Salud podológica

Cuidado de los pies en la infancia: cómo evitar problemas a largo plazo

La infancia es la edad clave para empezar a detectar anomalías en nuestra pisada que pueden acarrear dificultades en otras partes del cuerpo como en la espalda, las rodillas o el tobillo. Por lo tanto, conocer cómo es nuestra pisada, llevar una correcta higiene y utilizar un calzado adecuado nos ayudará a prevenir futuras dolencia o patologías.

La calidad de vida en nuestra edad adulta puede mejorar si desde la niñez mantenemos un buen cuidado de los pies. Por ello, debemos ser conscientes de la importancia que juegan nuestras extremidades inferiores en nuestra vida diaria. Por un lado, aportan dinamismo a nuestro cuerpo y nos permiten realizar las actividades físicas que practicamos en nuestro día a día y por otro, es el pilar sobre el que se sostiene todo el peso de nuestro cuerpo. Además, son los principales responsables de que tengamos estabilidad y equilibrio.

Los pies se consideran los grandes olvidados de nuestro cuerpo porque tendemos a desatenderlos. Sin embargo, es recomendable seguir una vigilancia de los pies desde edades tempranas, para poder prevenir futuros achaques, sobre todo, en las articulaciones, ya que son la zona del cuerpo que más se resiente según pasan los años. Las principales partes del cuerpo que más afectadas se muestran ante una carencia de cuidados en los pies, según van pasando los años son las rodillas, las caderas y la zona lumbar. De hecho, las diferentes anomalías en estas zonas pueden manifestarse antes de lo que pensamos.

De este modo, para evitar el desarrollo de afecciones a lo largo de nuestra vida, como ya hemos mencionado en ocasiones anteriores desde Copoma, queremos hablaros de una serie de recomendaciones que es conveniente poner en práctica desde edades tempranas para prevenir los riesgos que provoca el mal cuidado de los pies.

Desde pequeños debemos adquirir buenos hábitos y ser conscientes de la importancia que supone una visita, mínimo, con periodicidad anual al profesional de la podología. Pues, esto, junto con una rutina de cuidados básicos, tales como la elección de un calzado adecuado, la hidratación y la ejecución de un buen secado, conforman las principales acciones que van a prevenir posibles problemas en un futuro.

Es cierto, que los problemas podológicos que se dan en nuestra infancia no suelen ser demasiado graves pero es conveniente que sean tratados por profesionales de la podología con carácter inmediato, para que así se solventen con la mayor rapidez posible. De esta manera, cuando los más pequeños alcancen edades adultas estaremos evitando que estas alteraciones puedan desembocar en otras más difíciles de tratar o que terminen por requerir intervención quirúrgica.

No obstante, la propia edad ya aumenta el riesgo de padecer ciertas lesiones y alteraciones en los pies, pero si estamos atentos a los signos de alerta que nos avisan de que algo no va bien, podremos actuar al respecto acudiendo a un especialista para que determine la gravedad del deterioro y sus causas. Es importante mencionar que, nuestros pies van cambiando a lo largo del tiempo, y esto requiere que se incorporen nuevos hábitos en nuestras rutinas de cuidados o que, incluso, tengamos que cambiar de calzado con más frecuencia pues las características que conformaban nuestros pies ya no son las mismas.

Por lo tanto, está claro que una de las principales razones por las que nuestros pies terminan padeciendo alteraciones con el pasar de los años es la falta de atención y de higiene en mencionada parte del cuerpo.

En cambio, también existen diversos motivos por los que aparecen alteraciones en nuestros pies. En primer lugar, la edad, a medida que transcurren los años, las articulaciones se van desgastando y con ellas, algunas de las protecciones que tiene nuestro cuerpo de naturaleza innata como lo es la almohadilla plantar. Por otro lado, la herencia genética es otro de los factores que afectan también al correcto desarrollo de nuestros pies. Ambas requieren de atención podológica.

Artículo elaborado por Juan Carlos Montero Arroyo, Vocal de Publicidad, Comunicación y Redes de COPOMA.

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