigos, falta de aliente, sofoco, temblores, sensación de irrealidad y miedo a perder el control, entre otros. También, indican desde  la AACAP, un presentimiento de que algo terrible va a ocurrir.

Generalmente, los ataques de pánico son una consecuencia de la concatenación de varios de estos síntomas, mecanismo que pone en marcha de forma involuntaria el organismo: “Ante la percepción de amenaza, nuestro cuerpo se activa y se prepara para afrontarla. Si cuando empezamos a notar los síntomas de activación nos asustamos, esta activación aumentará todavía más”, exponen desde el Institut Psicología Barcelo.

Cómo actuar ante un ataque de pánico

Para tratarlos, ya sea en un adulto o un niño, no hay más opción que tratar de ayudar a esa persona para que vuelva a la calma. A corto plazo, solo se puede hacer eso, y además no es sencillo porque hay que ser capaz de intervenir en su justa medida, para sumar en positivo y evitar que el niño o adulto se sienta desbordado y pierda el control completamente. “Lo más importante en esta situación es intentar calmarse, entender que el cuerpo está respondiendo ante una sensación de miedo -no siempre consciente- y que tras unos minutos irá disminuyendo”, dicen desde el Institut Psicología Barcelona.

Desgraciadamente, ni siquiera cuando se consigue superar el ataque de pánico existe una garantía de que no se vaya a reproducir un episodio similar pronto ni siquiera de que se vayan  a acabar ahí las consecuencias de la crisis recién superada, cuyos efectos pueden prolongarse, tal y como alertan desde Psicoglobal: “Una vez que el ataque de pánico desaparece, aparece fatiga o una sensación de agotamiento intensa, también pueden mantenerse algunos síntomas del ataque de ansiedad como es una sensación de embotamiento mental, inestabilidad o sensación de mareo”.

Por todo ello, es absolutamente imprescindible poner en conocimiento del pediatra y/o al psicólogo la situación en caso de que se detecte en un niño, de manera que se pueda diagnosticar el origen del problema y si está relacionado o no con otros trastornos. “Si no se diagnostica y se trata, el desorden del pánico y sus complicaciones pueden ser devastadores”, avisan desde la AACAP. “Los ataques de pánico pueden interferir con las relaciones sociales, el trabajo escolar y el desarrollo normal del niño o del adolescente“, avisan desde la asociación especializada en salud mental infantil y adolescente. 

El diagnóstico de las crisis de pánico en niños es muy complicado, por lo que es fundamental armarse de paciencia y acudir las veces que sean necesario a la consulta del especialista. Primero hasta que se pueda dar con el problema y, posteriormente, en caso de que el tratamiento lo implique, para que el niño pueda seguir superar este tipo de crisis.  

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