Diabetes

Diabetes en niños, lo que debes saber

La utilización de la tecnología ha mejorado considerablemente el tratamiento para los pequeños que sufren esta dolencia.

Cada año se diagnostican 1.000 nuevos niños de 0 a 15 años con diabetes tipo 1 en nuestro país. Un total de entre 10 y 25 menores por cada 100.000, según datos de la Sociedad Española de Endocrinología Pediátrica (SEEP). Dar confianza y autonomía a estos pequeños es fundamental para que vivan una infancia plena y feliz.

Diabetes tipo 1 y tipo 2

Como explica la doctora Raquel Barrio, diabetóloga pediátrica y editora de la revista Diabetes de la Sociedad Española de Diabetes (SED), “la diabetes tipo 1 es la forma más frecuente en la edad pediátrica (cerca del 90 % de los casos)”. Se trata de una enfermedad crónica de origen autoinmune y se caracteriza porque el páncreas no produce suficiente insulina, una hormona necesaria para regular la cantidad de glucosa en la sangre. Esta carencia se debe a la destrucción de las células beta del páncreas, que son las que la producen. No se conocen totalmente las causas, pero se ha demostrado un componente hereditario sobre el que inciden factores ambientales que ponen en marcha el proceso de autoinmunidad. La de tipo 2, más frecuente en adultos, está más ligada a la obesidad y el sedentarismo. En ella, aunque también hay un defecto de función de las células beta, lo predominante inicialmente suele ser la resistencia a la acción de la insulina.

Señales de alarma

Los síntomas suelen aparecer entre dos y seis semanas antes del diagnóstico y dependen de la edad del niño. La crisis sanitaria de la COVID-19 ha provocado que los padres hayan acudido con sus hijos más tarde al centro de salud o a las urgencias pediátricas ante ciertas señales. Los síntomas de la enfermedad pueden aparecer de forma relativamente repentina y comprender lo siguiente:

• Orinar mucho.

• Beber mucho.

• Comer mucho o, en niños pequeños, falta de apetito.

• Orinar por la noche o dejar de controlar los esfínteres cuando ya lo hacían.

• Cansancio.

• Pérdida de peso.

• En casos avanzados, más frecuentes en los niños más pequeños, pueden empezar con respiraciones frecuentes y profundas, olor a acetona, dolor abdominal e incluso llegar al coma hiperglucémico.

Cómo administrar la insulina

El tratamiento de la diabetes tipo 1 se centra en controlar los niveles de azúcar en sangre con insulina y mediante la dieta y el estilo de vida para prevenir complicaciones. Para que el niño reciba la dosis que necesita se puede administrar de dos formas:

En múltiples dosis con plumas de insulina: son parecidas a los bolígrafos y están disponibles en versiones desechables o recargables.

Con bombas de insulina: se trata de un dispositivo del tamaño de un teléfono móvil que se engancha a la cintura del pantalón, de un cinturón especial o se mete en el bolsillo. Un tubo conecta el reservorio de insulina a un catéter que está insertado bajo la piel del abdomen. “El ajuste de la dosis debe realizarlo los padres o los pacientes, cuando tienen edad suficiente, según los datos del nivel de glucosa en el momento de la ingesta, para las dosis antes de las comidas, y según los niveles nocturnos y al levantarse, en las dosis de la noche y entre comidas (es decir en la insulina basal)”, explica la doctora Barrio. Para ello, se necesitan los datos del nivel de glucosa, que en la actualidad se tienen a través de la monitorización continua de glucosa o a demanda, a través del glucómetro Freestyle. Este dispositivo permite medir el nivel de glucosa sin pinchazos. Lleva un sensor del tamaño de un botón, que se cambia cada 15 días y se coloca en el brazo, para actualizar los resultados de glucosa cada minuto y los almacena 8 horas en intervalos de 15 minutos. “Las decisiones sobre cómo administrar la insulina tienen que basarse en una buena educación diabetológica continuada e impartida por el equipo de diabetes a las familias y al paciente (cuando esté en edad de poder asumir la responsabilidad). Hay que tener en cuenta también el ejercicio y el tipo de alimentos que se consumen”, advierte la doctora.

La tecnología, una gran aliada para los niños con diabetes

La monitorización continua y a demanda han cambiado el tratamiento y la vida de las personas con esta patología. En los sistemas de monitorización continua se ven los datos de los niveles de glucosa de forma continua, mientras que en la monitorización a demanda se observan cuando se pasa el receptor o móvil. “La posibilidad de contar con este tipo de monitorización ha supuesto un gran avance en el tratamiento. Antes había que realizar al día en la edad pediátrica unas 10 a 12 glucemias capilares (pinchazos en el dedo para extraer una gota de sangre que luego se colocaba en una tira reactiva y se analizaba mediante un glucómetro). Con la monitorización continua ya no es necesario. Además, estos sistemas cuentan con flechas de tendencia que avisan de la glucemia que se tendrá en 30 minutos basándose en lo que ha ocurrido en los 15 minutos anteriores. Por otro lado, cuentan con alarmas y alertas tanto de hiperglucemia (glucemia alta) como de hipoglucemia (glucemia baja), lo que permite actuar con más celeridad”, explica la experta, que añade que “estos sistemas también han mejorado mucho el sueño de los padres y son de gran ayuda en el medio escolar”.

Gratis para los niños

Los sistemas de monitorización a demanda los cubre la sanidad pública en toda la edad pediátrica (hasta los 18 años) y los sistemas de monitorización continua, ciertas autonomías y para ciertos pacientes (generalmente, para los niños más pequeños o que lleven sistemas integrados con bomba sensor).

La alimentación importa

Llevar una dieta saludable, tipo mediterránea, es fundamental. Las calorías y composición deben ser semejantes a la de cualquier otro niño de su edad y grado de actividad. “En esta enfermedad hay que evitar los azúcares simples y aquellos alimentos con hidratos de carbono que suben muy rápidamente la glucemia. Los pacientes con diabetes tipo 1 tienen que tomar pequeñas cantidades de cereales, pasta y arroz integrales. Los hidratos de carbono aconsejados son los complejos, tipo legumbres, verduras y frutas. Es importante un aporte adecuado de fibra”, señala la experta. Por otro lado, los niños deben tomar grasas sanas, es decir, mono y poliinsaturadas: aceite de oliva extra virgen, la grasa de pescado y de los frutos secos y aguacates. Por el contario, tienen que restringir la saturada de las carnes rojas y la mantequilla. “Lo importante es ajustar la dosis de insulina a la cantidad de alimento y al tipo del mismo para conseguir los objetivos glucémicos estipulados por las sociedades internacionales de diabetes para conseguir mantener un buen control y evitar tanto las complicaciones agudas como las crónicas”, explica la doctora

¿Qué ejercicio físico es mejor?

La actividad física es una parte muy importante del tratamiento para niños con diabetes. No solo por los beneficios que puede tener en la propia enfermedad, sino también sobre muchos aspectos de la salud en general: tensión arterial, metabolismo, huesos y bienestar emocional. El ejercicio que recomiendan los expertos de la Sociedad Americana de Diabetes en el año 2020 para la edad pediátrica es una mezcla de aeróbico y anaeróbico con una duración de 60 minutos al día. “El mantenimiento de la glucemia a veces es complejo durante y después del ejercicio, por lo que se debe educar en este aspecto a los pacientes, familias y entrenadores. Sabemos que el ejercicio aeróbico, como montar en bicicleta, nadar o correr, consume glucosa mientras se realiza y, por tanto, incrementa el riesgo de hipoglucemia. Por el contrario, el ejercicio anaeróbico, como pesas, judo o lucha, aumenta la glucemia mientras se realiza, aunque ambos después aumentan la sensibilidad a la insulina. Por ello, los cambios de dosis de insulina previas al ejercicio y la ingesta de hidratos de carbono será diferente según la actividad física que realice el niño. Lo que se aconseja es combinar ejercicio aeróbico y anaeróbico”, comenta la doctora Barrio.

Cuidar su bienestar emocional

Los niños pueden tener sentimientos de miedo o de vergüenza (“No quiero que pite en medio de la clase”) cuando comienzan a tratar su enfermedad en la preadolescencia o adolescencia. Estos consejos pueden ayudarle a llevar mejor la enfermedad:

- Abrirse a la gente en quien confía. Si está triste, enfadado, avergonzado o preocupado debes animarle a que te lo cuente a ti o a su médico. Intenta que ponga nombre a sus emociones. Muchas veces, el simple hecho de desahogarse puede aliviarle.

- Pedir más apoyo si lo necesita. Si lo está pasando muy mal o crees que podría estar deprimido, habla con él. A veces, los niños con diabetes pueden necesitar la ayuda de un psicólogo.

- Cuidar de sí mismo. Si sigue unos hábitos saludables y la controla, lo más probable es que se encuentre mal menos a menudo que antes, que necesite ponerse menos inyecciones extra de insulina, hacerse menos mediciones de azúcar en sangre y que pueda practicar las mismas actividades que el resto de los niños.

- Informar a los profesores sobre trastorno. Explicarles tú o tu hijo que padece diabetes puede facilitarte un poco las cosas en la escuela. Por ejemplo, podéis decirle cuándo necesitas medir su concentración de azúcar en sangre o tomarse un tentempié. Al saber de la enfermedad, podrá estar pendiente de los síntomas, de posibles problemas relacionados con la diabetes y pedir ayuda médica en caso necesario.

- Evitar ponerle las menores alertas y alarmas posibles para que no se estrese o suene en un momento conflictivo para el niño. Los sistemas de monitorización continua y a demanda pueden tener varios seguidores (padres, abuelos, profesores…) y las alarmas y alertas puedes llevarla tú en lugar de tu hijo y tener contacto con él por whatsapp. - Invitarle a que participe en grupos de adolescentes que trabajan conjuntamente en muchas unidades de diabetes, en las asociaciones de pacientes y en ciertos campamentos. Asimismo, las redes sociales serán un importante apoyo para él.

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