Dieta sana

Cómo tratar la obesidad infantil

La obesidad tiene muchas repercusiones negativas en la salud del niño, en su integración social y en el desarrollo de su autoestima. En el 99 por ciento de las veces la solución está en nuestras manos.

¿Desayuna?

La obesidad infantil, o exceso de peso producido por un acúmulo de grasa corporal, ha crecido del cuatro al 15 por ciento en quince años. Si vemos que nuestro hijo engorda más de la cuenta podemos comentarlo con el pediatra para que nos proponga medidas concretas para controlarlo. Los errores dietéticos suelen ser los grandes culpables. Por eso, conviene preguntarnos: ¿qué come nuestro hijo? ¿cuáles son sus hábitos alimenticios?

¿Desayuna?

El desayuno es una comida clave que mejora el rendimiento físico e intelectual y reduce el deseo de tomar dulces a media mañana.
La obesidad prevalece entre las personas que no desayunan y, según los últimos estudios, el 8% de los niños españoles no lo hace.
Deberíamos darle un desayuno completo que incluyera un lácteo, hidratos de carbono como pan o cereales y alguna fruta fresca o zumo natural.

¿Toma habitualmente bollería industrial?

La bollería, pastelería y heladería industrial contienen grasas de poca calidad y ricas en colesterol, escasos micronutrientes y exceso de azúcares. Cada ración puede tener 400 calorías. La bollería industrial puede tomarse esporádicamente, pero no debe formar parte de la dieta habitual. Un bocata con aceite de oliva y jamón york es mucho más saludable. Si alguna vez queremos invitar al niño a bollería o dulces lo mejor es optar por la artesana, del día.

¿Bebe zumos, refrescos, bebidas de cola?

La mayoría de los zumos tienen demasiados azúcares y aportan calorías vacías, favoreciendo la acumulación de grasa. Los zumos naturales son más aconsejables, pero el agua es mejor aún para acompañar los bocadillos. Las bebidas de cola y demás refrescos tomados habitualmente perjudican la salud, afectan al peso del niño y provocan caries. Si abusamos de las bebidas de cola se puede llegar a alterar la correcta absorción del calcio y producir desmineralización ósea. Además, estas bebidas también pueden producir nerviosismo en los niños.

A mediodía... ¿comida rápida, precocinada?

La comida rápida y la precocinada se adaptan mejor a nuestro veloz estilo de vida, pero afectan negativamente a nuestra salud y peso. La alternativa es plantearnos prioridades y dedicar un poco más de tiempo a cocinar. Medidas prácticas son disminuir los precocinados, limitar la carne roja y aumentar el consumo de productos frescos como frutas y verduras, cinco al día, preparados de forma variada, imaginativa y sabrosa.
Las chucherías, patatas de bolsa o, en general, el picoteo, deben ser una gran excepción. Son calorías vacías, sin valor nutritivo, que introducen desorden en las comidas, tienen escaso poder saciante y evitan que el niño coma equilibradamente a sus horas.

¿Pasa varias horas al día delante de la televisión?

Los niños ya no se pasan la tarde jugando y corriendo... sino sentados frente a algo: tele, deberes, consola, ordenador. No queman las calorías que consumen, y esas calorías se convierten en grasa. Además, su organismo se vuelve en general más perezoso: en cualquier actividad gastará menos calorías. Si nuestro hijo está enganchado a la televisión, es momento de reincorporar a su vida el juego y la actividad, con cualquier excusa. Subir por las escaleras, realizar andando con él las distancias cortas, pedirle que nos ayude en labores domésticas sencillas... Son pequeñas acciones que pueden marcar una gran diferencia.

Cuando la dieta y el deporte son necesarios...

A veces no basta con cambiar algunos hábitos y hay que tomar medidas más drásticas. El niño debe hacer una dieta y apuntarse a un deporte, y nosotros debemos ayudar para que no fracase en su empeño.

  • La dieta baja en calorías, por poco tiempo
    El niño no puede pasar la infancia en permanente privación. Es mejor una dieta por poco tiempo y buenos hábitos asentados con horarios ordenados y fijos. Posiblemente habrá que modificar los hábitos familiares (dejar de comprar chocolate o dulces). Pero, además, tenemos que ganárnoslo para la causa: ¿cómo hacerlo si nos proponemos cambiar el sanjacobo con patatas fritas por un plato de carne a la plancha con verdura? Para convencerlo hay que negociar, implicarlo y ofrecerle alicientes: al filete a la plancha podemos añadirle una pequeña ración de patatas fritas... y verdura.
  • El deporte que más le guste
    No ha de ser el mejor ni el más completo, sino el que más le guste. Si disfruta, tenemos el éxito asegurado. Sería aconsejable incrementar la actividad física diaria (un paseo de media o una hora, sacar al perro a la calle, no usar ascensor, jugar un rato en el parque, etc) y apuntarlo a algún deporte dos o tres horas por semana, si es posible con monitor. Los de equipo son los que más les motivan, y favorecen su integración social.
  • Menos de dos horas al día en el sofá
    El ejercicio beneficia a la salud cardiovascular, disminuye la ansiedad y la depresión, mejora la autoestima y el rendimiento académico. Si nosotros nos levantamos del sofá y jugamos con ellos a la pelota... El beneficio será para todos. Además de favorecer el movimiento, vigilaremos el sedentarismo: no más de dos horas de quietud al día. Consumir menos y gastar más es una fórmula infalible para perder peso.


Asesor: Dr. Antonio Jurado, jefe de Servicio de Pediatría del Hospital Materno Infantil de Málaga.

 

Etiquetas: alimentación niños, hábitos saludables, obesidad, salud niños

Continúa leyendo...

CONTENIDOS SIMILARES

COMENTARIOS