Educación y felicidad

Cómo criar hijos felices

Criar hijos felices, ese propósito que todos los padres tenemos pero que, en muchas ocasiones, no sabemos exactamente cómo se logra ni qué significa realmente. Te damos algunas claves para entender mejor este tema.

Espero que al leer el título del artículo no te hayas asustado. Hoy en día el término felicidad o bien está sobrevalorado, o bien nos lo tomamos muy (demasiado) en serio. Y ni una cosa, ni la otra. Ya lo dicen, los extremos nunca son buenos.

Criar hijos felices no significa que los valores que les inculquemos deban estar vacíos de sentido y que nuestros hijos tengan que ir por la vida modo “happy flower” sin tomársela en serio. Ni que nosotros, los padres, seamos unos despreocupados irresponsables. No.

Nada más lejos de la realidad.

La felicidad no está reñida con criar de manera respetuosa y consciente. Felicidad es, en mi opinión, tener las herramientas necesarias para poder afrontar cualquier conflicto o situación dolorosa o complicada, asumiendo que la emoción no es para siempre y que existen soluciones diversas.

Me explico. Todos los estados emocionales pasan. No perduran para siempre. Nadie resistiría 24 horas de enfado desproporcionado, agresividad o ira.

A vivir también se educa. Vivir la vida con felicidad es asumir que, si bien es cierto que habrá momentos en los que tú o tus hijos penséis: “tierra, trágame”, todo pasa.

Una estrategia muy eficaz y que hoy comparto contigo, es la de poder trasladar a nuestros  hijos la importancia de buscar el lado positivo de las cosas.

Estamos acostumbrados a anclarnos en la negatividad, en el drama y en el victimismo, ya que es lo que está bien visto y permitido socialmente.

Piensa en el número de veces que te quejas al día. Muchas, ¿verdad? Estoy cansado, agobiado, tengo mucho trabajo, no puedo pasar suficiente tiempo con mis hijos, mi hija hasta que no grito no me hace ni caso, mi hijo duerme fatal por las noches y luego yo voy agotada, entre otros muchos mensajes más que recibe nuestra mente a lo largo del día.

Abro paréntesis: piensa que tus hijos te ven, te escuchan y lo más importante, te imitan. Porque tú eres el modelo que deben seguir. Cierro paréntesis.

Ahora piensa en cuántas veces se quejan tus hijos. Muchas también, ¿verdad? No quiero vestirme, no quiero ir al cole, no me gusta la verdura, tampoco el pescado, entre también muchas otras cosas más que hacen que acabemos nuestras frases con un: “¡No dejas de quejarte en todo el día!”

Me gustaría que por un momento pudieras imaginar cómo sería encontrar el lado positivo a tus pensamientos. A ese estar cansado del trabajo, pero agradecido de tenerlo. A que al pensamiento de no pasar el suficiente tiempo con tus hijos puedas disfrutar y saborear el poco que tengas. Porque muchas veces, si nos quedamos atrapados en esa negatividad tampoco disfrutamos de lo que tenemos.

Eso es, sin ir más lejos, educarnos y educar en felicidad, valorar lo que tenemos, lo que podemos transformar pensando en positivo.

Para poder hacer este ejercicio es necesario hacer un trabajo de introspección. No, no te asustes de nuevo. Es sencillo. Solo se trata de identificar qué pensamientos se repiten en tu interior. Normalmente acostumbramos a eso: repetir.

Recuperando el ejemplo de antes, si eres una madre que trabaja muchas horas, tal vez tu queja sea: “qué cansada estoy”. Si ese mensaje se repite día sí, día también, acabará transformándose en tu discurso interior, en tu "Pepito Grillo", y, por ende, en el modelo que van a seguir tus hijos. Y no queremos eso. Queremos que nuestros hijos sean felices.

Te invito a que puedas darle la vuelta a la tortilla, buscar ese lado positivo, esa otra cara de la moneda, desterrar tu queja y verbalizarla. Tal vez puedas, a partir de ahora, pensar: “qué cansada estoy, pero qué afortunada soy de trabajar en lo que me apasiona y me hace feliz”, y hacerlo con una sonrisa.

Sí, una vez más el cambio en nuestros hijos, pasa primero por nosotros como padres.

Educar en la felicidad es igual de importante que cualquier otro aspecto, o incluso más. Ganarán en resiliencia, ya que dispondrán de otros puntos de vista.

Es importante poder tener alternativas de solución a los problemas y ver que todo tiene un Plan B les facilita el camino y serán niños y niñas más felices.

Artículo elaborado por Noe García de Marina, Pedagoga Terapeuta. Orientadora y formadora en crianza respetuosa y consciente. Directora de Noe Botega.

Continúa leyendo