Azúcar en la alimentación infantil

¿Cómo saber qué alimentos infantiles llevan azúcar camuflado?

El azúcar es el enemigo oculto de la salud de tu hijo. Un ingrediente que está presente casi en todos los alimentos procesados que se llevan a la boca y cuyo consumo, sin embargo, deberíamos erradicar.

El azúcar está presente en nuestra dieta de forma abusiva desde hace más de 60 años y resulta totalmente perjudicial para nuestra salud. De hecho, la Organización Mundial de la Salud, ha endurecido sus recomendaciones en cuanto al consumo de esta sustancia y aconseja que en el caso de los adultos no supere el 5% de la ingesta calórica diaria -unos 25 gr al día- y, en el caso de los bebés reducirlo todo lo posible.

Superar estos niveles representa un mayor riesgo de desarrollar sobrepeso y obesidad, pero, además, está relacionado con las enfermedades cardiovasculares, con la diabetes de tipo 2, con problemas gastrointestinales y caries dental, entre otros. El investigador y divulgador científico Robert Lustig ha demostrado a través de más de un centenar de estudios las consecuencias negativas del azúcar en la dieta y su relación con dolencias crónicas. Son enfermedades que a veces asociamos al “estilo de vida occidental”, pero está claro que el verdadero culpable se oculta en nuestra despensa con múltiples disfraces.

Mi consejo para quienes aún dudan de las consecuencias negativas del azúcar en la dieta es que investiguen y se informen a través de fuentes tan solventes como la Organización Mundial de la Salud (OMS) o la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (Aesan) que alertan acerca de estos riesgos.

Probablemente ha sido esta concienciación lo que ha llevado a que el consumo de azúcar -como producto en sí mismo- se redujera en 2019 en España un 5,4%. De media, el español consumió 3,10 kg a lo largo del año, pero en los hogares con hijos pequeños, el consumo fue mucho menor (1,78 kg), según el último Informe del Consumo de Alimentación en España del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Estas cifras dejan clara la preocupación que tenemos todos, pero muy especialmente los padres con hijos pequeños, por el consumo de esta sustancia de efectos perjudiciales, pero ¿y el azúcar que no vemos?

Un enemigo oculto

En demasiadas ocasiones no somos suficientemente conscientes de los ingredientes que contienen los alimentos que incluimos en nuestra cesta de la compra. Por desgracia, el azúcar se encuentra oculto en más del 74% de los productos envasados que encontramos en un supermercado, con más de 60 nombres diferentes (glucosa, fructosa, dextrina…). Así, a veces compramos alimentos que, a primera vista nos parecen saludables y, tras observar la etiqueta, descubrimos que tienen azúcar.

Lo cierto es que más del 80% de los azúcares que ingerimos están en alimentos procesados y que apenas nos damos cuenta de este consumo de azúcar. Por ejemplo, un desayuno de antaño con los típicos productos que les gustan a los niños podría llevar más de  54 gr de azúcar, sin añadir ni una cucharada del azucarero.

Papás y mamás: detectives de etiquetas

Ante este panorama, a los progenitores interesados en cuidar la salud de nuestros hijos no nos queda más remedio que prestar toda la atención posible a las etiquetas de los productos que adquirimos, sobre todo para ellos.

De entrada, nos daremos cuenta de que los refrescos y zumos azucarados, así como los ultraprocesados en general, suelen incluir azúcares libres. Otro aspecto que debemos tener muy en cuenta es que sustituir el azúcar por edulcorantes artificiales no es ninguna solución. Existen productos 0 azúcares que incorporan otras sustancias edulcorantes, con nombres que nos resultan menos familiares pero que pueden ser igual o más perjudiciales.

Todo esto no quiere decir que nuestros hijos no puedan disfrutar del dulce. En el mercado sí hay opciones que incorporan solamente ingredientes naturales y obtienen el punto de dulzor de alimentos como la raíz de la achicoria, el azúcar de coco, la miel o el sirope de arce. Estos ingredientes -o la fruta madura- también pueden ser muy recomendables para incorporarlos a las recetas caseras y satisfacer los gustos de los más golosos.

Si desde la infancia acostumbramos al paladar a todos estos sabores y desarrollamos hábitos más saludables, al llegar a la etapa adulta nuestro cuerpo nos lo agradecerá con un mejor estado general y tendremos un menor riesgo de padecer obesidad o sobrepeso, con todas las implicaciones que conlleva.

 

Artículo elaborado por Niklas Gustafson, experto en nutrición y CEO de Natruly

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