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Causas y consecuencias

Bruxismo en niños: qué es y cómo tratarlo

Conocido también como el rechinado de dientes que se produce sobre todo durante el sueño, es un problema mucho más habitual entre los niños de lo que se cree ya que afecta a más del 15% de los niños.

Bruxismo infantil (Foto: iStock)
Bruxismo infantil (Foto: iStock)

El término “bruxismo” no es demasiado conocido entre la opinión pública pese a que define a un trastorno muy habitual -algunas fuentes hablan del 70% de la población- en los seres humanos, también entre los niños. Se da cuando la mandíbula se aprieta de forma excesiva y recurrente, lo cual hace que también los dientes rechinen al ejercer una presión nada aconsejable los inferiores sobre los superiores y viceversa.

Según describe el doctor Jesús Fleta Zaragozano en un artículo especializado, el bruxismo se refiere a “una parafunción donde la mandíbula realiza movimientos no funcionales durante el día y/o la noche de forma voluntaria o involuntaria”. Lo más característico de este problema es que la dentadura siempre está involucrada en el movimiento, y esto tiene consecuencias negativas a medio y largo plazo sobre los dientes.

Qué es el bruximo y por qué aparece

En este otro artículo de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria se habla de explica que “se ha visto que pueden padecerlo entre un 15 y un 24% de los niños”, si bien varía mucho su prevalencia en la población infantil según la edad. “Sobre todo, se da en niños de entre 7 y 10 años de edad”, añade dicho artículo divulgativo, donde también se informa de que el bruxismo infantil disminuye con el tiempo y “es raro que persista después de la adolescencia”. 

El doctor Fleta diferencia en su artículo entre bruxismo primario y secundario, una diferenciación que conviene conocer para poder hablar en propiedad de esta cuestión porque los matices importan. Dicho esto, el primario es el más conocido, el “apretamiento diurno y el producido durante el sueño, cuando no se reconocen otros problemas o causas médicas”, explica el doctor. Pero también hay un bruxismo de otro tipo, denominado secundario, que está asociado a problemas de índole neurológica, psiquiátrica, a desórdenes del sueño y a la administración de drogas en el caso de los adultos. 

Es en el bruxismo primario, el habitual entre la población infantil, en cuyo tratamiento profundizamos a continuación. No está claro en cualquier caso si este rechinamiento de los dientes, casi siempre involuntario, se produce por causas odontológicas, genéticas, psicológicas o de cualquier otro tipo, pero sí están bien definidos los síntomas asociados: “un sonido peculiar audible, consciente o inconsciente apretamiento, rechinamiento, golpeo intermitente (chasquidos) o balanceado de los dientes en céntrica o excéntrica, en momentos diferentes de la deglución y trituración de los alimentos, durante el día y/o la noche”, enumera el doctor Jesús Fleta en el texto compartido por la Asociación Española de Pediatría.

Tratamiento

El tratamiento varía, lógicamente, dependiendo de los síntomas y, sobre todo, de las consecuencias que esté teniendo en la salud bucal del niño. No siempre participan las mismas estructuras en ello ni tampoco es idéntica la duración, la frecuencia o la intensidad, factores que también determinan la gravedad del bruxismo primario en la infancia. “Es un trastorno autolimitado (desaparece solo con el tiempo) en la mayor parte de los casos, por lo que no suele necesitar intervención alguna”, indica la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria. 

Esto no implica que no se requiera algún tipo de tratamiento en casos más complicados. El origen del bruxismo es importante para que los médicos escojan un tratamiento u otro, si bien no son sencillos de investigar porque además existe una amplia variedad de posibilidades, como hemos mencionado anteriormente, y ni siquiera hay consenso científico sobre ello. 

En todo caso, expertos como el doctor Fleta consideran que el tratamiento del bruxismo en niños debe ser lo menos invasivo posible, de manera que desaconseja las acciones clínicas y farmacológicas. “El tratamiento de primera elección para el bruxismo en niños debe comenzar por una información y educación a los padres y al niño”, advierte el doctor, que considera fundamental el factor psicológico: “Hay que tener en cuenta los factores psicológicos a la hora de afrontar el tratamiento en niños, el nerviosismo, la irritabilidad y situaciones de tensión pueden aclarar la presentación de este cuadro e iniciar la terapia pertinente”.

En un segundo nivel, en casos en los que el bruxismo es grave por su persistencia y recurrencia, el doctor Fleta apunta al odontólogo como la persona indicada para limitar las consecuencias derivadas de esta patología porque la situación suele requerir del uso de materiales específicos para ponerle solución. “Se emplean férulas de goma blanda o férulas acrílicas que ajusten en los dientes del maxilar superior y que sean duras, sobre todo en las caras oclusales. A la larga, estas férulas protegen el sistema masticatorio y disminuyen la carga en la articulación temporomandibular”, indica el doctor Fleta, que habla en su artículo de un tercer escenario, el de los niños que tienen solo los dientes primarios o que acaban de erupcionar los primeros molares permanentes y tienen abrasionadas las coronas de los molares primarios, algo relativamente habitual en pacientes infantiles con un cuadro de bruxismo primario severo.

En este contexto, según el doctor Jesús Fleta, “el tratamiento de elección sería el uso de coronas de acero inoxidable para restaurar el tejido coronario dañado y recuperar la dimensión vertical”, que además desaconseja la fisioterapia en niños y tampoco el uso de relajantes musculares.

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